“Charlie Charlie” la leyenda de este juego

En los últimos días, un inocente juego se ha apoderado de las redes sociales. Y es que, centenares de jóvenes han practicado este misterioso ritual llamado ‘Charlie Charlie’.

El juego consiste en colocar dos lápices cruzados sobre un papel con dos respuestas escritas: sí o no. Sin embargo, la viralización de este video no sería espontánea, si no parte de la campaña publicitaria de una película pronta a estrenarse.

Este tipo de prácticas no son tan inocentes como parecen, según los especialistas, si una persona de carácter débil realiza el juego podría verse afectada de diversas formas. Por ejemplo, podría tener un cargo de conciencia y estar psicológicamente afectado.

Algunos escépticos aseguran que el movimiento de los lápices se debe a factores ambientales que no tienen nada que ver con los espíritus.

 

Pesadilla antes de la Precuela, por Fernando Rosales

Ghost Soldier

Me llamo Luis de Bombarral, y soy un muerto. No, no estoy borracho. Tampoco soy un zombie. Nací en Salvaterra de Magos. Fui -bueno, y soy- portugués, y me dieron muerte en 1918.
Sí. Pronto hará un siglo, quién lo diría.
Pensarás que me he cargado la historia al revelar desde el principio mi condición de fiambre. Pero es que lo interesante de mi cuento no es que un muerto se dirija a ti -eso, si eres asidu@ de esteblog, no debe sorprenderte-, sino que esté a punto de ser asesinado por vigesimocuarta vez.
Así que pon oído:

Aun no tenía dos años la Guerra del 14, cuando a mi gobierno se le metió entre ceja y ceja que debía meterse en ella. Ya sabes: un pequeño país, pobre y atrasado pero con ricas colonias en África que las potencias mandamases de por entonces deseaban. Para evitar que los vencedores se ganasen cien años de perdón expoliándonos al acabar la carnicería, debíamos minimizar riesgos participando en ella. Y del bando británico, of course, que por algo Reino Unido dominaba nuestra economía desde Dios sabía cuándo.
Total, que yo acabé enviado para luchar en los campos de Flandes. Y allí, en la mañana de un 10 de abril del año que ya dije, mis restos quedaron esparcidos no lejos de Ypres tras encontrarse con un obús que, a día de hoy, ignoro si fue lanzado por nuestros enemigos alemanes o por nuestros aliados británicos. Triste cosa, morir en primavera…
Pero ahí empezó lo bueno.

Fue todo bien al principio. Pues en el otro mundo confraternizamos todas las víctimas de la Guerra sin mirar nuestro origen, idioma o uniforme. No solo eso. Hartos de que los avances del conocimiento se empleasen para picar carne humana a gran escala, decidimos combinar nuestros saberes para descubrir un cauce de comunicación con el mundo de los vivos. Era mucho lo que se podía ganar de conseguirlo: impedir que los dirigentes por quienes habíamos muerto tapasen sus crímenes construyéndonos monumentos y cenotafios que no harían sino acentuar los odios al recordar desde las plazas públicas y los camposantos cuán heroica había sido nuestra actitud y cuánto bien había hecho a la patria nuestro sacrificio. No. Eso no debía repetirse.
Nosotros mismos, aquellos que habíamos sido brutalmente desalmados, nos infiltraríamos continuamente en el mundo de los vivos para dirigirnos a la gente. Sí. Siempre que fuese necesario le recordaríamos cuán poco heroica y qué grandemente miserable, cruel y perjudicial es una guerra.
Solo nosotros podríamos hacerlo. Pues muchos de los supervivientes empezaban ya a ser comprados con pensiones y medallas…

