Fuera de la tumba, revisión de Danaerys

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Fonseca miró largamente el campo santo, como un campesino miraría la tierra sembrada por sus manos.   Ciertamente él había “sembrado” aquel cementerio, era el sepulturero.
La tarde llegaba a su fin. El cielo estaba de color plomizo, y un viento frío lo obligó asujetar su sombrero, para que no saliera volando.  La ráfaga pasó silbando entre las lápidas, y en ese momento el viejo Fonseca creyó oír algo.
Giró buscando el origen del ruido, bajó la mirada hacia una tumba reciente, venía de allí.
¡Por todos los cielos! – exclamó – ¡Hay alguien vivo!
Ya tenía la pala entre sus manos. Cavó con frenesí hasta golpear las maderas del ataúd. Hizo palanca con la pala y la tapa se abrió con un largo rechinido.  En ese momento ya era casi de noche, y en la oscuridad de la fosa, un cuerpo se irguió en el ataúd hasta quedar sentado, a la vez que emitía un grito espeluznante.
Si bien el viejo esperaba encontrar alguien vivo, no esperaba aquella reacción, por lo que se asustó bastante. Después de reponerse del susto,  se inclinó y distinguió que era una mujer.  La mujer dejó de gritar y miró el ataúd en que estaba, los lados de la fosa, y por ultimo clavó su mirada en el sepulturero.

– ¡Hambre! – dijo la mujer tras balbucear algo incomprensible.
– ¡Ah! Tiene hambre, es lógico, después de estar enterrada… – En ese momento Fonseca se acordó que había cavado aquella fosa una semana atrás.

Le pareció raro que se mantuviera viva tantos días, pero quién era él para dudar de un milagro.    La ayudó a salir y la llevó a su hogar, situado allí mismo, en el cementerio. La mujer seguía repitiendo que tenía hambre, aunque cada vez se le entendía menos.
Una vez adentro el viejo encendió unas velas. Al iluminarse la habitación, el viejo notó lo mal que se veía la mujer. De no ser porque estaba parada frente a él, podría jurar que estaba muerta, y ya se estaba descomponiendo. Tenía el cabello todo revuelto y la mirada inyectada en sangre.
Arrimó una silla y se la ofreció:
– Tome asiento – le dijo -. Voy a encender la chimenea, después voy a ir al pueblo a buscar al Doctor – Fonseca buscó dentro de un mueble -. Por aquí tengo pan y queso. Los tengo que guardar bien por las malditas ratas ¡Oh! Disculpe mi lenguaje.  Aquí está, ahí tiene, coma todo si quiere.
La mujer se inclinó a olfatear el queso y se apartó con asco.
– No le gusta… bueno, traeré algo más de la casa del Doctor, ahora lo importante es que esté caliente;  hace un condenado frío ¡Oh! Discúlpeme de nuevo. 
Encendió la chimenea. Las llamas iluminaron más la habitación.  La mujer, con la mirada perdida, articulaba unos sonidos incomprensibles. Fonseca la observó nuevamente, tenía que ser un milagro.  – Enseguida vuelvo – le dijo, y partió en busca del Doctor.
El camino que llegaba al pueblo estaba oscuro. El viejo levantó la vista, no se veía ni una estrella, estaba nublado.  Se reprochó el no haber llevado el farol, pero siguió igual, el pueblo no estaba muy lejos.
Ya en el pueblo buscó la casa del Doctor.  Estaba en la calle principal, la única iluminada con faroles de aceite, y por ella paseaban algunas parejas. Los hombres vestían trajes y sus sombreros eran exageradamente altos, mas estaban a la moda, las mujeres
llevaban  largos y amplios vestidos acampanados debido a las enaguas.
Llegó a la propiedad del médico. Atravesó un jardín ensombrecido y tocó la puerta. Escuchó los pasos de alguien y unas voces. Al abrirse la puerta alguien le puso un
farol ante la cara.
– ¿Qué quiere? – le preguntó una voz grave y algo ronca.
– ¡Buenas noches! Soy Fonseca, el sepulturero. Quiero hablar con el Doctor.  Desde adentro se escuchó una voz:
– ¿Quién es Williams?
– Es Fonseca, el sepulturero, quiere hablar con usted – le contestó el hombre del farol.
– Dile que pase. – Williams hizo un gesto invitándole a pasar.

