Inés

Inés de Castro

Todos los grandes nobles portugueses estaban alineados delante del trono de su reina. Hace muy poco tiempo habían descubierto que su recién nombrado rey, Pedro I, se había casado en secreto con ella y ahora les exigía que le prestasen el juramento debido.

 Los nobles presentes trataban de conservar la calma, la gallardía propia de aquellos grandes linajes del siglo XIV en Portugal. Sin embargo, sus rostros descompuestos evitaban mirar fijamente hacia su reina, hacia la amadísima esposa de su rey.

 Los presentes recordaban la reciente historia de traición y asesinato que había sacudido la corte en los últimos tiempos, historia en la que ellos habían participado activamente y que ya algunos habían pagado bajo el hacha del verdugo sentenciados por el nuevo monarca Pedro que ahora exigía tributo a su esposa, a su reina.

Y todos y cada uno de ellos fueron avanzando hacia el trono, inclinándose y, con mucho cuidado, besando tímidamente la mano seca, fría, correosa, de Inés de Castro, incapaces de mirar a los ojos vacíos de la reina de Portugal asesinada hacía más de dos años.

Fue Alfonso IV, padre del rey,  quien incitado por algunos nobles lusos ordenó asesinar a Inés en 1355.  Roto de dolor y rabia, el futuro Pedro I de Portugal se puso entonces al frente de un ejército para luchar contra progenitor en una guerra que devastó todo el norte del país. Durante un breve tiempo aplacó su ira llegando a reconciliarse con su padre pero a la muerte de éste puso en práctica una venganza muy especial. Una vez en el trono, ajustició a los asesinos directos de su amada mujer y celebró esta ceremonia que la vieja hidalguía portuguesa presenciaba ahora con horror y resignación: estaban rindiendo tributo al cadáver de su reina.

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Alice Human Sacrifices IIII: Corazones

La última alice, realmente, eran dos. Dos pequeños gemelos de menos de doce años que aparecieron así como así en el Wonderland. No se les había dado indicaciones, no sabían qué hacían allí, no sabían nada del sueño ni de las otras tres Alices.

Simplemente, vagaban.

Y, sin rumbo, llegaron hasta uno de los lugares prohibidos; la puerta roja de las picas. “¿Qué habrá aquí?” preguntó la menor alargando el brazo al picaporte de la puerta. “No toques” le dijo el hermano inútilemente.

Y, debería haberle hecho caso. Debería haber dado la vuelta, no haber abierto aquella puerta, no debería haber mirado, no debería haber entrado al sendero de espinos, no debería haber seguido el reguero de sangre de la Alice de las picas, no debería, no debería… pero lo hizo.

El pequeño sueño, acabó feliz. Por lo menos uno acabó feliz en esta horrible historia, pero cierta. Los gemelos nunca volvieron, al igual que ninguno de los otros. Encerrados para siempre, dentro del sueño, en el Wonderland.

Muerte por vida

Esta entrada es un trozo de mi propio blog de historias de mi anime favorito (One Piece) es la segunda muerte más sádica de todo este anime, tras la de Shirohige o Barba Blanca, al que lo mata uno de sus hijos tras arrancarle la mitad de la cara y agujerearle el pecho. ¡Disfrutad!

· No me detuve en mi carrera hasta que oí las cuentas del collar caer al suelo. Me giré, bruscamente para ver lo que estaba pasando y el corazón me dio un vuelco.

¿Por qué estaba allí…? Ah, si… era cierto… Había visto como mis camaradas, mis amigos, eran bapuleados sin poder hacer nada, como desaparecian uno a uno ante mía. Daba gracias a que simplemente, nos hubieran separado.

Lúa y yo habíamos acabado en el barco de Padre, junto a mi familia adoptiva para llegar a la base de la Marina, donde habían cogido a mi mejor amigo, uno de mis hermanos. Había sido capturado por al que en su día, había llamado hermano, el que había matado a Tatch en nuestro propio barco, con su propio puñal.

Lloramos la muerte de nuestro hermano mucho tiempo. Yo enfermé, y, ocultándoselo a mi familia, huí de mi hogar. Ace lo hizo, pero por venganza.

