Aisha Kandisha

Aisha Kandisha, hija del traidor don Julián, lleva en su sangre el veneno de generaciones de odio y miseria. Si alguna vez se os ocurre, niños, salir de casa después de que se ponga el sol, nunca os acerquéis a ninguna mujer, por hermosa y amable que sea. Y os lo digo yo, como mujer, como anciana, y como viuda.

-¿Por qué, vieja Aaminah? ¿Por qué no se puede?

-¡Abdul! ¿No te he contado esta historia ya unas mil veces? Muy bien, te refrescaré la memoria, pero que sea la última vez.

Por muy hermosa que se presenta la Aisha Kandisha no es otra cosa que una djina; son cientos los hombres que, al verla bañarse en un oasis, un río e incluso cerca de un pozo, no pueden evitar acercarse a ella, y antes de que puedan reaccionar ella vuelve a su forma real, una repulsiva vieja, con la piel corrompida por los siglos, y sus largos cabellos que son en realidad grises y mugrientos mechones que le caen a cada movimiento que hace. Rápidamente, sacaba un largo machete y segaba las cabezas de sus víctimas como si de trigo se tratara. En un suspiro, Aisha ya no estaba, y se veía una rojiza forma esférica flotar en el agua.

Pero claro, ese es el precio que un hombre pagaba por mirar a Aisha Kandisha, torturada por los invasores, traicionada por su propio padre, y una peligrosa djina que venga su propia muerte todas las noches, cerca de un río del Magreb.

Aisha Kandisha

Anuncios

Amuletos I

Antes que nada, tengo que decir que espero que os guste mucho este post, porque aunque solo sea simbólicamente, es muy importante para todos nosotros. Este es nuestro post #150. Y no, no he puesto ningún cero de más: por increíble que parezca, llevamos ya 150 historias, relatos, noticias, recuerdos… y parece que aún fue hace unas cuantas semanas cuando empezamos a escribir aquí.

Los amuletos son algo tan antiguo como la humanidad; siempre hemos tenido algún talismán, piedra o pata de conejo en el que hemos confiado, que de alguna forma nos protege o, simplemente, nos trae buena suerte.

Los amuletos en Galicia. 

Es muy habitual que provengan de animales u otros seres vivos, incluso de una persona querida (desde un mechón de pelo hasta un colgante con dientes de leche) o que estén asociados a lugares en concreto.

  • Cuernos de Vacaloura (Ciervo volante)

Las pinzas de este insecto fueron muy utilizadas (y lo siguen siendo) como amuleto para defenderse contra brujas y otras presencias malignas, además de otorgar fuerza y salud a personas de constitución más bien frágil o enfermiza.

7022480-macro-estrecha-de-los-cuernos-de-ciervo-volante

  • Los cinco “Sanandreses” o Roscas do Santo

“A San Andrés de Teixido vai de morto que non vai de vivo”. ¿Cuántas veces habremos escuchado ese refrán? Pero, cuando se va, no se vuelve con las manos vacías: no existe producto más típico que los cinco Sanandreses: figurillas elaboradas por los artesanos locales. Se dice que el que los tenga consigo, nunca estará desamparado. Pero siendo aún más concretos, estos son los cinco:

La Mano: por el trabajo y el sustento.

La Barca: para los viajes y los negocios.

El Santo: por la salud y la buena convivencia.

                     –El Pensamiento: por los estudios, las pruebas y el buen sentido.

Este último se considera el más útil de los cinco, ya que también es de gran eficacia contra envidias y maleficios.

imagen_id214_tipo3

  • Amuletos del mar

No existe nada más vinculado a los gallegos que el mar.  Desde siempre, ha sido el origen de cientos de leyendas, maldiciones y, por supuesto, amuletos. Aquí algunos de los más populares:

Caballito de mar: allá por el siglo XVII ya era un elemento inseparable de todo jinete; se decía que protegía de las caídas y que daba fuerza y agilidad al caballo y al jinete, además de prevenir contra entidades malvadas, enfermedades, sortilegios y todo tipo de accidentes.

imagen_id205_tipo3

La concha de vieira: símbolo del Camino de Santiago, se dice que trae a su portador la pureza y la sabiduría, además de reforzar el espíritu. Cuentan las leyendas que si empiezas y acabas el Camino con la misma vieira y luego la lanzas a una fuente, tendrás tantos años de suerte como días hayas caminado.

efd25ca55a43bb5d23a411089195148e

Algas: si la marea te trae un alga verde, significa que resolverás tus problemas con éxito. Si te trae un alga roja, siempre que la lleves contigo serás afortunado. Si lo que te trae es un alga marrón (parda) os traerá salud a ti y a tu familia.