El doctor estaba frente a la chimenea, tenía un libro en sus manos. Era un hombre ancho de largas patillas y algo calvo. Un candelabro araña iluminaba desde lo alto de la habitación.

– Acérquese hombre, ¿qué quería decirme?
– Pues verá usted Doctor, en el cementerio revivió una muerta, está en mi casa.

El médico lo miró algo incrédulo, dejó el libro sobre su pierna y se sacó los lentes.

– Que yo sepa hoy no hubo ningún velorio ¿Estoy en lo cierto?
– Así es Doctor – afirmó Fonseca.
– Entonces está hablando de un cadáver que ya fue enterrado.
– Sí señor.
– Fonseca, cuando un cuerpo comienza a corromperse, se pueden producir ciertos movimientos o sonidos, pero ello no implica que esté vivo.
– Pues este sí está, porque anda caminando, y hasta habló.

El médico quedó sorprendido, se levantó y le ordenó a Williams:

– Engancha el caballo en el carruaje, ¡de prisa Williams! Hay una vida en peligro.

En la parte delantera del carruaje Fonseca sostenía un farol, el doctor manejaba las riendas. El carruaje se abrió paso entre las tinieblas de la noche y paró frente a la entrada del cementerio.  La leña de la chimenea se había consumido, al igual que una de las velas. Fonseca paseó el farol
por la habitación  – ¿En dónde está? ¡Ah! Ahí esta Doctor, en el rincón.
La mujer estaba  arrodillada, con la espalda encorvada, de frente a la pared.
– ¡Señora! Soy el Doctor Mercury ¡Señora! – Cuando la mujer se volvió hacia él,  retrocedió
espantado.  La mujer estaba comiendo una rata, tenía la boca ensangrentada, y la mitad del animal que aún asomaba, agitaba las patas frenéticamente.
Los dos quedaron mudos, se miraban entre si, para después volver a observarla estupefactos.
Mercury pensó que estaría trastornada, el entierro la habría enloquecido, pero aún así era una paciente.

– Fonseca, traiga un paño para limpiarle la cara. Después agregue más leña a la chimenea.
– Me dijo que tenía hambre, pero no quiso lo que le ofrecí, no creí que tuviera tanta…
– Sí, ahora traiga el paño… y agregue leña.  Siéntese aquí señora, eso es, tranquila.

Comenzó tomándole el pulso. Arrimó el farol y lo intentó de nuevo; no se lo encontraba. Intentó con el otro brazo, nada. Palpó el cuello, le puso un espejo frente a la boca. El doctor llamó a Fonseca con un gesto de la mano,  y retirados de la mujer hablaron:

– ¿Cómo está?
– Está muerta. Estoy seguro de ello.
– Entonces…¿Es un fantasma?
-¡Claro que no hombre! Es de carne y hueso. He leído sobre vampiros, seres de ultratumba.
– ¡Dios mío! ¿Usted cree que es un vampiro? – preguntó Fonseca, y se santiguó.
– No sé, no soy experto en esas cosas, pero como médico le aseguro que esa mujer está muerta.
– ¿Y qué hacemos?
– Primero vamos a atarla a la silla. Mientras la examinaba vi como se relamía. Yo la distraigo y usted la ata por detrás, después veremos.

Se acercó con cautela y tomó el farol. Balanceándolo de un lado al otro distrajo a la muerta, que con la boca abierta seguía los movimientos de la luz mientras gemía.
Fonseca la enlazó a la silla, la muerta quedó con los brazos contra el cuerpo. Cuando la amarraron bien, el doctor pasó a realizarle otros exámenes. Le hizo varios cortes. No demostraba dolor ni sangraba.

