Verónica Giuliani, otra Santa al borde de la hoguera

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Úrsula Giuliani fue una mística italiana que perteneció a la Orden de Clarisas Capuchinas y que ha sido encumbrada como Santa con el nombre que ella misma eligió para sí: Santa Verónica, en recuerdo de la mujer que acompaňó a Cristo en su pasión.

En 1677 ingresó en el convento de las clarisas capuchinas en Città di Castello (Umbría, Italia). Cuando terminó la ceremonia de recepción, el obispo que presidía le dijo a la abadesa: “Le encargo especialmente a esta nueva hija a su cuidado, porque algún día será una gran santa”.
En el noviciado sufrió pruebas espirituales muy intensas y tuvo grandes tentaciones de volver al mundo, pero sometió obedientemente su voluntad a la que ella creyó su vocación: amar a Cristo.

Después de ser ordenada monja pasó por los múltiples oficios de un monasterio, desde el más humilde hasta el más honroso, siendo sucesivamente cocinera, despensera, enfermera, tornera, panadera, sacristana, maestra de novicias y, finalmente, abadesa, cargo que ejerció once años hasta su muerte.

En 1693 tuvo una visión en que Cristo le presentaba un cáliz, simbolizando la Pasión que iba a ser revivida en sus propias carnes. Al principio no quiso aceptarlo, pensaba de sí misma que le sucedían episodios de locura, pero con gran esfuerzo abrió su mente a los dictados de su Dios; a partir de ese momento y hasta el resto de su vida comenzó a experimentar un intenso sufrimiento espiritual y corporal. Es su confesor quién le ordena registrar por escrito sus experiencias místicas, por lo que inició la redacción de su Diario, que consta de 42 volúmenes (¡unas 22.000 páginas en total!).

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Al aňo siguiente se le grabó en su cabeza la seňal de la Corona de Espinas, siendo las heridas visibles y el dolor, permanente. El 5 de abril de 1697,día de Viernes Santo, recibió los estigmas de Cristo en sus manos, pies y costado. En julio de ese mismo año, su propia abadesa, achacándole artes de brujería, la denunciaría a la Inquisición. Esto supuso años de humillaciones y pruebas. Se la obligó a llevar un régimen especial de comidas y a intentar curar los estigmas con diversas técnicas médicas, que terminaron fracasando en todos los casos. Llegaron hasta a practicarle exorcismos. Además se le incapacitó para ser elegida para ningún cargo de la comunidad así como para votar en las elecciones de otras monjas para cargos comunitarios. También fue sometida a estricta incomunicación, prohibiéndole recibir visitas y escribir cartas.

Visto la inocencia de sor Verónica, las pruebas de la Inquisición fueron cesando en número y retirándose poco a poco las prohibiciones. El 3 de junio de 1703 se le devolvió el cargo de maestra de novicias. El 7 de marzo de 1716 se le permitiría ser elegida abadesa, y así lo hicieron las hermanas el 5 de abril de ese mismo año. Ejerció el cargo hasta su muerte, en 1727. Supuestamente, al practicársele la autopsia, en su corazón se encontraron grabadas la cruz y demás instrumentos de la Pasión de Cristo, tal y como Verónica había dibujado en su diario.

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Witch Hunt

“Los susurros del viento también merecen ser escuchados y, a veces, los mejores oyentes guardan las historias entre silencio y oscuridad”.

Noto cómo los tiempos cambian… me lo han dicho las estrellas.
Y, realmente, los tiempos están cambiando continuamente por cada acto de cada hombre, por cada pensamiento, por todo…

Hermosa noche de luna azul…
Una noche tan bonita no debe ser desperdiciada con palabrería inútil, a veces un silencio vale más que mil palabras y, por ello, os contaré una bonita historia sobre una mujer que no podía hablar, pero en cambio, aprendió a volar.

Si mi memoria no me falla… Ocurrió un siglo o dos tras “El Gran Desembarco”, – otra hermosa historia que no contaré esta noche -, ocurrió en la capital portuaria denominada como Malvadia…

Como era y es de esperar, la fe ciega de los humanos en esa “Diosa” suya es enfermiza y detestable. Si su Diosa pidiera que escalaran el monte Aireón, lo harían sin dudarlo… Estúpido.

Pero su fe no está regida directamente por este “ser”, siquiera han llegado a ver o a contactar con ella, si no que tiene un representante, en esta historia, una sacerdotisa.

