Esa otra gente…,

Hace ya años, conocí a un hombre, un hombre extraño y peculiar. Un hombre que no sabía nada, y que lo sabía todo, y del que nadie sabía nada, y del que todos sabían todo. Este -insisto- era un hombre… raro, desconocido y que, sinceramente, me producía una gran inquietud. Sin embargo, por razones que ya apenas recuerdo (creo que algo relacionado con el trabajo), pasé días enteros en su compañía. Era curioso, porque en ocasiones, me sentía abrumado por su presencia, y en otras, prácticamente ni la notaba. El caso es que nunca le escuché decir nada, exceptó una vez. Nunca, nunca, salvo en esa ocasión, le escuché decir una sola palabra. Él murmuraba alientos, él transmitía sus ideas, sus pensamientos, pero siempre en el más absoluto silencio. Llegados a estas alturas de la lectura puede que penséis que estoy desvariando, o que estoy diciendo simplemente frases sin sentido, incoherentes e inconexas entre si. Si es así, no es necesario que sigáis leyendo, pero si no es el caso, preste toda su atención a partir de ahora, ya que los hechos se complican.

Una vez -siento repetirme-, mientras estábamos en una de nuestras silenciosas conversaciones, en las que el más mínimo gesto significaban unas cuantas oraciones, pero de esas bien construidas, de esas que no están escritas, de esas que no se dicen, de esas que se ven, se miran, y se comprenden él, repentinamente y sin venir para nada a cuento, comenzó a reflexionar sobre las personas, sobre la gente, sobre la vida. Empezó a hablar de gente, antigua, de gente muerta y de gente joven, y me contó su opinión sobre… bueno, sobre toda la existencia de la humanidad. Me dijo que para qué necesitaba el mundo a gente nueva, si había gente vieja que ya sabía hacer las cosas, que para qué hacía falta que naciese y muriese la gente, pudiendo vivir eternamente. (En este momento yo ya estaba completamente seguro de que estaba desvariando) Que, si a alguien le dan en la nuca, si a alguien le clavan un hacha de leñador en la cabeza a traición, ¿por qué ha de morir? ¿Porque su aspecto no resultaría muy agradable? ¡¿Para qué hemos inventado los disfraces, los elegantes trajes, si no es para ocultar nuestra verdadera apariencia?! ¿Que viviste la I Guerra Mundial, y la II, y la de Indepencia? ¿¡Y por qué no ibas a conocer la tercera!? ¡Y la cuarta, y todas las que te dé la gana! Hay gente que se cansa de la vida, pero eso es porque no han tenido realmente una vida, sino porque han vivido… ¡para trabajar! ¿Te lo puedes creer? Esa gente no debería de seguir aquí, o quizás sí, así harán nuestros futuros trabajos, como han hecho los pasados…

Dime… ¿cuál es realmente tu opinión sobre mí, en este mismo instante?- en este momento tuve que pararme a pensar. El hombre parecía siniestro, pero sumamente inteligente.- Ah, así me gusta, que seas sincero, ¡y que lo intentes ocultar al mismo tiempo! ¿Siniestro? Bueno, la verdad es que no veo nada de malo en ello, lo que sí que me parece detestable es esa… esa otra gente, que teme, que intenta protegerse cuando sabe que no tiene nada que hacer, que intenta que te apiades de ella con un llanto… ¿Un llanto? ¿En serio? Pero J., tú y yo no somos así, y lo sabes, no somos de esa clase de gente, nosotros no nos molestamos en luchar, ¿para qué?, si podemos estar aquí, charlando, sin abrir la boca siquiera, y teniendo una animada conversación. Respecto a la segunda cosa, déjame que no te diga nada, déjame que te lo digas tú mismo, porque tú sabes muy bien por qué estás aquí, a mi lado, hablando, y no con cualquier otro ordinario, de esos que vienen y van, de esa… bueno, de esa otra gente. J., tú lo sabes, tú lo has sabido desde la primera vez que me viste, J., tú sabes que yo, yo… -En ese instante le entró una extraña risa, tos, o lo que fuese como si viniese, nunca mejor dicho, desde las mismísimas entrañas del infierno-: ¡¡¡YO SOY EL DIABLO!!! Y tú, mi querido e inteligente amigo, has sido al que he escogido en este siglo tan mundano y corrientucho, para que vengas conmigo a mis dominios, a disfrutar de todo lo que tú siempre has querido y querrás. Y ahora, aquí estoy, con el cálido Satán a mi lado, contándote esa historia. Bueno, a ti… y a esa otra gente.