– ¡Increíble! A pesar de estar muerta aún se mueve. Usted me dijo que le habló.
– Así es doctor.
– Pues ahora no demuestra esa capacidad, que curioso. Tal vez se va deteriorando.
El doctor Mercury puso el semblante serio.
– Bien, ahora sólo queda terminar con esta aberración de la naturaleza. Tráigame un serrucho
Fonseca.
– ¿La va a matar? ¿Usted cree que deberíamos….? 
– ¡Fonseca! Sea sensato, ¿Qué otra cosa podemos hacer? ¿Entregar este monstruo a su familia,
y que los devore como a esa rata?
– Tiene usted razón. Voy por el serruchó. – Al volver preguntó: – ¿Cómo lo vamos a hacer?
– Lo haré yo, le voy a cortar la cabeza. – dicho esto procedió a hacerlo.Atada en la silla, la muerta se resistía sacudiendo la cabeza.

– ¡Tómela de los pelos Fonseca! ¡Agárrela fuerte! Ya casi termino.
El cuerpo quedó quieto, mas la cabeza abría y cerraba la boca, y giraba los ojos.
– ¡Por Dios! – exclamó el sepulturero, santiguándose nuevamente.
– Tal parece que hay que destruir el cerebro. – observó Mercury – Arrojémosla al fuego.

En las llamas, la cabeza seguía moviendo la boca, pero tras arder un rato se convierto en una masa calcinada, y se incendió completamente. 
Estaban tan concentrados en las llamas, que no escucharon los ruidos que venían desde afuera.
Toda una multitud se acercaba a la casa, atraídos por la luz que escapaba por la ventana.
Los dos seguían mirando el fuego de la chimenea cuando golpearon la puerta y la ventana.
Fonseca y Mercury se miraron horrorizados, afuera estaba lleno de muertos, y todos
comenzaron a gritar: – ¡Hambre! ¡Hambre!

La luz

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Se despertó con el sonido de un golpe seco contra la madera. Podía haber sonado en su cabecero, en la cómoda, en la puerta o en el armario. El corazón le latía deprisa cuando encendió el flexo que dormitaba sobre la mesita de noche, una de metal recién comprada en una afamada tienda sueca. De ahí seguro que no provenía el sonido.
Escuchó un silencio sólo roto por su agitada respiración. Nada. Ni en su casa ni en la de los vecinos. Todo el mundo parecía dormir a las 3 de la mañana.
– Lo soňaría, pensó. 
Apagó la luz de la mesita y se acostó de nuevo.
Ahora la única luz que se veía provenía de un lugar donde no existía bombilla. Dentro de su armario.

El club de las dos lunas: Luces, cámara… maldición!

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Hoy hemos hecho un repaso por las películas malditas del cine espaňol y hollywoodiense, sin olvidarnos  del teatro, la zarzuela y el cine mudo.

Rematamos la faena hablando de Carl Sagan porque hemos descubierto que somos polvo de estrellas, sí, pero también átomos de magma, océanos, dinosaurios y …comida.

Recomendación para las mayores:
La campana del infierno (Claudio Guerin). Rara,rara,rara… una peli de culto que no os dejará indiferentes. Recordad que no es el montaje del director, fallecido en Noia mientras rodaba, sino un remedo hecho a posteriori con mucho estilo pero que en su momento no fue entendido. Hoy, fuera de nuestras fronteras, es una peli de culto. 

Recomendaciones para todas:
El Crepúsculo de los Dioses. Una tragedia del director Billy Wilder,donde se nos narra la decadencia de los actores de las películas mudas y del cine en general; de esas estrellas de usar y tirar que crea el celuloide.

Deberes para todas:
Visionado del Cuervo!! Esta película es imprescindible. Es una joya gótica de la que además os encantará la banda sonora.
Lectura de “La semilla del diablo” (Ira Levin). Esta novela os hará pasar miedo… mucho miedo. Claustofóbica. Demoníaca. Un terror inolvidable.

Espero que hayáis disfrutado de la sesión. Gracias a todas por haber participado en esta improvisada “fiesta del pijama” para chicas. 

De amores y vampiros: Carmilla, de Sheridan le Fanu

Carmilla. Sheridan Le Fanu.

Carmilla

Antes de que Bram Stocker hubiese aterrado a los londinenses con su inmortal Dracula, Sheridan le Fanu ya se había aventurado por las tenebrosas sendas de los temidos chupasangres retratándonos la historia de la poderosa Carmilla.

