La luz

image

Se despertó con el sonido de un golpe seco contra la madera. Podía haber sonado en su cabecero, en la cómoda, en la puerta o en el armario. El corazón le latía deprisa cuando encendió el flexo que dormitaba sobre la mesita de noche, una de metal recién comprada en una afamada tienda sueca. De ahí seguro que no provenía el sonido.
Escuchó un silencio sólo roto por su agitada respiración. Nada. Ni en su casa ni en la de los vecinos. Todo el mundo parecía dormir a las 3 de la mañana.
– Lo soňaría, pensó. 
Apagó la luz de la mesita y se acostó de nuevo.
Ahora la única luz que se veía provenía de un lugar donde no existía bombilla. Dentro de su armario.

Anuncios

Los hombres del armario

 

Nos mudamos a esta casa cuando nació mi segunda hija. Los niños, pequeños, aún duermen juntos pues se encuentran muy a gusto en compañía, sobre todo el mayor, que tiene la cualidad de velar por la pequeña, mimándola y…  cerrando todas las noches el armario que linda con su cama.

Me resultaría divertida su costumbre si no llega a ser por lo que sucedió ayer por la noche, incidente que me ha llevado a escribir este relato.

Desde que nos trasladamos, mi niño jugaba en la habitación, pero pronto no quiso estar allí solo porque decía que había un hombre malo en el armario. Yo lo achaqué a chiquilladas, a miedos infantiles que se disiparían con el tiempo, pero no fue así. Mi hijo tenía pavor al hombre malo, un señor que le decía que se metiese con él en el armario, que si no lo hacía se llevaría a su hermanita. Nos lo contaba llorando como un alma en pena. Mi marido y yo no sabíamos qué hacer para calmarlo, hasta que decidimos trasladar el armario y así se lo comunicamos. Pero no hizo falta.  Mi pequeño, muy excitado, nos contó al día siguiente que un señor bueno había echado al hombre malo, y que el señor bueno sabía juegos muy divertidos, que quería seguir teniendo el armario en la habitación.

Menos mal, fue un alivio para nosotros. A partir de ese instante, todo fue como la seda. Hasta ayer. Y no es que sea nada malo, al contrario, pero estas cosas siempre intimidan, entendedme.

Recuperé uno de mis muchos álbumes de hace años y puse a mi hijo en el regazo. Pasamos unas cuantas láminas y entonces gritó: ¡¡el señor bueno, el señor bueno!! ¡¡este es el señor bueno de mi armario!!

–          Cariño -acerté a decir camuflando las lágrimas-  este es tu abuelo. Es mi papá. Mi padre, que se fue a una estrella sin llegar a conocerte.

Por la Dama de la Luna.

Pinkie, la del armario amarillo

by_FreakyDarlingx 

Es, posiblemente, la Leyenda Urbana menos conocida. Es, sin duda alguna, la más terrorífica. Pero… empecemos por el principio.
Un día de lluvia, una estudiante, tras tener una pelea con unos estudiantes de cursos superiores, estaba huyendo de ellos, que la perseguían. Pero resbaló, y, tras una fatal caída, los veinteañeros la cogieron y la encerraron en el armario más pequeño y extraño del colegio, el armario del bedel, que era muy conocido en todo el centro por su peculiar color: era un armario de color amarillo chillón. Todo ocurrió muy rápido, de forma que el bedel no se dio ni cuenta. La chica sangraba, y las heridas le dolían tanto que no podía ni hablar. Siguió en esa agonía hasta el día siguiente, cuando a encontraron muerta, bien porque se había desangrado, bien por asfixia, o bien por unas extrañas marcas en la vena yugular…
Curiosamente, al día siguiente, uno de los matones se cayó por las escaleras y se dio en la nuca. Intentaron de todo, pero en vano: estaba muerto. Al día siguiente, que, casualmente, era Martes 13, dos de los matones fueron secuestrados en un callejón de los barrios bajos, y nunca se volvió a saber de ellos. Quedaba tan solo uno: el más bruto, el más salvaje. Últimamente había tenido un par de pequeños percances, pero nada importante. Tuvo que pasar un año entero, hasta el siguiente Martes 13, para que ocurriese: un brutal accidente de coche lo mató, junto a su novia y a su padre. Semanas más tarde, la madre se suicidó.
El bedel acabó dimitiendo. Oía ruidos, veía sombras frías y oscuras, y, de vez en cuando, cuando se quedaba algún rato mirando hacia el armario, acababa sumido en un profundísimo sueño. Desde aquel día, no pudo volver a mirar a nada que fuese de ese color maldito para él, el amarillo. Se cree que por eso en la ópera y el teatro, el amarillo da mala suerte.
Pinkie, que así se llamaba la joven, falleció por una brutal pelea debido a  un mísero pintalabios… un pintalabios rosa. Se lo habían quitado para burlarse de su nombre, pero la broma terminó en tragedia.
Pinkie no está muerta. Está vivita y coleando. Bueno, más que coleando, sangrando.
Si en un Martes 13 vas completamente vestido de amarillo y abres un armario sin nadie alrededor, se te aparecerá Pinkie y será tu amiga. Si un Martes 13 llevas alguna prenda rosa y abres un armario sin nadie alrededor, Pinkie te meterá en el armario y te matará, para que sepas lo que le dolió la, no me atrevo a llamarla así, “broma” del pintalabios rosa. Y pobre de ti si en un Martes 13 te ríes de su nombre o de cualquier otra cosa rosa y estás cerca de un armario, porque entonces, te matará y te engullirá…

Si te ocurre alguno de estos incidentes con Pinkie, no serás el primero… ni el último en caer en sus garras.