Mi niñera

wardrobe monsters - monstruos en al armario

Mientras mi niñera, Sara, me arropa, las sombras esperan a que me vaya para salir del armario y abalanzarse sobre mí. Al alejarse, pisa los libros y las piezas del puzzle que he dejado en el suelo, y luego cierra la puerta.

Pero esta noche huyo de las sombras. Abro la puerta y, cuando salgo disparado hacia la habitación de Sara, me la encuentro al final del pasillo, susurrándoles (a las sombras) y diciéndoles con una sonrisa que ya pueden pasar a verme, como cada noche.

Angela Johnson. “Miedos de medio minuto”, ed. Hidra.

“La Sombra Negra”. Adaptación.

Era Halloween, y solo queríamos divertirnos un rato. Entre risas y bromas, subimos a esa alta y siniestra colina en cuya cima se encontraba el cementerio. Íbamos a contar historias de miedo, a asustarnos los unos a los otros, bromeando.

Pero, desde hacía un rato, todos nos sentíamos como si nos observasen, como si alguien o algo nos siguiese. Nos dimos la vuelta, pero no había nadie. En ese mismo instante vimos, tapadas por la hiedra, cinco velas negras, encendidas, colocadas de manera que formaban la estrella del diablo. Parecían llevar ahí siglos, pero, sin embargo, seguían encendidas.

Asustados, nos adentramos en el cementerio, y vimos una sombra, una sombra negra que nos seguía. Desaparecía y volvía, constantemente. Sin poder evitarlo, salimos corriendo de allí, y la sombra, cada vez más nítida, se aproximaba a nosotros. Ya estábamos cerca de la salida cuando vi que mi amiga le costaba seguirnos. Retrocedí paar ayudarle y, ante mi asombro, las cinco velas de antes habían desaparecido, dejando en su lugar brillantes pétalos de rosa, más oscuros que la propia noche. Entonces, un horrible, agudo y turbador chillido. Salí corriendo como alma que lleva el diablo y, a la mañana siguiente, todos volvimos por si Natalia, nuestra amiga, seguía allí.

Cuando pasamos por al lado de donde estaban las cinco velas, vimos algo increíble: esos cinco pétalos negros de rosa que yo había visto anoche ardían, formando una demoníaca estrella de cinco puntas, sin apagarse ni un momento.

En el medio, cubierta por esos espantosos pétalos, había una nota, que decía: ¡Corred, corred! ¡Corred ahora que podéis! ¡La sombra negra hará de vosotros lo que hizo de mí! Estaba firmado, pero la firma la ocultaba una rojísima mancha de sangre.

Han pasado ya muchos años, vivimos todos en lugares diferentes, pero todas las noches nos aparecen en la almohada cinco pétalos negros de rosa, formando una estrella.

Sombras

Sombras, que caminan
Tristes…
Muertas..
Sin vida…
Solas…
Que salen por la noche,
que se esconden en el día.
Que en un ricón lloran, en una esquina.
Tristes…
Muertas…
Sin vida…
Que caminan descalzas, ya sin vida…
Caminan descalzas, sin alegría.
Huecas…Vacías…
Tristes…
Muertas…
La luz de sus corazones,
ya extinguida, no brilla.
Tristes…Tristes…