El pequeño y su juguete

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Lund, una bonita localidad al sur de Suecia, tiene un cementerio hermoso y melancólico, como tantos otros , pero a la vez con sus particularidades, como cada camposanto.
Una de las esculturas funerarias más sorprendentes y delicadas de este lugar  es la imagen de un niño flanqueado por dos angelicales alas. Eso significa que los familiares del pequeño lo ubican en los cielos, pero además de otorgarle alas sus padres quisieron hacerle otro homenaje. Y es que si bien la escultura es aparentemente clásica, sin necesidad de fijarnos demasiado ya vemos que el niño está ensimismado toqueteando una suerte de juguete moderno.

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Al acercarnos un poco más distinguimos con claridad en qué se entretiene la angelical criatura: está jugando con una  Game Boy Advance SP que Nintendo sacó en el año 2003.  Y ahora sí, a pocos centímetros de sus pétreas manos averiguamos incluso el juego favorito de este niño que dejó una ausencia inborrable cuando sólo contaba con 5 años.

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Descanse en paz este pequeño, velado eternamente por su fiel pokemon. 

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El deterioro de la piedra y la memoria

Paseando por el cementerio me encontré con este doloroso estropicio. El inexorable paso del tiempo y la desidia de los políticos,que consienten en talar cipreses pero no en restaurar el patrimonio, han permitido que esta lápida ÚNICA en el cementerio de mi ciudad esté destrozada.
Data de 1893 y es una muestra de la simbología victoriana que estaba de moda en la época, cuando las lápidas no eran tan asépticas como ahora.
Son dos manos saludándose horizontalmente, marido y mujer que se encuentran en el cielo, identificado com la cruz. Los puňos de las camisas están irreconocibles pero hasta hace unos meses se distinguían perfectamente que eran de hombre y de dama.
En ocasiones las manos se alcanzan verticalmente,entonces podemos saber quién de los dos cónyuges falleció primero, el que recibe al otro desde el cielo.
En fin, espero que esas manos que hoy permanecen entrelazadas sigan desafiando al tiempo y a la dejadez de los vivos.

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Un hombre muere aplastado por la lápida de su suegra

Un jubilado estadounidense de 74 años ha muerto en Pensilvania al ser aplastado por la lápida de su suegra. El hombre, que acudió al cementerio de San José acompañado por su mujer, fue a adornar el lugar para el ritual que repiten las familias cada año el lunes antes de semana Santa, pero la piedra se vino abajo y le terminó aplastando.

Según informa el medio WNPE, el hombre, llamado Stephen Woytack, estaba arrodillado mientras su mujer ataba una cruz alrededor de la tumba, pero algo no salió bien y la lápida le aplastó. “Su esposa vino corriendo a buscarme. Cuando llegué allí, la imagen era muy dura”, dice  Ed Kubilus, uno de los cuidadores del cementerio. “Realizan varias visitas cada año, atan siempre una cruz alrededor de la lápida, rezan y se van”, concluye.

A pesar de que la Policía y una ambulancia llegaron casi al instante fue imposible rescatar con vida el cuerpo de Woytack.

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Fuente de la imagen:msn.com

Fidelidad más allá de la muerte

Hoy quiero presentaros otro monumento a la memoria, pero no solamente de un ser humano sino que también inmortaliza a un fiel animal de compañía.
Esta lápida victoriana pertenece a un hombre llamado Thomas Sayers (1826-1765). Está perennemente guardada por la escultura de su perro Lion,animal que además fue el maestro de ceremonias del entierro, y según recogen las crónicas caminó delante del féretro hasta el lugar del último reposo de su amo.

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Fuente de la imagen:Thanatos.net

Lápidas inusuales para jóvenes amadas

En Birmingham, UK, existe esta curiosa lápida. Es el homenaje póstumo para una chiquilla adolescente,única hija, que falleció en un accidente de motocicleta. A priori puede parecer siniestro pero las alas evocan la inmortalidad, la ascensión al cielo. Así que la familia simplemente quiso expresar el deseo de que ella siga pedaleando allá entre las nubes. Es curiosa, ¿verdad?  Nunca había visto este tipo de imaginería funeraria anteriormente.

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Foto:Helen Higwater

Este es el Obelisco funerario que la familia erigió en memoria de su hija, que falleció a la edad de 15 aňos un 1 de Agosto allá por el 1860. Muestra a la joven leyendo en las escaleras de la casa familiar. La primera foto, la de color sepia, fue tomada en la década de 1860 y podemos apreciar perfectamente los delicados detalles de la talla. Las de color son de Agosto de 2014, 154 aňos después del fallecimiento de la chica. La erosión provocada por los elementos ha provocado que la joven se haya vuelto fantasmagórica, pero la imagen sigue destilando ternura y melancolía.

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Thanatos.net

Un cementerio bajo la nieve.

En el Concello de Batalla se encuentra el cementerio de Ferreiros. Un camposanto moderno cuyas frías lápidas de mármol entonan a diario, como en tantos otros cementerios, el respetuoso canto de piedra por el recuerdo de los muertos. Sin embargo carecen de la melancolía que destilan los cementerios cuyas lápidas esculpidas por delicadas manos que ya son huesos, verdean con el musgo del tiempo. La firma silenciosa, pero irrefutable, del Memento mori.

Sin embargo estas fotografías, enviadas por Fernando Rosales, el profesor que nos regala sus historias tan ingeniosas como luctuosas, demuestran que un cementerio de nichos y lápidas genéricas puede transformarse en un paraje sacado de un cuadro de Caspar David Friedrich.

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Fernando Rosales Naya, profesor de historia en el CPI de Baralla y autor del ensayo ” Huyendo de Occidente”, publicado por la Ed. Zaera Silvar (y lo más importante,un querido amigo), ha tomado estas fotografías para el siniestro deleite de los miembros del Club de las dos lunas. Que lo gocéis, corazones nocturnos.