Le Fanu recrea a su hermosa vampira no como un mal sobrenatural, sino como un producto poco conocido de la naturaleza, una habitante de las regiones ignotas que se encuentran entre la vida y la muerte. Esta novela corta está narrada desde el recuerdo y la boca de Laura, la coprotagonista,  así que ya interpretamos que ha sobrevivido a la hermosa rapaz Carmilla, mujer débil y lánguida, pero que con sus encantos hipnóticos y embriagadores resulta ser  una araña hermosa que adormece y paraliza a su presa. 

 La misteriosa Carmilla se hace con el fervor de Laura susurrándole frases tan dulces como… “Eres mía, tú y yo seremos una para siempre” , “yo vivo en tí y tú morirás por mí, así te quiero”. Laura se derrite en amistad y ¿fraternidad? Aquí me topo con la única pega que le pongo a esta fascinante novela.  ¿Son estos los juegos con los que el gato celebra el festín del ratón , o es el anhelo de  humanidad por parte de Carmilla, que desea trascender su naturaleza animal?  Por desgracia este relato se resuelve con una muerte, de acuerdo con los parámetros establecidos en la literatura de fantasmas victoriana, en lugar de concluír  la relación que se establece entre Laura y Carmilla. Quizá podamos imaginar que existe por parte de Laura una incapacidad por  confesar sus verdaderos sentimiento por Carmilla, o tal vez por la aversión que  existía , en la época en que germinó esta novela, por escribir acerca de la sexualidad de una forma más explícita. Otra opción es que el autor quisiera concluír esta historia dotándola de una segunda parte, pero lamentablemente Sheridan Le Fanú falleció poco después de que Carmilla fuese publicada.

En cualquier caso la señorita Von Karnstein ( Millarca, Mircalla) siempre estará en mi corazón así como en la sangre de  Laura ;  por mucho que se renueve ,por mucho que pasen los años, siempre le quedará la esencia de CARMILLA.

It – Stephen King

It

Imagínate un ser terrible, despiadado, que se alimenta de la gente y sus miedos. Una criatura que representa todo eso que temes, todo eso que odias, todo eso que te llena de terror al grado de perder la cordura. Esa criatura existe y está en Derry. Cuida de tus niños y jóvenes, que son sus presas preferidas. Ve con cuidado y no mires debajo de los puentes… no hagas caso del payaso, de sus globos llamativos y botones naranjas. No voltees cuando te llame porque cada vez estará más cerca, no mires sus pies pues verás que flota. No te dejes atrapar por el pánico, solo corre, lejos, corre, porque una vez te alcance no habrá escapatoria…

Él es una criatura ancestral, de poder lejano a todo lo conocido. Ha estado aquí desde antes del principio, antes de las ciudades, antes de la historia conocida, del hombre y sus temores. El es “Eso”, y al ser “Eso” tomará la forma de aquello que más temes, te aterrará, te atrapará y tomará por alimento.

Será el destino quien ponga a un grupo de niños en su camino, “Los Perdedores”, liderados por Bill el tartamudo, quienes en dos instancias, de niños y adultos, se tendrán que enfrentar a un poder inmensamente mayor que ellos, al peor enemigo del ser humano, la representación del más profundo de sus miedos.

 

El miedo (reflexión de Terrorífica Arancha)

Cuando definimos miedo pensamos en cosas teneblosas que nos asusten, aunque  no nos damos cuenta que todos los dias pasamos la tira de miedos que superamos fácilmente, tan fácilmente que puede que ni nos demos cuenta.

Puede ser algo tan sencillo como cuando te preguntan algo en clase y no estabas atento, cuando esta mañana casi te atropella un coche por cruzar en rojo o simplemente cuando álguien te quiere dar un susto. Sí  que prácticament pasamos 5 miedos por día,  pero hay cosas que dan tanto miedo que ya no es miedo ; es pavor, es terror.