5479448251_cd60e7d7f3_b

  • Pirita

En Galicia también ha habido siempre tradición de minería, y a pesar de que hay decenas de rocas y minerales que se dice que traen suerte, la más popular es la pirita. El “oro de los tontos” es también conocido como “la piedra de la casa”, pues se dice que aporta paz y bienestar en el hogar. Muchos menciñeiros la empleaban también contra infinidad de males: gastritis, gases y, de hecho, cualquier problema que tuviese algo que ver con el aparato digestivo en general, además del aparato circulatorio.

pirita_001

De plantas y amuletos.

Desde el mito global del trébol de cuatro hojas hasta plantas medicinales, nunca ha estado de más llevar algunas hojitas de laurel en el bolsillo…

  • El Trébol de Cuatro Hojas

Posiblemente el amuleto más globalizado, símbolo de los irlandeses, e incluso de la buena suerte en general. Pero no surte ningún efecto si es comprado, regalado o no es encontrado accidentalmente, ya que son extremadamente difíciles de encontrar: por cada árbol de cuatro hojas, hay 10.000 tréboles de tres hojas. Según la leyenda irlandesa, cada hoja o foliolo tiene un significado:

  1. La primera es para la esperanza.
  2. La segunda, para la fe.
  3. La tercera es para el amor.
  4. Y por último, la más especial de las cuatro, (obviamente, la cuarta), para la suerte.

Cuenta también la leyenda que si encuentras un trébol con un número de hojas mayor que tres (el récord es uno de 21 foliolos) e impar, te traerá mala suerte si no lo arrojas al río o arroyo más cercano.

trebol+4+hojas

  • La Menta y la Hierbabuena

Estas dos plantas, bastante similares entre ellas, se han utilizado durante siglos en Europa y zonas de América como protector ante los malos espíritus, además de ser muy populares en la Edad Media por sus propiedades curativas. Son muchas las leyendas de jóvenes que se adentran en el bosques repletos de brujas y demonios, y que cuando todo indica que van a perecer bajo alguna fuerza maligna, sacan un puñado de menta o hierbabuena y lo lanzan contra la criatura, que huye abrasada o, simplemente, cae bruscamente al suelo. También los de niños convalecientes que al masticar unas hojas de hierbabuena mejoraban inexplicablemente. Entre otras cosas, se decía que si regalabas un ramillete de hierbabuena en flor a una dama, esta se enamoraría perdidamente de ti. De hecho, aún se cultiva en numerosos pueblos o aldeas, como regalo de bodas o de cumpleaños… o como sabroso medicamento.

hierbabuena

  • La lavanda

Un simple saquito de lavanda en el bolsillo es algo tan mágico como pocas cosas hay en este mundo. Desde tiempos inmemoriales, ancianos menciñeiros o sabias viejecitas han transmitido el potencial de esta planta a nuevas generaciones, e incluso en plena ciudad no son pocas las señoras que no llevan un par de ramitas de lavanda en una bolsita de tela escondida en el fondo del bolso. Amor, salud, felicidad, paz con uno mismo… no son precisamente pocas las propiedades que se le atribuyen a esta planta. Su aroma espanta a las polillas, lo cual, además de ser muy útil, le ganó la cualidad del bien, pues en algunas culturas estos animalillos estaban asociados a las brujas, los maleficios, y el mal en general.

lavanda

-Amuletos del mundo.

No para acabar, porque al fin y al cabo este post es un comienzo de otros tantos que vendrán, de amuletos o talismanes, y porque vendrán otros 150 posts, y quién sabe cuántos más… os dejamos con una selección de algunos de los amuletos más conocidos y globales; además de algún que otro de otras culturas completamente distintas a la nuestra.

  • Herradura

Posiblemente sea, junto al trébol de cuatro hojas, el amuleto más globalizado actualmente. Colocado en la puerta de las casas desde hace siglos (costumbre que aún se practica en la actualidad en muchísimos pueblos de todo el mundo occidental) para atraer la suerte y la prosperidad al hogar. Hay quienes aseguran que es el amuleto más antiguo existente que aún continúa siendo utilizado y gozando de una gran popularidad en muchas zonas del mundo. Las opiniones están bastante divididas: hay lugares -la mayoría- donde esta se coloca hacia arriba, simbolizando la captura de energía del cielo; mientras que en otros se asegura que debe ser colocada boca abajo, pues sino no tiene ningún efecto.
En lo que sí que se coincide es en que, además de traer suerte, hace más positivo y sano a su portador, además de proteger a su familia.