Diablo

La Tierra, algo más que nuestro planeta

Es nuestro hogar, nuestro planeta, en donde vivimos, pero… ¿Es algo más que eso? ¿Puede que esté viva? ¿Que ella también se alimente, de alguna forma? ¿Es posible que esté hueca? ¿Que por ella fluyan extrañas energías, las que la mantienen viva?

En primer lugar, hablaremos de la teoría de Gaia.

Esta teoría, surgida en los años 70, habla de que la tierra es un único y primitivo ser viviente, algo así como los seres primigenios de Lovecraft, que nos creó a todos, por eso estamos aquí. Es un ser que se alimenta de los propios seres que creó, cuando mueren. Tan sumamente inteligente que ha podido crear su propio mundo, sus propios seres vivos, que viven en una total simbiosis con ella. Y no solo eso, sino que también puede autoregularse, y conectar, de algún modo, todos los procesos, tanto físicos y biológicos, que ocurren en ella y sus habitantes.

Pero, apartándonos de términos tan científicos, vamos a hablar de otra hipótesis, la de La Tierra Hueca o Teoría Intraterrestre.

Esta teoría habla de civilizaciones híperdesarrolladas subterráneas, que pueden vivir incluso en el núcleo de La Tierra. Están a lo largo de toda la corteza terrestre, y, de hecho, se cree que viven en los innumerables túneles del interior de La Tierra, que unen lugares muy distantes, por los que podrían viajar de un lado del mundo a otro en pocas horas. Hay científicos que lo consideran tan solo un mito, sin embargo, otros consideran completamente viable su posible existencia. Sobre el origen de esos extraños seres, hay varias teorías, pero las más comunes y populares son la que remonta su origen a los antiguos continentes perdidos (La Atlántida, Lemuria…), la que defiende que también pueden haber llegado mediante puertas oceánicas o puertas mágicas en el Triángulo de Las Bermudas, Finisterrae (Sí, sí, habéis leído bien, en Galicia podríamos tener una puerta a un mundo subterráneo), Stonehenge… Y por último, la otra teoría habla, como no, de seres extraterrestres, que, mediante cráteres y otras aberturas, mucho antes de la aparición de los seres humanos, y escogieron esos túneles y cavidades subterráneas como hogar. Desde que hay esta creencia, se han visto numerosas aberturas en los polos y similares, pero nunca llegando a demostrarse su existencia.

Mitología africana

Los fon de Benín, una tribu africana, creen en un dios de dos caras, femenino y masculino a la vez, es el origen del universo. Pero al crear nuestro planeta, La Tierra, no pudo cargar con él, por lo que la serpiente mágica Aido-Hwedo tuvo que ayudarle a transportarla. Entonces, aparecieron los océanos, en los que se ocultó esta serpiente. Cuando se mueve, provoca fuertes terremotos y catástrofes naturales. Pero… ¿Y si un día se enfada tanto que se sacude hasta destrozar el planeta entero? Ese era el mayor miedo de cualquier fon, pues entonces sería el fin del mundo… Curiosamente, se encontraron unas pinturas con algo similar a unos números, cerca de uno de sus lugares sagrados. En ella había cuatro caracteres: uno similar a un 2, un clarísimo 0, un difuso 1 y, para terminar un rojísimo 2. ¿Pura casualidad?

Mitología vikinga

Los vikingos creen que un fresno es, por así decirlo, el centro del mundo. En sus raíces está el submundo, en las ramas altas, Thor, Odín y el resto de los dioses, con sus dominios; y entre los dos se halla nuestro mundo, el de los mortales. Una ardilla asciende y desciende por el árbol, transmitiendo noticias al águila posada en las ramas más altas (Odín, el más importante de todos los dioses vikingos) y a la serpiente que se esconde entre las raíces del Árbol del Mundo. (La guardiana de las puertas del Infierno). Además, según los diferentes poblados, creían en unos u otros mundos, que podéis ver aquí con bastante detalle:

Espero que os haya gustado el post, pero, sobre todo, espero que os hayáis quedado con una idea en la que coincidieron durante milenios civilizaciones y civilizaciones: La Tierra es algo más que nuestro planeta.