Los funerales victorianos: costumbres, supersticiones y curiosidades. Parte I.

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Desde mediados hasta finales del S XIX las costumbres imperantes cuando álguien fallecía eran hermosas y sobre todo, para nosotros, que mantenemos  la muerte alejada de nuestros hogares (el tránsito es cosa de hospitales y de la pantalla de la televisión),pintorescas. Si bien la mayor parte de ellas proceden de Inglaterra, el contagio cultural era tan frecuente como ahora, así que podemos reconocer algunos de estos usos en las anécdotas que nos cuentan los abuelos:

– Las cortinas se corrían totalmente y los relojes se paraban exactamente a la hora del deceso. Los espejos se cubrían con velos o sábanas para que prevenir que el espíritu del fallecido se quedase atrapado deceased’s spirit en el cristal. 
– En las puertas se colgaban coronas de laurel o tejo de las que colgaban lazos negros. Así se alertaba a los vecinos y transeúntes de que acababa de fallecer un ser querido en ese domicilio.

– El cuerpo se vigilaba minuto a minuto hasta el entierro, siguiendo la tradición del velatorio. Esta vigilia servía, además de para despedirse y mostrar respeto, para salvaguardar de un enterramiento prematuro a álguien que no estuviese muerto, sino catalépsico o en coma.
La mayoría de los velatorios se extendían durante 3 ó 4 días. El uso de flores y velas ayudaba a enmascarar los olores inoportunos y desagradables que pudiesen emanar del cadáver.

– En el Siglo XIX, europeos y norteamericanos tenían otra curiosa tradición: sacaban al difunto de la casa con los pies por delante, para prevenir que el espíritu del finado mirase hacia el interior del hogar e invitase a otro miembro de la familia a acompaňarlo en el tránsito.
Del mismo modo, se ponían boca abajo las fotografías de la habitación donde se velaba el difunto, para prevenir que los familiares y amigos del fallecido fuesen poseídos por el espíritu del muerto… o de la propia Muerte.

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Retrato postmortem de Camille Mount

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Esta luctuosa pintura pertenece a la colección del Museo de Arte Americano de Long Island.  Representa a la difunta Camille Mount, la pequeña nieta del artista Shepard Mount. La niña falleció  en 1868 a una edad muy temprana.

Observamos que Camille aparece rodeada de nubes: el artista quiso indicar que la pequeña ya está en el cielo. También podemos contemplar un reloj de bolsillo: significa que el tiempo se ha agotado para esta pequeña criatura.

El reloj es un símbolo que podemos encontrar en muchas lápidas de los SXIX y principios del XX.  Expresa la fugacidad del tiempo, que para esa persona que yace más allá  de la tumba ya se ha terminado.  Habitualmente está grabado como un reloj de arena que en ocasiones aparece jalonado con sendas alas: literalmente expresa que “el tiempo vuela” e incita a la persona que está contemplando la tumba que viva porque la muerte siempre nos está siguiendo. Lo mismo significan los buhos en las tumbas: advierte que estemos vigilantes pues la muerte siempre está al acecho.

Volviendo al retrato,  Shepard Mount, lo acompañó con una carta que envió a uno de sus hijos, de la cual os trasladamos este retazo: 

“…Quiero contaros que Joshua y Edna… ellos han perdido a su pequeña Camille- ella ha muerto, la dulce y hermosa niña ha muerto. Falleció por los efectos de la dentición. Sucedió cuando yo estaba en Glen Cove y durante dos o tres días antes de que ella falleciese yo estuve dibujando varios retratos de la pequeña, y cuando la enterramos comencé su retrato. En 7 días finalicé uno de los mejores retratos de un niño que haya pintado jamás…”


Fuente del retrato y de la carta: The Thanatos Archive 

Joven británica recibe mensajes de su difunta abuela

Una joveimagen británica ha recibido varios mensajes de texto del número telefónico de su difunta abuela, que fue enterrada con su teléfono móvil,según  informa ‘The Daily Mirror’.

Según la información disponible, a Lesley Emerson le gustaba enviar mensajes de texto a sus familiares, por lo que estos tras su muerte decidieron dejar su teléfono dentro del ataúd por ser algo tan significativo para ella.
Además,la operadora telefónica había asegurado a los parientes de Lesley que  el número de la difunta anciana no  volvería a usarse más.