Y allí estaba. De pie, aguantando el golpe del Almirante Akainu, para salvar a su hermano pequeño Luffy. Tampoco de sangre, ni de nuestra familia. Eran hermanos de por si, y, como el mayor, Ace, cumplió hasta el final.

Cayó de rodillas, Luffy lo agarró, escuchando el último aliento de Ace mientras miraba sus manos manchadas por la sangre que emanaba del pecho inexistente de su hermano.

Vi como su recién prometida, Lúa,  lloraba de rodillas, a su lado, suplicando que no se muriera, como Luffy negaba el echo de que su hermano se muriera, vi como decía sus últimas palabras: “Gracias por querer a alguien con sangre maldita…”

Y lo vi caer, al suelo, inerte y sin vida, de nuevo, impotente ante los echos. Como cuando desaparecieron mis amigos, como cuando mataron a Tatch y como cuando cayeron tantos hermanos en esta estúpida guerra, que, al final, habíamos perdido.

Lo que no vi, fueron las lágrimas que comenzaron a caer por mis mejillas, yo también lo negaba y suplicaba en silencio. Me dejé caer, con las manos temblorosas sobre el cadáver de mi mejor amigo y palpé el agujero de su pecho, manchándome las manos de sangre. De la que para mi, fue mi sangre.

El nuevo juguete

Cuantas veces se culpa a la conciencia de los malos actos. Esas voces internas que nos consumen y que nos hacen incluso llorar.

Carlitos era un chico retraído, normalmente medicado por sus padres para combatir su síndrome del niño mal atendido. Su casa aparentaba ser el hogar perfecto y no mucho menos la presencia de sus padres.Muy alejados de los problemas de su hijo, el egoísmo (como pensaba Carlitos) leshizo pensar en otro integrante mas para la familia.
Así, el transcurso de un embarazo lleno de cuidados y mimos se cumplió, dándole a Carlitos a finales del noveno mes la buena noticia de un nuevo hermanito.La llegada del nuevo inquilino a la casa fue anunciada con bombos y platillos. Laalegría inundó la casa.Pero en uno de los rincones de la casa, debajo de la alacena, se encontraba triste yrabioso Carlitos, el lugar de los ratones, le llamaba. Una presencia que enturbiaba su joven mente le incitó a “jugar” con su nuevo hermanito.
La cuna se veía tan tentadora de cruzar. Armado con un pica hielos se dispuso a visitar a su fraterno mientras los adultos celebraban la buena nueva en la sala de estar.

Para este momento la noche ya había cubierto al barrio. Que mejor cómplice y escondite que las sombras y cortinas de la habitación de su hermanito.

La misma voz que lleno de ira a Carlitos volvió a aparecer, ensuciando sus oídos con crueles palabras. Carlitos cruzó la reja de la cuna, moviendo la colchoneta e inquietando al bebe…

El llanto del recién nacido se hizo presente pero muy inteligente Carlitos con un desliz activo el móvil que hizo irradiar sonrisas al pequeño.

-Hola bebé, soy tu hermano mayor, ¿Quieres Jugar?. Dijo Carlitos.

El bebé entretenido por las luces de su juguete sonreía y retozaba hasta que…

Con un movimiento sagaz, Carlitos perforó con todo su coraje las manitas del bebé, tanta fue su rabia que sin dedos dejo al infante…

El niño lloraba, el dolor insoportable le hizo emitir llantos y gritos.. Pero conlos peluches de su cuna, Carlitos le tapaba la boca.

En un cruel frenesí masacró al recién nacido. La cuna se tiñó de rojo y con la sangre Carlitos se divertía.

Las vísceras y miembros eran un entretenimiento para él.

El trágico suceso no fue percibido, hasta que su abuela quiso ir a despedirse de sus encantadores nietos…al no encontrar a Carlitos en su habitación se dirigió al cuarto del bebe.

Al encender la luz vio el charco de sangre de la cuna que estaba cubierta con un edredón de pequeños ositos bañados de carmín.

El grito de la abuela alertó a los demás y todos se dirigieron a la habitación.