En Malvadia hubo un joven adinerado en su día, alto y apuesto que estaba enamorado de una muchacha también muy guapa. Su vida era feliz a pesar de la carencia de palabra de ella, ya que era muda y llegaron a vivir juntos años y años sin que nada los estorbara.
Pero claramente, no todo iba a ser así de bueno siempre.

En aquella época se corría un grave riesgo de morir ejecutado no ser un verdadero creyente o simplemente, por ser sospechoso de cualquier acto sobrenatural.
Por aquellos días, ya se habían relatado en libros seres nunca imaginados a los ojos de los humanos que, con los años, se habían escondido de éstos dado a que habían aprendido a tener cautela con sus armas y trampas. Y, entre las mentiras más engañosas de los libros, estaban las brujas que comían seres humanos con escobas y verrugas; los seres más temidos entre las mujeres de aquellos tiempos.

La sacerdotisa no le había quitado el ojo de encima a la enamorada del muchacho desde su llegada a Malvadia, sobretodo por su falta de palabra y sus eternos silencios que la inquietaban enormemente.

Idayla, creo que era su nombre.

Un día, aprovechando la ausencia de Idayla en la casa del noble, -ya que había salido al mercado-, la feligresa irrumpió en la casa de éste para advertirle de sus sospechas de brujería de la muchacha, y, con ellas, su plan para demostrar si de verdad era una bruja o no.
El joven, horrorizado ante la idea de que su amada fuera un ser oscuro, no dudó en dejarle el asunto en las manos de la mujer; esperando que sus sospechas hubiesen sido erróneas.

Días después, cuando la muchacha salía de la casa, se encontró son un grupo de guardias fieles a la Diosa, que la agarraron ante ojos de la sacerdotisa y de su amado para arrastrarla a la empalizada para la hoguera que situaron en el medio de la Plaza Mayor del lugar.
La muchacha miraba nerviosa al joven mientras era arrastrada, esperando que la ayudase ante aquella injusticia; pero él no respondía más que con miradas de terror mientras caminaba al paso de la mujer de ropajes verdes que la había sentenciado.

La arrastraron y ataron al palo rodeado de madera que alimentaron con brea para un arder más rápido; ante las miradas curiosas y acusatorias, casi tan hirientes como el murmullo de la multitud que se amontonaba para ver su final.
Ella no apartaba la vista de su pareja, que la miraba con más horror en los ojos que ninguna otra persona allí presente; y, sobretodo, de la sacerdotisa. Ella la había condenado a morir de aquella manera.

La mujer de verdes ropajes se adelantó, sin apartar la mirada de las lágrimas que caían por el rostro de Idayla mientras sujetaba su libro sagrado recubierto en cuero.

– “Nos hemos reunido aquí para juzgar a esta mujer.” – Comenzó a decir – “ Todos los presentes hemos visto su maña con la alquimia y la poca gracia en el arte del habla. No sabemos nada de ella: Ni sus apellidos, ni su hogar, ni de dónde es o adónde va. No sabemos nada de ella más que su nombre, y demos gracias a que lo llevase bordado en la capa del día en el que puso los pies en Malvadia, porque si no, tampoco sabríamos ni eso sobre ella.
Idayla. Te he estado observando todo este tiempo, y con cada segundo, mis sospechas sobre tus artes oscuras son cada vez más fuertes…

¡Por eso mismo…! ¡Por eso os he reunido aquí, ante ojos de la Diosa para que nos guíe ante una respuesta concreta! ¿¡Es esta mujer una bruja!? ¡Que ardan las llamas, que se eleven hasta el cielo tragándosela consigo! ¡Si muere, que la Diosa la acoja en sus senos, pero, si escapa…” – Hizo una leve pausa antes de señalarla- “… Arderás en el mismísimo Hades cuando una lluvia de flechas se cierne sobre ti! ¡¡PRENDEDLA!!”

Las lágrima de la muchacha iban en aumento. Si hubiera tenido voz, hubiese suplicado piedad tanto como se lo hubiera permitido el cuerpo, pero no podía. Los guardias comenzaron a rodearla, preparando los arcos mientras que otros dos prendieron la madera bañada en brea desde dos extremos opuestos de la fogata.
Y, las llamas, comenzaron a ascender con el cántico de la feligresa:

– “ ¡PENITENZIAGITE! ¡PENITENZIAGE! “- Arrepiéntete, arrepiéntete. – “ ¡OPUS TRANSIT IN OTIUM! “ – La dedicación se convirtió en olvido – “¡PENITENZIAGITE! ¡PENITENZIAGE! “ – Arrepiéntete, arrepiéntete. – “ LA MORTZ EST SUPER NOS! “ – La muerte te cierne sobre nosotros.