herradura-dcd2f7

  • Pieles de Serpiente y Serpientes en Formol

Quizá aquí las serpientes no tengan una muy buena fama aquí debido a su veneno, pero en muchas zonas de Asia son animales cuanto menos, sagrados. No son pocos los países en los que, en la estancia central de las casas ricas, hay un bote (o varios) con serpientes en formol. Se dice que traen la paz al hogar, así como la armonía entre los miembros de la familia. También son muy apreciadas como amuletos y talismanes en diferentes zonas geográficas las pieles de estos reptiles. En la cultura celta, eran muy empleadas para hacer bolsitas, y llenas de semillas de peonías para espantar a los llamados “vampiros psíquicos“, criaturas con apariencia antropomórfica que, se decía, chupaban la esencia de las personas, debilitándoles incluso hasta la muerte. En numerosas tribus indígenas americanas, se utilizaban las pieles de serpiente (preferiblemente las de serpiente de cascabel, pues esta hace sonar el cascabel cuando va a atacar) para espantar a los malos espíritus y a las personas envidiosas o con malas intenciones además de, por supuesto, proteger a su dueño.

En la cultura clásica, estaban asociadas a la salud y es que, de hecho, no eran pocas las personas que llevaban pulseras o collares de piel de serpiente. Hay leyendas que incluso apuntan a que están relacionadas con la inmortalidad, la vida infinita, en ocasiones representada por un uróboro (serpiente o dragón comiéndose su propia cola), que ha sido interpretado de cientos de formas durante los últimos tres milenios. También los médicos de la Antigua Grecia confiaban plenamente en las propiedades curativas de la serpiente, hasta el punto de que el símbolo de los farmacéuticos es la llamada Copa de Higía, una serpiente enroscada alrededor de una copa; y el símbolo de los médicos es la Vara de Esculapio, una serpiente entrelazada alrededor de una vara larga.

IMG_20130705_125139

Piel de Serpiente

  • Pata de conejo

Otro amuleto popular como el que más desde hace siglos es la pata de conejo. Se dice que, en en el centro de la Europa pre-cristiana comenzaron a difundirse historias de personas que eran mágicamente sanadas de gota, calambres y otros reumatismos al ser frotada sobre la zona afectada una pata de liebre, animal entonces temido al mismo tiempo respetado. La superstición siguió extendiéndose por Europa del Este, llegando incluso a Asia. Conforme pasaba el tiempo, y la magia y hechicería se hacían cada vez más populares, comenzaron a venderse en comercios especializadas patas de estos animales. Pero con la entrada del cristianismo en Europa, esta costumbre se declaró pagana. Con la entrada en masa de los conejos en el Viejo Continente, se reforzó la superstición y, al ser mucho más fácil de conseguir la pata de conejo que la de liebre, poco a poco esta última cayó completamente en el olvido , y la fama de la pata de conejo subió como la espuma, hasta el punto de que en la Edad Media, muchos reyes y nobles pedían patas de conejo para regalarse entre ellos, o simplemente como prevención ante el mal de ojo u otros entes malignos. Se puso muy de moda entre las mujeres de la nobleza maquillarse con una pata de conejo, costumbre aún practicada por actores en distintas partes del mundo. Los conejos siempre han simbolizado entre otras cosas la fertilidad debido a su capacidad de reproducirse a un ritmo vertiginoso, así que también se decía que era muy útil para aumentar la fertilidad . ¿Por qué el pie y no otra parte del cuerpo? Pues muy sencillo: el pie es símbolo de potenciapoder y fuerza en muchas culturas, tanto occidentales como asiáticas. Las leyendas aseguran de que no tiene ningún efecto sobre su poseedor si no se cumplen ciertas características:

  • Para que sea un poderoso talismán (además de dar suerte, protege) y no un simple amuleto, el conejo debe ser matado por un hombre bizco en una noche de luna llena .
  • Debía de ser la pata izquierda trasera, pues se creía que las patas traseras tocaban antes el suelo que las delanteras.
  • Así como la pata debía ser la izquierda, también debía ser llevada en el bolsillo izquierdo.
  • El conejo debe estar completamente sano, caso contrario se le transmitirán los males del conejo a su portador.

Pata de conejo de la época victoriana, con detalles de plata.