No podían creer lo que sus ojos les hacían ver…

Mientras, Carlitos con su macabra sonrisa cual si hubiese recibido un juguete más decía:

Mira papá… Mira mamá… Desarmé a mi hermanito!!!

little_dead_boy

Alice Human Sacrifices II: Diamantes

A la segunda Alicia, el pequeño sueño se la encontró en un escenario. Cantaba ante mucha, muchísima gente  y  parecía gustarles.

No se resistió ante el pequeño sueño quendo le susurró “<<Sígueme, vente conmigo…>> “, ni cuando se quedó solo, tampoco enloqueció y comenzó a matar a gente cuando el sueño lo abandonó en la palza, la cual había conseguido recobrar el gentío y el ruído a pesar de las pérdidas.

Con su encanto, consiguió ganarse a Wonderland, con sus cantos, sus gorgoritos, sus altos y sus bajos, con todo su talento, consiguió ganarse a la gente, hacerse grande y conocido en aquel extraño lugar, pero, a él le gustaba.

“Yo llegaré a ser la Alice a través de mis canciones… conseguiré ganarme a la gente, así, me proclamarán la Alice y podré salir de este lugar” Pensaba.

Pero al pequeño sueño, tras muchas muchas canciones, comenzó a aburrirse de él y empezó a pensar que alguien que sólo sabía cantar, jamás llegaría a ser la Alice, así que, con su poder sobre aquel lugar, en ese momento un mundo de color azul, mandó a una melodía macabra.

Aquella melodía, consiguió introducirse en la cabeza del muchacho de pelo oscuro y ropas claras, y, perturbando su canto, consiguiendo que únicamente escuchase aquella melodía, la única capaz de cantar, de oír, de sentir…

La misma melodía que lo hizo enloquecer, irónico, el cantante perturbado por su propia melodía…  Y, aquel cantante, el muchacho tan delicado como una rosa, agarró el arma, acercándoselo a la cabeza y, dejando así, una rosa carmesí en la pared.

Alice Human Sacrifice I : Picas

Éste era un pequeño sueño, un sueño tan, tan pequeño que tenía miedo de desaparecer. Así que, como remedio, se puso a pensar y pensar en cómo enmendar esto.. Y se le ocurrió, reclutar a gente para encerrarlos en sí mismo para no desaparecer nunca.

La primera persona a la que visitó era una muchacha alta, de pelo corto, castaño, y ojos tan rojos como la sangre, la misma sangre que había en el campo de batalla del sueño que libraba.

Al ver al pequeño niño, le gritó y gritó para que se fuese, la guerra no era lugar de niños. Pero el pequeño sueño se limitó a sonreír.

Cuando se quiso dar cuenta, la chica ya no vestía armadura, si no un vestido de seda del mismo color que sus ojos, llevaba la espada y en su mano, tenía grabada una pica, también roja. Tampoco estaba en el campo de batalla, si no en una pequeña plaza de una ciudad medieval.

Miró a su alrededor, buscando al pequeño niño, pero éste se había desvanecido. Entonces, oyó algo.. 

-“Si del sueño quieres salir, en la Alice te debes convertir…”-

¿Alice? Se preguntó…. Pasaron horas y horas, pensando en cómo convertirse en la Alice de aquel lugar sin que se le ocurriese nada.  Miró a una pequeña niña que corría por la plaza, en persecución de un gato blanco.

-“¡Claro!”- pensó – “¡Si soy la única de este lugar, soy la única que podría ser la Alice”..- Y, sin demorarse, sacó la espada. La sangre corría rápidamente entre las piedras marrones y grises del suelo, la gente gritaba, pero nada le importó.

-“Alice, debo llegar a ser la Alice para salir de aquí”.

A mucha gente mató, sí. Pero, cuando estuvo ella sola en la plaza, el pequeño sueño se le apareció delante, entre los cadáveres. Negó con la cabeza.

– “Tú no debes de ser la Alice, no, no..” – Un gesto, un gesto le bastó para hacerles aparecer en un bosque, muy muy oscuro, por el que el camino, era sangre, tan roja como los ojos de la mujer de la pica.

Y, de nuevo, se quedó sola, pero esta vez, no para bien. Los árboles de espino, la agarraron y comenzaron a tirar de ella hacia sí, mientras ésta se arrastraba, gritaba y pedía socorro. Pero de nada le sirvió, por eso, la primera Alice, ya murió.