Hay  gente que es tan poco valiente que no se atreve  pasar miedo;  hay  otra a la que le gustan los fantasmas, vampiros… esos son los miedos que pocas personas de verdad se atreven a hacerle frente: yo soy una de ellas ,al igual que todos los que comentamos aquí y sinceramente, un gran susto de una película de miedo no lo cambiaría por nada. 

Un tembror, un escalofrío o que se te pongan los pelos de punta…  eso es una cosa que aunque parezca mentira me encanta  porque es más que eso ; es la idea de la curiosidad del misterio, del susto que no te deja dormir, de este sentimiento al que os invitamos a que lo disfrutéis.

En serio,  es maravilloso…

MIedo

La leyenda de ‘Valle dormido’, por Terrorífica Arancha

Había vez un valle, seguramente seria el más aburrido del mundo.Las personas que vivían en el valle eran todas muy extrañas; a la mayoría les parecía escuchar voces y ver cosas.Se suponía que ‘Valle dormido’ estaba encantado. El fantasma que más merodeaba por el valle era un figura siniestra,un caballo con su jinete, pero a este le faltaba la cabeza. A la gente le encantaba hablar de esa aparición: la llamaban el ‘jinete sin cabeza’.

A Ismael le encantaban las historias terroríficas,por eso el Valle dormido era su lugar favorito del mundo entero,o de lo poco que de él conocía. Lo único que  le gustaba  a Ismael más que una leyenda de miedo era la joven Katrina,famosa en todo el Valle por su belleza.

El único que se interponía entre Katrina e Ismael era Bloom, un joven musculoso al que las mujeres le adoraban y los hombres admiraban. Aunque Katrina tenía una gran inclinación hacia Bloom,  Ismael no se rendía. Un buen día los padres de Katrina organizaron una fiesta e Ismael supo que era su oportunidad para enamorar a la muchacha.

Ismael se puso sus mejores galas y galopó en su caballo como un caballero en busca de aventuras.

No se alegró al ver a Bloom en una esquina. Bloom había acudido con su caballo favorito, ‘Temerario’,era negro y daba bastante miedo, la viva estampa de su dueño.   

Ismael se las ingenió para encandilar a Katrina. Tanto,que al terminar ls fiesta ya se habían ennoviado,algo que enojò muchísimo a Bloom.

 Cuando Ismael se retiró la noche estaba avanzada y oscura. Escuchó unos pasos y sobresaltado, preguntó : ¿quién va? Nadie le contestó. Se dio la vuelta y vió una figura sin cabeza con una calabaza en la mano, una calabaza que al instante estaba volando hacia él.

Al dí siguiente encontraron el caballo de Ismael con una calabaza destrozada al lado. Nadie volvió a ver a Ismael.

Año y medio despúes de lo sucedido, Bloom se casó con Katrina.

Y aún ahora cuando se cuenta la historia de Ismael a Bloom se le pone una discreta sonrisa en la cara.
¿Sería él quien mató a Ismael, o de verdad Ismael vió al jinete sin cabeza?

Slenderman (leyenda urbana)

Slenderman

No tiene rostro, es delgado, muy alto y viste de negro. Puede aumentar su tamaño, alargar sus brazos y piernas o sacar tentáculos de la espalda. Acecha a sus víctimas por largos períodos, invisibilizándose a voluntad para pasar inadvertido. Suele inducir trastornos mentales y no se sabe cómo mueren sus víctimas: simplemente desaparecen sin dejar ningún rastro…

Todo comenzó con una fotografía de la década de los ochenta, rescatada entre los escombros de un incendio ocurrido en una biblioteca de la ciudad de Stirling, en California, Estados Unidos. En dicha fotografía se podía ver a un grupo de catorce niños jugando en un parque de la localidad; pero, al fondo y en actitud de silencioso observador desapercibido, yacía una inquietante y negra figura masculina: alta (más de dos metros), sin rostro, con terno negro, con tentáculos, borrosa a causa de la sombra de un árbol.