Pero cuando al fin encontramos la manera, empezó todo a torcerse. Los muertos se reagruparon de nuevo por naciones, dispuestos a defender para la suya el honor de ser la primera en beneficiarse del hallazgo.
Discutir quién empezó es en mi opinión tarea vana. Quede para mentes mezquinas. Poco imaginativas, además, pues las recriminaciones que se echan unos a otros son todas parecidas, y todas ocultan la verdad. Eso sí, sin duda harán correr más tinta que buscar al culpable de la propia Guerra del 14. Para más de un francés, todo se estropeó porque un maldito boche se desmarrcó grritando: “empecemos porr mis compatrriotas, pues se les culpó injustamente de la Guerrrra y esa afrrenta a la dignidad nacional merrece ahorra rresarrcimiento”. El sector alemán culpa en cambio a cierto hijo de la Gran Bretaña, que, como buen tendero, quiso anticiparse para comercializar tan magnífica exclusiva -las malas lenguas insinúan incluso que como oferta de lanzamiento realizaba tres demostraciones por el precio de una-. Y esto no acaba aquí: según los serbios, detonó el follón cuando un húngaro se negó a que hablásemos todos a la vez y, sin consultar a Dios ni al Diablo, y apartando a codazos a su propio amigo austríaco, se autoproclamó único portavoz. Y suma y sigue.

Nada de eso me interesa. El caso es que al poco tiempo nos hallábamos de nuevo en lucha y, vete a saber por qué, reproduciendo paso por paso la guerra original. Mas como no podía ser de otra manera, esta nueva pelea -Primera Guerra de los Muertos según algunos, verdadera Segunda Guerra Mundial en mi opinión- provocó los mismos muertos que su modelo, con su propio infierno de excombatientes. Estos repitieron a su vez la maniobra, y así sucesivamente cada cuatro años.

Yo estoy desesperado. Veo otra vez caer a mis camaradas. Y espero resignado revivir eternamente mi dolorosa y cruel muerte. Los chamanes que honrando al nombre de mi pueblo desde el principio me visitaron para traerme nuevas de mis deudos vivos y calmar mi pena, tardan cada vez más en regresar. Pues no solo demoran el inicio de su viaje al tener que elegir en qué infierno visitarme, sino que una vez elegido destino deben hacer un recorrido cada vez mayor porque esto se expande casi tan rápido como el mismísimo Universo. Y es que, amig@ mí@, como en una saga holliwoodiense, vamos ya por la ¡¡¡vigesimocuarta entrega!!!

Solo falta que algún capullo se saque del bolsillo la precuela.

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Fernando Rosales Naya, profesor de historia en el CPI de Baralla y autor del ensayo ” Huyendo de Occidente”, publicado por la Ed. Zaera Silvar (y lo más importante,un querido amigo), ha escrito esta historia para siniestro disfrute de los miembros del Club de las dos lunas. Que lo gocéis, corazones nocturnos.

Joven británica recibe mensajes de su difunta abuela

Una joveimagen británica ha recibido varios mensajes de texto del número telefónico de su difunta abuela, que fue enterrada con su teléfono móvil,según  informa ‘The Daily Mirror’.

Según la información disponible, a Lesley Emerson le gustaba enviar mensajes de texto a sus familiares, por lo que estos tras su muerte decidieron dejar su teléfono dentro del ataúd por ser algo tan significativo para ella.
Además,la operadora telefónica había asegurado a los parientes de Lesley que  el número de la difunta anciana no  volvería a usarse más.

No obstante, tras la muerte de la abuela, sus familiares continuaban enviándole mensajes como una forma de aliviar las penas y de sentirla más cercana hasta que un día a su nieta Sheri empezaron a llegarle respuestas a sus mensajes. “Estoy velando por vosotros, todo está bien, seguid adelante”, decía un mensaje.

Y hasta aquí el misterio paranormal que tanta ilusión puede hacer a soňadores como nosotros, miembros del “Club de las dos Lunas”: resultó que la operadora, tres años después de la muerte de Lesley, entregó su antiguo número de teléfono a otro cliente, y este decidió responder a los mensajes pensando que se trataba de una broma de sus amigos.

 

La luz

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Se despertó con el sonido de un golpe seco contra la madera. Podía haber sonado en su cabecero, en la cómoda, en la puerta o en el armario. El corazón le latía deprisa cuando encendió el flexo que dormitaba sobre la mesita de noche, una de metal recién comprada en una afamada tienda sueca. De ahí seguro que no provenía el sonido.
Escuchó un silencio sólo roto por su agitada respiración. Nada. Ni en su casa ni en la de los vecinos. Todo el mundo parecía dormir a las 3 de la mañana.
– Lo soňaría, pensó. 
Apagó la luz de la mesita y se acostó de nuevo.
Ahora la única luz que se veía provenía de un lugar donde no existía bombilla. Dentro de su armario.