El fuego ya rozaba la delicada piel de la chica.

– “ VIRTUS MIGRAT UN VITIM “ -Tu virtud se vuelve vicio- “ NUNC CUNCTA RERUM DEBITA “ -Ahora las cosas son como deben- “EXORBITANT A SEMITA”- Enloqueció y perdió el buen camino- “ ¡PENITENZIAGITE! ¡PENITENZIAGE! “- Arrepiéntete, arrepiéntete- “ LA MORTZ EST SUPER NOS! “ – La muerte te cierne sobre nosotros.

Y, cuando las llamas estaban en su punto más culminante, la plegaria muda de la sacerdotisa se vio interrumpida por un grito. El grito más aterrador que pudieran haber oído jamás. Un grito proveniente de las llamas.
Las mismas llamas de las que emergieron una figura gigantesca negra.
Muchos gritaron, otros huyeron, otros se desmayaron mientras las enormes alas batían fuerte para ascender, escapando de las figuras rojizas danzarinas que habían herido la piel de la muchacha.

Y, sin olvidar la mirada aterrada de la única persona que había amado, se perdió en el inmenso cielo azul de Malvadia para no volver jamás.

 

 

Leyendas escritas en fuego

A todos los que se ríen al oír “brujas”. A los que piensan que son viejas de verrugas en la nariz y escobas sobre las que vuelan en noches de luna llena en busca de niños. A todos vosotros que creéis que los orcos son seres sin corazón y despiadados, a los que pensáis que no hay ser más inofensivo que un hada o una sirena… Me atreveré a acusaros de no saber nada.

Mi nombre es Malon y he vivido más que cualquier hombre o mujer de Malvadia, he habitado aquí desde que los hombres comenzaron a desembarcar en cocas de madera y galeones en estas costas; arrasando todo a su paso: Playas, lagos, ríos, nuestros bosques…

Soy un espíritu sin cuerpo, una sombra, una imaginación para muchos y para otros, una pérdida de cordura. Algunos me llaman “La vigilante del bosque”, otros “Alma perdida”, la gran mayoría me conoce como “Ser del demonio y del mal” – idiotas hipócritas- , pero, sin duda, mi nombre favorito es “La susurradora entre sombras”. Y yo, como tal, mi cometido es susurrar desde las sombras toda historia olvidada para que en el mundo perdure a todos los que me quieran escuchar.

No aseguro que sean agradables; historias de amor con final feliz, pues, desde que tengo uso de razón, los hombres cometen errores y cada vez mayores. Mueren, viven, aman, odian, matan, dan vida… Es curioso que me teman a mí por el simple hecho de no poder verme cuando su enemigo puede ser el mismo con el que comparte lecho…

Sea como sea, si de verdad quieres oírme, escuchar un susurro entre hojas proveniente de la más remota sombra: aquí te espero.

Yo no como uvas , por Terrorífica Arancha

bruja come niños

Esta es una historia que pasó hace muchos años. Era un 31 de diciembre. Fin de año.Despediamos el año 1983. Yo estaba muy contenta:  estrenaba vestido .  En la aldea de mis tíos estaba toda la familia y nosotros  jugábamos por el campo. Eramos pequeños,  teníamos ganas de explorar. Fuera de la casa había una carretera muy estrecha al otro lado había bosque. Pedimos permiso para ir a dar una vuelta,  prometiendo no alejarnos , algo que no cumplimos. “¡A las seis de vuelta! ” me dijo mi madre,  ” que teneis que vestiros que antes de cenar  porque vamos a ir al pueblo a dar una vuelta”.  Por el camino mi prima Sara  tropezó y cayó;  Iago,  sin parar de meterse con ella,  se reía.