Lo realmente perturbador de la fotografía era la presencia de niños que jugaban alrededor del extraño, como si no pudiesen verlo pues… ¿a qué niño no le llamaría la atención de un tipo alto, sin cara y con tentáculos? Mas lo peor vino después, ya que los niños desaparecieron sin dejar rastro y también Mary Thomas, la supuesta autora de la fotografía. Jamás se hallaron sus cadáveres…

Slenderman

Después de lo sucedido con aquella fotografía, muchas otras personas comenzaron a enviar sus propios testimonios acerca del extraño y alto humanoide. Surgieron así fotos en que se lo veía en medio de siniestros bosques, de solitarios y nocturnos paisajes urbanos en que la niebla se fundía con la luz de los postes, en medio de otros incendios, o incluso adentro de casas o de construcciones abandonadas. Junto a eso, posteriormente aparecieron teorías que mostraban como el extraño y tentaculoso humanoide nos había acompañado desde siglos atrás, como supuestamente mostraba el mito alemán de The Grossman (reflejado en un famoso grabado del siglo XVI) o el alû, un ser sin rostro, mitad-humano, mitad-demonio, propio de las antiquísimas creencias acadias, sumerias y babilonias

Slenderman: ¿Un tulpa?

Un tulpa es una entidad espiritual creada por el pensamiento. Originalmente nace de las visualizaciones que alguien con una mente psíquicamente muy fuerte (aquellos que tienen abierto el tercer ojo, particularmente) realiza. Generalmente no llega a adquirir voluntad y, pese a ser visible para otras personas (además de su creador), suele terminar desvaneciéndose pues su energía se va consumiendo poco a poco. El problema nace cuando el tulpa es alimentado con la creencia (creen en él) o el miedo, entonces puede cobrar una vitalidad extraordinaria y llegar a ser una entidad dotada de voluntad, que vivirá indefinidamente mientras sigan creyendo en él, más aún si le temen. Se especula así que Slenderman es un tulpa, y que sigue vivo porque aún muchos creen en él y le temen…

Sangrienta navidad

La navidad se acercaba rápidamente a nuestro pequeño pueblo. Todo el mundo estaba atareado, corriendo de aquí para allá, en busca de las mejores ofertas y los mejores regalos.  Las cegadores luces de los porches de las casas iluminaban las calles como pequeñas estrellas .Y casi sin darnos cuenta, llegó la nochebuena.

Invitamos a toda la familia, incluso al tío Ray, el extraño y amargado tío Ray que únicamente se dejaba ver por nuestra casa por navidades. No hablábamos nunca de el, y aún así, seguía viniendo todos los años.

La familia al completo se juntó en nuestra casa, incluyendo obviamente, al viejo tío Ray. Tras un montón de besos manchados de pintalabios, nos sentamos alrededor de la mesa decorada con velas y pequeñas figuritas de angelitos. Los mayores charlaban agradablemente, mientras mi hermanito pequeño bailaba en el salón, gritando: ¡Ya llega Santa Claus!

-Cariño, ¿Qué tal las notas?.

-Bien, bueno..Supongo.- dije encogiendo los hombros.

-¿Qué, ya te has echado un noviete?

Cotillas.

-No- respondí rotundamente.

Y así transcurrió la noche. El tío, ajeno a todo, dormitaba sobre el sillón, junto al fuego.

O eso me parecía, porque cuando me acerqué,  abrió mucho los ojos. Le miré fijamente. Su expresión era de profundo desagrado. Sin saber muy bien lo que hacía, le pregunté:

-Tío, ¿Tú odias la navidad?

-¿Que si odio la navidad..? Que si odio la navidad, dice…-carraspeó siniestramente.

Me miró, y entonces lo ví. Ví ese deje de triste locura en sus ojos negros.

-La mató. ÉL la mató.

-¿Quién?¿Quién..la mató?-pregunté asustada.

-SANTA…CLAUS.

No. El tío estaba..estaba desquiciado. Totalmente. Santa Claus no existió, ni existe, ni existirá. Nunca. Jamás. Eran los padres, los que dejaban los regalos, los que se bebían la leche y se comían las galletas.

-Santa Claus no es real.

Me alejé rápidamente, antes de que respondiera, y me senté con mi familia de nuevo. Intenté apartar la conversación de mi cabeza, sin resultado alguno.