¿Y tú? ¿Tienes algún amuleto? Pronto, más posts de amuletos y muchas sorpresas. 150 por lo menos. 🙂

Reflejos de ojos verdes e inocentes, ojos negros y vacíos

-¡Mark! ¡Mark! ¡Mark, te estoy llamando! ¿Acaso no me escuchas?
-Hola, Sandra.
-Srta. Sandra. Y hola. Pero dejemos a un lado los formalismos. Tengo que hablar contigo.
Sandra era una de las personas más inestables que nunca había conocido, así que decidí escucharla.
Mark, he estado escuchando voces. He estado viendo a gente en sueños, a gente que no conozco, pero gente que me conoce. Anoche seguí a una niña preciosa, delicada, inocente y de ojos verdes. Ojos verdes como los que nunca hayas visto, pero de algún modo inquietantes. Me recordaban a los de una lechuza de ojos esmeralda; al igual que ella la muchacha también giraba la cabeza de una forma realmente sorprendente.
-Sandra, oye, lo siento, pero tengo prisa.
Por favor, ¿puedes permitirte escuchar las confesiones de una pobre demente? Yo creo que sí, sobre todo si se trata de una pobre demente que te quiere. Proseguiré: como hechizada por esos ojos, la seguí hasta donde supongo que vivía, o moría… o lo que fuera que hiciese. Y allí vi el horror reflejado, reflejado en cientos de espejos. Aquel lugar no tenía paredes, sino espejos, no había techo, sino imágenes que se hacían invisibles a la vista, pero que de alguna forma se percibían. Y Mark, lloré, y me caí de rodillas, y pedí clemencia. Y no se me escuchó, y lo tenía merecido, por tonta, por imprudente, había acabado en el sitio más espantoso que la mente humana jamás haya podido imaginar; de mis oídos brotaba sangre, y mi alma no podía soportar aquello mucho más. Supliqué que acabaran ya con aquello, en vano. Se me condenó con el peor castigo imaginable: no fue la muerte –ojalá que lo hubiese sido-, sino que se me privó de la esencia, el ánimo, el espíritu, la moralidad e integridad de la que todos los vivos gozan. Mark, ya no sueño, no pienso, solo espero que algún día vuelva a ver a esa niñita de ojos verdes, y que de una vez por todas, termine lo que empezó. Adiós, Mark. Adiós.

Through life and death… the subject.

No sé por qué escribo. Supongo que por aquello de escribir para leerme a mí mismo años después, y arrepentirme de haberlo escrito. Aunque, de todas formas, siempre tendré el consuelo de que nunca nadie habrá leído nada de todos aquellos despropósitos escritos a pluma en unas cuantas libretas descoloridas.

Vivo en un pequeño edificio, o, mejor dicho, en una vivienda rodeada por otras cuatro o cinco que hacía años que nadie habitaba. A pesar del temperamento arisco de los vecinos, siempre reacios a salir a la calle, todos acababan bajando aquellas ruinosas escaleras -sin limpiar desde hará ya unas cuantas décadas- o bien a pie, o bien metidos en un oscuro y maloliente ataúd.

La última en hacerlo fue la Sra. Rhonson, ya se sabe que los peores son los que más tardan en irse. Aquella mujer realmente detestaba esa casa, creo que incluso más que yo. Odiaba aquella vivienda y todo lo que tuviese que ver con ella, especialmente a los vecinos; apenas los conocía, pero, sin embargo, no los soportaba. Por suerte, el… sujeto, por así llamarlo, hace un par de semanas se la llevó para no volver; nadie sabe muy bien si al sótano o al ático, pero lo importante es que se la llevó. Así quedó ya él como únic0 habitante de esa edificación maldita, que antaño tan habitada había estado. Yo, la verdad, creo que es mejor así, que, lo queramos o no, las cosas cambian, y nosotros con ellas. Y si llevas más de siete décadas siendo igual de desagradable con todo el vecindario, pues, tarde o temprano, el irse al otro lado va a acabar llegando.

Él -sujeto al que durante tantos años evité referirme- llevaba allí más tiempo que todos nosotros, más tiempo que la casa, que el suelo y que el cielo. Pero ahora puedo hablar abiertamente sobre él, sobre su historia, y sobre todos los que fuimos sus vecinos. Todos los que nos mudamos allí sabíamos que esa no era una vivienda normal y corriente, pero todos teníamos nuestros motivos: la falta de recursos económicos, las ganas de alejarse del mundo o, simplemente, la curiosidad.