De repente una especie de sombra nubló el cielo y caímos en un socabón a un sitio oscuro y amplio, como una cabaña enterrada bajo el suelo. En ella había una anciana, que  con cara de pocos amigos se acercó a Fátima e,que era la que mas temblaba de todos ,y le dijo: ” tienes trabajo , ponte a hacer el pollo que hoy es nochevieja “. Fátima se puso a cocinar .  La bruja contó e hizo cálculos mentales : ‘sois quince’ dijo . ‘cuánta familia’  , añadió . ‘Pues mira , para empezar el año les voy a regalar a vuestros padres una reducción de niños:  quince sois, tras esta noche a las doce, tres me sobraréis. Ahora,  poneros de acuerdo. “

Teníamos que huir,  cosa que parecía imposible. Nos encerró en una habitación , no sabíamos nada de Fàtima. Pasaron las horas , de repente nos sacó. Había mucha comida:  pollo, patatas, ensalada ,marisco…Fátima estaba llena de moretones y le sangraba un labio y estaba muy despeinada. Teníamos ganas de llorar,  no sabíamos ni donde estábamos, era imposible huir. Dijeron en la tele en blanco y negro,  que quedaban quince minutos para las campanadas. Nos eligiò al azar:  “cuáles estarán mas ricos?” murmuraba sin parar . “Esa ya está medio adiestrada así que será mi sirvienta”. Todos nos pusimos a temblar,  se acercò a Iago  diciéndole : hueles bien, tù seras uno de los que coma hoy a las doce,porque ¡¡yo no como uvas!!!

No se cómo ni por qué me dió un impulso en lo que cogì a Sara del brazo y salimos corriendo a través de una leñera por la que noté que entraba mucha corriente. Ella nos intentó parar e incluso seguir. Era muy lenta,bueno algo gordita sí que estaba .  “¡¡No podemos dejarlos atrás!!! dijo Sara.  “¡¡Venga, corre, nos ayudarán en casa !! le respondí. Llegamos a casa sin aliento y sangrando por los cortes que nos habían hecho los maderos; quedaban tres minutos para las uvas.  Mis tìos y mis padres no paraban de llorar.En segundos les contamos lo sucedido: salieron a buscar a mis primos. Mi abuela, que ya era muy mayor,  nos dijo que había leyendas sobre esa bruja y alegó que jamás la encontrarían ,que tenían suerte de que al menos escaparamos dos,que las malas lenguas contaban que a lo largo de los  años sucedìa lo mismo,  que siempre había algún despistado que desaparecía en el bosque.

“No,abuela,sí que los pueden encontrar, nosotras hemos huído tras lanzarnos contra la leñera…” – “Sentiros afortunadas porque muchos niños mueren en el intento , por suerte yo fui otra afortunada pero nadie me creyó”, susurró.  

Y en la tele , anunciaron el inicio del nuevo año.

La cuna que se mueve…., por Danaerys

Image by Ailinon

El bebé se quejó incómodo. La habitación estaba oscura, pero Luciano, que había escuchado el quejido de su hijo, no encendió la luz porque la cuna estaba al lado de la cama. Estiró el brazo para mecerla un poco, mas apenas pudo arañar el borde de la cuna.
Había hecho eso medio dormido, pero al notar que no la alcanzaba despertó completamente, un poco alarmado incluso. Se sentó en la cama y encendió la lámpara de la mesilla. En efecto, la cuna estaba más apartada.
En ese momento la esposa de Luciano también se despertó, y al ver a su marido meciendo la cuna le preguntó en voz baja:

– ¿Se despertó?
– No, pero casi, se estaba quejando. Parece que alejé la cuna sin querer, porque no la alcanzo desde la cama, pero ya la acerqué. Mejor sigue durmiendo que en cualquier momento se despierta .

Ella siguió su consejo, se dio media vuelta y quedó dormida. Él se acostó y apagó la luz. Ahora no tenía sueño, y con los ojos cerrados escuchaba la respiración de su hijo.
Pasaron los minutos, media hora, una hora, y él seguía despierto, aunque estaba inmóvil y con los ojos cerrados. Algo lo mantenía alerta, era el asunto de la cuna; aunque la hubiera empujado muy fuerte sólo la hubiera mecido, no podía haberla movido, pero, ¿qué otra cosa podía ser?

De pronto escuchó un ruido apenas perceptible, después un leve chirrido. Estaban corriendo la cuna, la estaban acercando a la ventana. Luciano encendió la luz y se levantó al mismo tiempo, y fue tan rápido que lo que intentaba robar a su hijo enganchando la cuna con un dedo larguísimo que había estirado desde la ventana entornada, aún se asomaba tras el cristal, y era una anciana espeluznante de cabellos electrizados y ojos completamente negros, diabólicos: una bruja. La mujer, al verse descubierta replegó el dedo que había alargado con su magia, para inmediatamente  perderse en la oscuridad.