No obstante, tras la muerte de la abuela, sus familiares continuaban enviándole mensajes como una forma de aliviar las penas y de sentirla más cercana hasta que un día a su nieta Sheri empezaron a llegarle respuestas a sus mensajes. “Estoy velando por vosotros, todo está bien, seguid adelante”, decía un mensaje.

Y hasta aquí el misterio paranormal que tanta ilusión puede hacer a soňadores como nosotros, miembros del “Club de las dos Lunas”: resultó que la operadora, tres años después de la muerte de Lesley, entregó su antiguo número de teléfono a otro cliente, y este decidió responder a los mensajes pensando que se trataba de una broma de sus amigos.

 

Los Siete Pecados Capitales – La ira –

¡Siento haber tardado tanto, pero los exámenes me traían loca…! Y, ahora que por fin se ha acabado podré dedicarme a escribir sin miramientos. 

Entre otras cosas, el último capítulo de Los Siete Pecados Capitales, que ahí os va, ¡disfrutad!

Lo sostengo entre mis brazos.

Está frío, la nieve comienza a cubrirlo… el revólver tampoco está caliente ya, pero aún huele a pólvora.

– <<Está muerto. Muerto. Lo he matado…>> -No recuerdo nada más. Simplemente el hecho de haber agarrado el arma y apuntarle antes de apretar el gatillo contra él.

¿Sabéis? Yo le quería. De verdad

Pero no pude evitarlo, él era un juez de prestigio y yo una fugitiva sin ley. Tardaste en darte cuenta, pero la amenaza de entregarme no me gustó. No me lo puedo permitir, no , no. Nunca.

Aún recuerdo cuando nos conocimos bajo este mismo cerezo, en este mirador… Era año nuevo, y un año pasamos juntos, volviendo aquí mil y una veces. Y aquí mismo te he matado. Ya no hay luz, sólo nieve cayendo sobre nosotros; sobre tu cuerpo inerte en el suelo, sobre el revólver.

Agarro éste mismo sin dejar de mirar tu cuerpo sin vida.

– <<No quería, te lo juro que no quería hacerte daño… Yo… >> -Las lágrimas calientan levemente mis mejillas y, en otro impulso, saboreo el frío metal – como la nieve de aquella noche…- la pólvora es amarga a mi paladar, pero, tras aquello, sólo habrá un dulce, dulce cerezo eterno junto a ti.

El limbo de los amantes perdidos, por Danaerys

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Un atardecer Petro y Corel caminaban por el parque de los Abetos Susurrantes. Ambos se amaban pero no se atrevían a confesar su amor. A lo lejos vieron una casa abandonada en la que nunca habían reparado y Corel le dijo a Petro: “Vamos a entrar a ver que hay”. Petro la acompañó. Cuando entraron… escucharon un ruido en el piso de arriba. Decidieron subir. Ya arriba escucharon de nuevo el ruido en una de las habitaciones del fondo del pasillo. Como Corel era muy valiente le dijo a Petro que entrase con ella, pero Petro dijo que no. Entonces se enzarzaron en una discusión. Como Petro no quería perder a Corel, la acompañó. Cuando entraron… Lo que vieron les dejó horrorizados… Lo que vieron fue… A ELLOS DOS MUERTOS EN EL SUELO!! Se asustaron tanto que salieron corriendo de allí. Habían muerto los dos intentando salvarse de un asesino en serie que habitaba en esa casa y ahora ellos sólo eran unos espíritus que estaban condenados a vagar eternamente en los alrededores de esa casa en ruínas. Corel le confesó a Petro lo que sentía y Petro le respondió le amaba, pero ahora ya no servirá para nada….

Annie o la anònima niňa del Sena

A finales de la dècada de 1880 se recuperò el cuerpo de una chiquilla que flotaba en la superficie del Sena. Como su cuerpo no mostraba ninguna seňal de violencia se diagnosticó que se habìa suicidado.  La muchacha era tan hermosa que un patòlogo parisino, prendado ademàs de su bella y misteriosa sonrisa, solicitò que se le hiciera una màscara mortuoria de su rostro.  En esa atmòsfera decimonònica de romanticismo, el rostro de la chica anònima se convirtiò en el canon de la belleza femenina.
En 1958 se utilizò esta màscara como modelo del maniquì de primeros auxilios “Annie” , sobre el que miles de estudiantes han practicado RCP.
Nunca sabremos quièn fuè esta dulce niňa ni què la llevò a tomar esa decisiòn tan dràstica, pero sus labios son los màs besados de la historia.

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