Los primeros en irse yo no los llegué a conocer, salvo por una breve y casi oculta noticia en un periódico local: “otras tres desapariciones en el 13713 del Condado de Blackraven”, y poco más añadían, sabiendo el riesgo que estaban corriendo. Y es que la mayoría de la gente de la zona sabía de sobra que no habían desaparecido, que, de hecho, se habían encontrado restos de sus cuerpos en las colinas que lo rodeaban. Al poco de llegar yo a la casa, posada o como queráis llamarla, se fueron una amable -cualidad extraña entre los vecinos- señora y su gato, de un tono grisáceo tirando a negro. Lo peor es que yo sabía por qué, por mi culpa. Tras insistir bastante, al ver yo que la viejecita tenía ganas de desahogarse, empezó a contarme extrañas y oscuras historias sobre el lugar, historias de magia negra, de criaturas previas al mundo que conocemos; criaturas tan espantosas que se las quiso en la especie humana cuando ésta apareció, ni se les concedió la facultad de morir, posiblemente tampoco la de vivir, criaturas que, simplemente, deciden. Tras prometerme seguir contándome al día siguiente, me fui a mi piso, y, al poco, ya empecé a escuchar los maullidos del gato, que no fueron más que un preludio de que a la ancianita se le había acabado su tiempo entre los vivos.

Hubo otras muchas, pero, al menos para mí, bastante menos relevantes. La siguiente lo suficientemente importante como para ser aquí relatada es, claro está, la mía. Me empezaba a cansar de aquel pequeño infierno; ya ni hacía aquella cama en la que hace tiempo había dormido, porque eso me recordaba a la frialdad de aquel agujero, ¿y acaso hay algo más frío que la soledad? Esa traicionera que poco a poco se apodera de los que, como estuve yo, están solos. Harto de todo, me arriesgué, y baje las escaleras, que a cada paso que daba crujían bajo mis pies. Y cuando ya prácticamente había acabado, el… sujeto se me apareció, y sabiendo que nada tenía que hacer, le dejé leerme los ojos, y leyó lo que tanto temía que leyese y que él tanto deseaba leer: que me iba. Que estaba intentando huir. Y, quién sabe, incluso a relatar alguno de los horrores que allí había presenciado.

No me puedo quejar; todo fue muy rápido: simplemente cerré los ojos y escuché, escuché extrañas conversaciones en idiomas jamás imaginados, sentí golpes secos, de esos que solo se sienten, pero no se oyen ni duelen, y finalmente, un tremendo empujón, y sentir que me abría en dos, y que todo aquello que ya no me iba a servir salía. Cuando volví a recuperar algo parecido a la conciencia, callé. Callé y esperé, muchos años, décadas, horas, minutos, o… quién sabe. Y cogí una de mis antiguas plumas, una de las pocas cosas de las que no había sido despojado, y comencé a escribir. Y ahora te cuento a ti, que no sé quién eres, ni dónde estás, ni tú sabes quién soy, ni dónde estoy, que, por nada del mundo, por favor, te acerques al 13713 del Condado de Blackraven. Una última cosa: si tienes el más mínimo aprecio a tu vida, a la vida de alguien, o… a lo que sea, por nada del mundo cuentes esta extraña historia, si así se puede llamar, de un loco que te escribe desde su celda, por utilizar alguna metáfora y que no te vayas con tan mal sabor de boca.

Lo siento, tengo que dejar de escribir, escucho algo, siento frío… me tengo que ir. No sé a dónde, pero me tengo que ir.

Hasta que lo cuentes a alguien, o, lo que es lo mismo, hasta que este peculiar mundo esté condenado a permanecer junto al… sujeto.

Una docena de galletas (Cuento de Navidad)

By Melikeacar

Image By Melikeacar

Tengo una pastelería de éxito en la Calle de la Torre, una gran mujer y una preciosa familia.   Soy un hombre feliz. Pero no siempre fue así…

Los problemas vinieron a mi tienda hace tres años, bajo la apariencia de una apacible anciana.  Recuerdo que era Nochebuena y los clientes apuraban los últimos detalles para su mesa. La mujer entró en la pastelería unos minutos antes del cierre y me dijo:   “Quiero una docena de esas bonitas galletas”, señalando unas pastas de San Nicolás. Yo soy más de Reyes Magos, pero San Nicolás, Santa Claus o Papá Nöel para los niños, se estaba poniendo de moda estos últimos años entre los más pequeños y con las galletas también hacía negocio.

–          Una, dos, tres, cuatro… doce galletas.

 Los ojos de la anciana se estrecharon.

