Mary Shelley: vivió como quiso.

Queridos lectores :

Todos hemos leído o visto Frankenstein (recordad que cuando hablamos de Frankenstein no estamos mentando al MONSTRUO, sino a su CREADOR). O por lo menos, hemos oído hablar de él y raudo nos viene el flash con la imagen mítica de Boris Karloff en su gran papel del monstruo. Y sabremos también -o al menos la gran mayoría- que el título de “Frankenstein o el moderno Prometeo” siempre se cose con tanza a su autora,  Mary Shelley. Es decir, una nunca  pregunta  – “oye, te has leído Otra Vuelta de Tuerca”? y especifica  “… de Henry James?” Pero sin embargo me han dicho y he preguntado de carrerilla : ” ¿Te has leído “Frankenstein” de Mary Shelley?  Como si hubiese otro.

No lo hay. Ni otro Victor Frankenstein ni otra Mary Shelley, al menos como esta. Mary,  la friki que creó a uno de mis más queridos y tiernos protagonistas; el monstruo de Frankenstein.  En una nuestras charlas con cierto apasionado del fantaterror,  dicho colega me recuerda que: ” la novela es fundamentalmente de carácter Romántico, me refiero a lo que la criatura sueña, sufre y padece, que por cierto, se expresa con gran belleza en el lenguaje, a diferencia del arquetipo cinematográfico, que es en realidad un cadáver andante y balbuceante”

Sabemos quienes son los Frankenstein y no voy a entrar en su nacimiento,  una noche de relatos a orillas del Leman, porque toca hablar de ella.

Mary Shelley fue la hija de Mary Wollstonecraft,  novelista y defensora de los derechos inherentes de la mujer y del hombre. Fijáos que en su obra más famosa, “Vindicación de los derechos de la mujer”, Mary Wollstonecraft expresó que “la educación que las mujeres reciben ahora, apenas merece llamarse así”.  Gran mujer! De casta le viene al galgo!! . Pero lamentablemente para nuestra heroína, Wollstonecraft murió a causa de complicaciones en el parto.

Así que sin este bastión en casa la educación de Mary , igual que para todas las señoritas de postín de la época victoriana, se basó en el modelo ideal:  una mujer dulce, agradable,amable, paciente…  un florero que apoyase y obedeciese a sus marido.  Sí, chicxs. Las mujeres de antaño eran valoradas por su discrección, modestia y castidad. O , como dice mi querida Nieves Abarca , flamante madre de psicópatas literarios,  por ser  “limpitas”.  La mujer sólo contrubuía a la sociedad teniendo hijos, fomentando una moralidad férrea e imponiendo el control y la organización de la casa, siempre por debajo de su esposo, se entiende. Ah, y colaborando con la Iglesia en actividades solidarias y desinteresadas. Cuanto más se las viese pavoneándose y haciendo obras de caridad, mejor.

Pero ya desde su preadolescencia Mary Shelley se rebeló contra el estereotipo de ser la “señora de” y forjó su propio camino.  Esta mujer inaudita, apasionada, obstinada e inteligente conoció a Percy Shelley, un poeta. Se prometieron amor eterno jurándolo sobre la lápida de Mary Wollstonecraft  , su admirada madre muerta y con apenas dieciséis años se fugó con él y  viajó  por toda Europa.  ¡¡Dos solteros de viaje antes de casarse!! ¡¡Qué escándalo!! Es más, Percy todavía estaba casado cuando él y Mary emprendieron su aventura. ¡¡Intolerable!!          Este modo de vivir inaceptado provocó que el padre de Mary le retirase la palabra durante años, pero evidentemente a ella le importaba ser feliz y no el buen nombre de la familia. Eso no se lleva a la tumba.

Aprended, mis queridos, pues las desgracias vienen dadas  por eso hay que ir a por la caza y captura de la felicidad. A los 25 años la enamoradísima Mary ya estaba viuda y había visto morir a dos de sus tres hijos.  Se buscó las habichuelas escribiendo y editando:  novelas, cuentos, ensayos… aunque la conocemos por su obra cumbre fue una escritora muy prolífica. Pero la pena de haber perdido esos amores  la llevó engarzada en su alma  pese a que Percy hijo y su esposa cuidaron amorosamente de  ella hasta su fallecimiento, a los 53 años.

Mary, la precursora . Mary,  icono contemporáneo. Mary que,  ajena  a lo que sería su monstruo  200 años después para la literatura, el cine y la cultura general, guardaba entre sus más queridas pertenencias, con las que dormía y por las que velaba,  cabello de sus hijos perdidos y una libreta garabateada a medias con Percy.

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