Al final, estaba desesperada, y subí a mi habitación. La verdad es que NO me gustaba nada tener a un loco en la casa. Me tumbé sobre la cama y me quedé muy quieta, hasta dormirme. Soñé con regalos enormes, que al abrirlos, escupían sangre, y en un asesino que me perseguía, con un ridículo disfraz de Santa Claus.

Desperté más o menos sobre las ocho. Lo supe por los débiles rayos que se filtraban por mi ventana. Y entonces lo recordé. ¡Hoy era navidad! Bajé rápidamente al salón donde me esperaba un gran paquete rojo escarlata decorado con una cinta verde, bajo el árbol.

Deshice el lazo en un abrir de ojos, y abrí rápidamente el paquete.

Quise gritar, pero no pude. La voz se había esfumado por la impresión y el horror de la imagen que tenía ante mi.

Las cabezas de mi hermano, mi madre y mi padre estaban en frete mío, con una horrible expresión de miedo en el rostro. Para darle el toque de gracia, les habían dibujado una sangrienta sonrisa sobre la comisura de los labios, y les habían decorado la cabeza con unos rojos gorros de Santa Claus. Y lo peor de todo fue, la nota escrita en sangre que rezaba: ¡FELIZ NAVIDAD! CON MUCHO CARIÑO, DE TU TÍO RAY.

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Criaturas que me asustaron: EL ORIGEN

       Cuando apenas tenía 10 años iba a jugar a los jardines de Méndez Núñez. Allí existía una biblioteca hoy desaparecida, donde antes de echar unas carreras al “polis y cacos” me enclaustraba  alguna que otra horita. Sí, fuera estaban mis amigos jugando al brilé, pero mi plan era mejor: me escabullía en la sección de adultos sin que me viese el bibliotecario y extraía de allí un tesoro que me fascinaba y me aterrorizaba a la par: una exhaustiva e ilustrada guía de seres malvados y monstruosos.

Por las noches lo pasaba realmente mal, temía abrir los ojos y encontrármelos, o quizás de escuchar algún aullido presagiador de sangre y muerte rebotando en los patios de la Divina Pastora. Pero la luz del día me envalentonaba a y la tarde siguiente acudía a la biblioteca donde,  como si de una sirena se tratase, el libro me atraía desde las estanterías prohibidas para que yo me sintiese obligada a revisarlo una y otra vez,  hasta memorizar cada palabra y cada imagen de los seres que me torturaban.

 Por eso quiero compartir con vosotros mis temores más atávicos, para que sufráis de las pesadillas que habéis venido a buscar a este club. Pero también es una forma de invitaros a contarnos cuáles son las criaturas que os hacen temblar en las horas más oscuras. Nunca volví a localizar un libro tan magnífico como aquel, pero sé que entre todos lograremos realizar una horripilante antología.

Así que sólo me resta decir…

¡Bienvenidos al umbral del hogar de todos los monstruos!

Todo empieza por la cabeza, por Terrorífica Arancha

Aquel día estaba en casa y era como cualquier otro , eso creia yo, que equivocada estaba… De repente me empezó a doler la cabeza, a eso de las seis de la tarde. Poco después me entro frío, mucho frío, nunca, nunca había sentido tanto frio. Lo más extraño es que estábamos casi a treinta grados. Supuse que me estaba poniendo enferma, después me mareé, ya estaba claro, estaba enferma, bueno, no exactamente, me parecio ver algo parecido a una sombra, pero fuí a la farmacia a que me recetasen  un medicamento. Al tocarme, la farmacéutica  no se podía creer lo fría que estaba,me dijo que la temperatura de mi cuerpo era parecida a la de un muerto.

Al llegar a casa me quedé dormida. Cuando me desperte había una figura enfrente de mí. Era pálida. De repente, esa figura desapareció.

Después la volví a ver a lo lejos. Se acercaba a mí. Corrí y corrí. Estaba agotada, eso no se cansaba. Me escondí en un aramario. Sentí los pasos, como se acercaba, se fue un momento. Yo no podía salir. Me estaba quedando sin oxígeno. Estaba cansada, me dolía la cabeza, sabía que ese era mi fin.

Escuché como se acercaba, abrió la puerta y…  

FIN