 -“Sólo doce?”, preguntó.   Supe inmediatamente lo que quería.   Algunos panaderos de la ciudad echaban alguna galleta extra en las bandejas, pero a mí me consternaba esa costumbre. Era mi trabajo y debía cobrar por él.
–   “Una docena son doce, mi buena mujer, y eso es lo que te he dado”, le contesté. Tengo una familia que mantener, si reparto gratis todos mis pasteles, cómo podré  alimentarlos?  Una docena son doce y no trece “
–  “Muy bien”, contestó, y salió de la tienda sin las pastas.
A partir de ese momento, mi suerte cambió.   Esa misma noche entraron en la tienda y robaron los bombones y demás dulzadas , pero además mi pan se negó a subir: cada barra que metía en el horno era tan pesada que sólo podía echarla al fuego.  Tuve que  adquirir el pan en una panificadora para no fallarle a los clientes. Angustiado, pensé que me habían aojado.  Fue entonces cuando me acordé de la vieja que vino a la tienda, y tuve miedo.
A la semana siguiente, la anciana volvió a aparecer en mi tienda y pidió una docena de la última hornada de mis galletas.   Yo estaba enojado.

 – ¿Cómo se atreve a venir después de toda la mala suerte que me ha traído? La anciana volvió a entornar los ojos, mirándome fijamente, y sin decir nada, se marchó. .

Las cosas se pusieron realmente feas a partir de entonces.   Mi pan se agrió, los donuts amargaban, las tartas se desmontaban tan pronto salían del horno y las galletas carecían de sabor.

Mis clientes empezaban a fallar y se rumoreaba por el barrio que mis pasteles no eran tan buenos.  Yo estaba realmente colérico.  Ninguna meiga me iba a derrotar.   Así que cuando la anciana vino a mi tienda por  tercera vez para comprar una docena de galletas, la mandé al diablo y cerré la puerta tras ella.       Después de ese día, todo se arruinó.  Mis clientes empezaron a evitar mi pastelería, ahora maldita, incluso aquellos que habían venido todos los días durante años.

Finalmente, mi familia y yo fuimos los únicos que comíamos de mi hornada requemada. Fue la desesperación la que me hizo acompañar a mi esposa a una iglesia cercana, la de San Nicolás, patrón de los comerciantes. Le supliqué que levantase la maldición pues mi familia no tenía la culpa de mi avaricia.

Al día siguiente intenté realizar de nuevo las galletas de Santa Claus. Cuando las metí en el horno me pregunté qué iba a suceder. ¿Demasiada canela? ¿Exceso de jengibre? ¿Se quemarán?   Para mi sorpresa, salió perfectamente.     Cuando levanté la vista de la bandeja, San Nicolás estaba delante de mí.

No llevaba su cetro ni sus vestiduras de obispo; tampoco ese ridículo traje con el que lo caracterizó una conocida marca de bebidas. Pero era él, con su barba blanca y sus ojos bondadosos, esos ojos donde cabía el universo entero. Mis piernas no me sostuvieron y me senté, mirando al santo. El me devolvió la mirada, pero con una tristeza que me encogió el corazón.

Entonces, me habló: “Pasé mi vida entera ayudando a los enfermos y a los que sufren, y velando por los más pequeños. ¿de qué sirve celebrar el nacimiento de un Dios misericordioso si  nosotros no somos generosos con los que nos rodean?      

No pude soportar mirarle a los ojos y enterré mi cara tras las manos.
“¿Es una galleta extra un precio tan terrible que pagar por la generosidad que Jesús mostró con  nosotros?” me  preguntó suavemente, tocando mi cabeza con la mano.
Luego se fue.   Un momento después, oí como se abría la puerta de la tienda, y unos pasos que se acercaban al mostrador. La anciana venía a por su docena de galletas de San Nicolás.   Me levanté lentamente, conté trece galletas y se los dio a la anciana, de forma gratuita.
Ella asintió enérgicamente.   “El hechizo está roto”, dijo.

A partir de ese día mi pastelería volvió a ser la que era, incluso mejor. Y doce, se convirtió en trece.