Tontunas a Medianoche: Cortijo Jurado

Si alguna vez pasáis por el pueblo Malagueňo de Campanillas os encontraréis con una de las supuestas Mansiones Encantadas más famosas del país. Este edificio neogótico en ruínas, que en sus tiempos debió de ser ecléctico y hermoso, data del S XIX .

Alrededor de esta casona existen leyendas para dar y tomar. La gente de los alrededores habla entre susurros de muchachas asesinadas, de gritos en la noche, de secuestros, de maléficos riruales con menores. Así que estas ruínas son pasto de curiosos que se arriesgan a caerse o a que se les desplome incluso una pared.

Pues bien, el Ayuntamiento ha ordenado a los actuales propietarios de la finca que deben restaurar este edificio ruinoso, y lo que se proyecta realizar es un hotel. Pero ni obreros ni andamios mantienen a raya a los paseantes y a los apasionados del misterio, que siguen intentando capturar una imagen inexplicable
o un inquietante susurro.  Así que a los operarios se les ocurrió una idea disuasoria y divertida.  No me digáis que no tiene su gracejo!!!

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El limbo de los amantes perdidos, por Danaerys

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Un atardecer Petro y Corel caminaban por el parque de los Abetos Susurrantes. Ambos se amaban pero no se atrevían a confesar su amor. A lo lejos vieron una casa abandonada en la que nunca habían reparado y Corel le dijo a Petro: “Vamos a entrar a ver que hay”. Petro la acompañó. Cuando entraron… escucharon un ruido en el piso de arriba. Decidieron subir. Ya arriba escucharon de nuevo el ruido en una de las habitaciones del fondo del pasillo. Como Corel era muy valiente le dijo a Petro que entrase con ella, pero Petro dijo que no. Entonces se enzarzaron en una discusión. Como Petro no quería perder a Corel, la acompañó. Cuando entraron… Lo que vieron les dejó horrorizados… Lo que vieron fue… A ELLOS DOS MUERTOS EN EL SUELO!! Se asustaron tanto que salieron corriendo de allí. Habían muerto los dos intentando salvarse de un asesino en serie que habitaba en esa casa y ahora ellos sólo eran unos espíritus que estaban condenados a vagar eternamente en los alrededores de esa casa en ruínas. Corel le confesó a Petro lo que sentía y Petro le respondió le amaba, pero ahora ya no servirá para nada….

Aniversario de muerte, por la Dama Negra

Es una noche cerrada cuando un muchacho que vuelve a casa en su coche descubre en el borde de la carretera una chica que hace autostop. La chica parece aterrorizada y helada, por lo que el chaval decide pararse, ayudarla y acompañarla a casa. Como suponía, ella estaba helada, por lo que le presta su chaqueta. La chica no es muy habladora así que es él quien habla casi todo el trayecto.

A la mañana siguiente el muchacho se da cuenta que la muchacha se llevó su chaqueta a casa. Para recuperarla (y para volver a verla, pues le gustó) decide volver a la casa de ella, donde la había dejado la noche. Cuando llama a la puerta una señora no muy mayor, pero sí desmejorada, le abre la puerta. Él le explica lo sucedido y pregunta por su hija. Conforme el relato del chico avanzaba la mujer palidecía más y más. Terminó rompiendo a llorar.

Historias de miedo: El aniversario de la muerte

Tras recuperarse del shock inicial, la mujer le pide un momento al chico, entra al interior de la casa y vuelve al poco tiempo con una foto. Se la muestra al chico. Es una foto en la que sale la chica de la noche anterior. La dama llena de dolor y con la cara llena de lágrimas le cuenta que la chica era su hija. Era. Murió en un accidente de coche un año atrás en la misma carretera en la que supuestamente la encontró. La noche anterior exactamente era el aniversario de su muerte.  El chico, escéptico, va al cementerio a comprobar si es cierto lo que dice. Y allí el terror le inmoviliza y le hace palidecer. Sobre una tumba, la tumba de la muchacha, estaba su chaqueta.