Mala Suerte I: Objetos Malditos

Bueno, voy a hacer una especie de reportaje de 3 posts sobre la mala suerte, el primero sobre Objetos Malditos, el segundo sobre cosas que dan mala suerte y el último y más aterrador sobre seres que son la mala suerte en persona…

Bien, estos son los peores y más espantosos objetos malditos:

-La Piedra Maldita. En 1527, el arzobispo de Glasgow, en vista a los ataques que estaba recibiendo la Iglesia, escribió una maldición en un documento. En 2001, se decidió hacer un monumento en forma de piedra con esta maldición inscrita en él, y la tragedia comenzó: el pueblo en el que se construyó vivía, principalmente, de la ganadería. El año en que puso la piedra, hubo una epidemia que mató a todos los cerdos del pueblo. Durante los años siguientes se sucedieron infinidad de incendios y catástrofes, el índice de criminalidad aumentó en un 85 %… Además, el equipo de fútbol desde aquel fatídico día no ha marcado ¡Ni un solo gol! El Ayuntamiento se niega a aceptar su maldición, y dice que son solo supersticiones. Pero el Ayuntamiento es el único que así lo piensa…

-El Diamante Job. Los antiguos sabios de las culturas griegas, hindúes, babilónicas y mayas creían que los diamantes venían del mismo infierno y, de hecho, Lucifer, el Diablo, tiene un Diamante en su frente. Hay un Diamante en particular que se ha cobrado la vida ya de más de 14 personas. Todos sus propietarios, entre los que se encuentran (o mejor dicho, se encontraron) Luis XIV de Francia, Luis XVI de Francia, su esposa María Antonieta y un sultán turco, han tenido muertes espectacularmente atroces: devorador vivos por una jauría de perros salvajes, asesinando a su mujer y suicidándose después… Se le han hecho ya 5 exorcismos, pero sigue siendo un gran peligro, pues se cree que, efectivamente, proviene del mismo Satán. Actualmente está en museo, en Washington, encerrado en una urna, y tiene 114 kilates. Es espectacular:

-La Mujer de Lem. Es una escultura encontrada en Chipre en 1878, y data del 1500 A.C. Su primer propietario fue un coleccionista inglés, y en 4 años él y toda su familia directa habían muerto. Su siguiente propietario murió con toda su familia a los 4 años también. Fue calificada como maldita y donada al Museo de Edimburgo, y a los 4 años de estar ahí muere el encargado del Museo. Curiosamente, son 4 los arcos de sus orejas y 4 los collarines de su cabeza…


-El Martillo. Este es un objeto, maldito, sobre todo, por la comunidad científica. Se encontró en Texas, en 1934, y data de hace ¡más de 140 millones de años de antigüedad, cuando, en teoría, los humanos solo existieron desde hace 7 millones de años! El Martillo está expuesto en modestísimo museo de Texas, y ningún científico quiere saber nada de él. Ademas, le hicieron un análisis y tiene un 96% de hierro, 2% de cloro y un 1% de azufre, lo cual indica una pureza casi total del metal, para lo que habrían hecho falta unas muy avanzadas técnicas de metalurgia.  ¿Extraterrestres?  ¿Errores científicos? O, quizás, lo que ponía en una inscripción egipcia: “La monarquía descendió del cielo, y nosotros con ella”.  Curiosamente, esta inscripción se descubrió justo 100 años antes que el Martillo maldito. ¿Pura casualidad?

El martillo:

-La Pata de Mono. Es uno de los mas terroríficos relatos de la historia, y desde que W.W. Jacobs lo escribió,  no le pasaron cosas muy buenas… Pero dejemos a un lado el relato, y vayámonos a la realidad… En el Amazonas, una tribu indígena desapareció por una terrible epidemia tras cortarle la pata a un mono, que iban a utilizar para hacer un ritual.  Esto lo contó el único superviviente, que ese día no había estado en el poblado. El era el único que estaba en contra del ritual de toda su tribu. Si, puede que solo quisiese llamar la atención, pero… No era el primero. El Gran Kan, en uno de sus caprichos, exigió una infusión con miembros de mono, lavanda y menta; que según el representaban la selva, la elegancia y la pureza. Los hombres que estaban en la sala en la que se preparo la poción murieron todos, de tres en tres, año tras año. El Gran Kan murió de la impresión, pues en la sala se encontraban sus mas fieles súbditos. Varios campesinos juraron ver ese día a un mono cojo saltando entre los árboles. Puede que solo fuese una casualidad, pero… Tras un infarto, el bibliotecario de la primera biblioteca en adquirir el relato de Jacobs, murió al recibir el libro. Aquí… ya es mas difícil creer que son solo casualidades…

Si queréis leer el relato on-line, aquí lo tenéis:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/jacobs/pata.htm

lapatademono_3

-El Cráneo del Destino. Se encontró en las ruinas mayas de Belice, y se han encontrado otros similares, pero ninguno tan sorprendente como este. Esta hecho de cristal a tamaño natural, y pesa 5 kg. Y ahora lo mas alucinante: incluso observándolo con un potentísimo microscopio electrónico, no han encontrado ni una sola marca, lo cual es imposible si estuviese hecho a mano, y casi imposible si se hubiese utilizado una maquinaria de última generación valorada en miles de millones que tan solo se pueden permitir un par de multinacionales en todo el mundo.  Hay muchas teorías, pero ninguna demasiado convincente. La foto de uno de los más grandes misterios del mundo:

-“Los Niños Llorones”, de Bruno Amadio. Para acabar, lo más espantoso de todo… O, por lo menos, de lo más horrible… En los 70, se pusieron muy de moda poner en las casa cuadros de niños llorando. Su pintor era el misterioso Bruno Amadio, que, por lo poco que se sabe, se cree que era italiano. Bruno vendió su alma al diablo a cambio de que sus cuadros gustasen a la gente. Bruno había pintado a esos diez niños de un orfanato que a los pocos días que estuviese allí el pintor se incendió misteriosamente, cobrándose la vida de los 10 pequeños y sus cuidadores. Son casi infinitos los testimonios de que en las casas a donde llegaron esos cuadros eran incendiadas misteriosamente con todo el edificio, y lo único que conseguían rescatar eran siempre, siempre, los cuadros, sin poder salvar nunca ninguna vida. Los cuadros, curiosamente, aún permanecen intactos tras tantos incendios. Un forense estadounidense investigó y cree que los cuadros fueron hechos de los cadáveres de los niños, y no cuando aún estaban vivos…

Os veo en la segunda parte del Especial de Mala Suerte… ¡Muahahaha!

Pinkie, la del armario amarillo

by_FreakyDarlingx 

Es, posiblemente, la Leyenda Urbana menos conocida. Es, sin duda alguna, la más terrorífica. Pero… empecemos por el principio.
Un día de lluvia, una estudiante, tras tener una pelea con unos estudiantes de cursos superiores, estaba huyendo de ellos, que la perseguían. Pero resbaló, y, tras una fatal caída, los veinteañeros la cogieron y la encerraron en el armario más pequeño y extraño del colegio, el armario del bedel, que era muy conocido en todo el centro por su peculiar color: era un armario de color amarillo chillón. Todo ocurrió muy rápido, de forma que el bedel no se dio ni cuenta. La chica sangraba, y las heridas le dolían tanto que no podía ni hablar. Siguió en esa agonía hasta el día siguiente, cuando a encontraron muerta, bien porque se había desangrado, bien por asfixia, o bien por unas extrañas marcas en la vena yugular…
Curiosamente, al día siguiente, uno de los matones se cayó por las escaleras y se dio en la nuca. Intentaron de todo, pero en vano: estaba muerto. Al día siguiente, que, casualmente, era Martes 13, dos de los matones fueron secuestrados en un callejón de los barrios bajos, y nunca se volvió a saber de ellos. Quedaba tan solo uno: el más bruto, el más salvaje. Últimamente había tenido un par de pequeños percances, pero nada importante. Tuvo que pasar un año entero, hasta el siguiente Martes 13, para que ocurriese: un brutal accidente de coche lo mató, junto a su novia y a su padre. Semanas más tarde, la madre se suicidó.
El bedel acabó dimitiendo. Oía ruidos, veía sombras frías y oscuras, y, de vez en cuando, cuando se quedaba algún rato mirando hacia el armario, acababa sumido en un profundísimo sueño. Desde aquel día, no pudo volver a mirar a nada que fuese de ese color maldito para él, el amarillo. Se cree que por eso en la ópera y el teatro, el amarillo da mala suerte.
Pinkie, que así se llamaba la joven, falleció por una brutal pelea debido a  un mísero pintalabios… un pintalabios rosa. Se lo habían quitado para burlarse de su nombre, pero la broma terminó en tragedia.
Pinkie no está muerta. Está vivita y coleando. Bueno, más que coleando, sangrando.
Si en un Martes 13 vas completamente vestido de amarillo y abres un armario sin nadie alrededor, se te aparecerá Pinkie y será tu amiga. Si un Martes 13 llevas alguna prenda rosa y abres un armario sin nadie alrededor, Pinkie te meterá en el armario y te matará, para que sepas lo que le dolió la, no me atrevo a llamarla así, “broma” del pintalabios rosa. Y pobre de ti si en un Martes 13 te ríes de su nombre o de cualquier otra cosa rosa y estás cerca de un armario, porque entonces, te matará y te engullirá…

Si te ocurre alguno de estos incidentes con Pinkie, no serás el primero… ni el último en caer en sus garras.