Alice Human Sacrifices IIII: Corazones

La última alice, realmente, eran dos. Dos pequeños gemelos de menos de doce años que aparecieron así como así en el Wonderland. No se les había dado indicaciones, no sabían qué hacían allí, no sabían nada del sueño ni de las otras tres Alices.

Simplemente, vagaban.

Y, sin rumbo, llegaron hasta uno de los lugares prohibidos; la puerta roja de las picas. “¿Qué habrá aquí?” preguntó la menor alargando el brazo al picaporte de la puerta. “No toques” le dijo el hermano inútilemente.

Y, debería haberle hecho caso. Debería haber dado la vuelta, no haber abierto aquella puerta, no debería haber mirado, no debería haber entrado al sendero de espinos, no debería haber seguido el reguero de sangre de la Alice de las picas, no debería, no debería… pero lo hizo.

El pequeño sueño, acabó feliz. Por lo menos uno acabó feliz en esta horrible historia, pero cierta. Los gemelos nunca volvieron, al igual que ninguno de los otros. Encerrados para siempre, dentro del sueño, en el Wonderland.

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Alice Human Sacrifices III: Tréboles.

La siguiente Alice era una chica  grácil, joven y , muy, muy hermosa, sin duda, además.

No intercambiaron palabra, simplemente, él, se acercó por su espalda y, ella, se giró y le dio la mano, sonriendo. Siempre dejándose llevar, era muy elegante y frágil. No rechistó cuando le dijo lo que debía de hacer, respondió, de nuevo, con una sonrisa…

La pequeña niña comenzó en la peor de las miserias, pero, poco a poco, se dió cuanta de cómo ascender para llegar a la Alice, sirviéndose de su belleza.

<< Llegaré a ser la Alice conquistando los corazones de todos los hombres con mi belleza; el de las mujeres, con mi encanto y el de los niños, con mi sonrisa, así, podré llegar a ser la Alice>>

Y, en efecto, poco a poco llegó a cargos mayores, hasta que, el rey llegó a oír sobre su belleza y la tomó como esposa.  Pero, pocos meses después, la jóven y grácil reina, se quedó viuda, reinando sobre el Wonderland ella sola.

Pero, el niño, cansado de sus estupideces, de que llegase tan fácilmente al poder, de que cautivase a todos los hombres que podía, cansado de la rutina de la pesada reina, envió, con sus poderes, a un hombre, que se materializó en forma de uno de sus mayordomos.

Un día, la joven reina, se sentó a la mesa, a tomar el té y, el siervo, se lo sirvió como todas las mañanas, pero, cuando ella se lo bebió, no sonrió con dulzura, satisfecha como siempre; si no que, parecía distinta.

– ¿Pasa algo, mi señora? – Le preguntó una criada.

– ¡¡¡DEJADME, NO OS ACERQUÉIS, DEJADME, FUERA, FUERA!!! – Gritaba la muchacha de tréboles, mientras subía las escaleras del largo pasaje hasta la torre más alta de aquel castillo. – ¡¡DEJADME, NO  OS ACERQUÉIS!! – Fue lo que gritó antes de desaparecer en la oscuridad de la alta torre, donde, la reina perturbada, se encerró por siempre, sin mostrar señales de vida, nunca más.

Alice Human Sacrifices II: Diamantes

A la segunda Alicia, el pequeño sueño se la encontró en un escenario. Cantaba ante mucha, muchísima gente  y  parecía gustarles.

No se resistió ante el pequeño sueño quendo le susurró “<<Sígueme, vente conmigo…>> “, ni cuando se quedó solo, tampoco enloqueció y comenzó a matar a gente cuando el sueño lo abandonó en la palza, la cual había conseguido recobrar el gentío y el ruído a pesar de las pérdidas.

Con su encanto, consiguió ganarse a Wonderland, con sus cantos, sus gorgoritos, sus altos y sus bajos, con todo su talento, consiguió ganarse a la gente, hacerse grande y conocido en aquel extraño lugar, pero, a él le gustaba.

“Yo llegaré a ser la Alice a través de mis canciones… conseguiré ganarme a la gente, así, me proclamarán la Alice y podré salir de este lugar” Pensaba.

Pero al pequeño sueño, tras muchas muchas canciones, comenzó a aburrirse de él y empezó a pensar que alguien que sólo sabía cantar, jamás llegaría a ser la Alice, así que, con su poder sobre aquel lugar, en ese momento un mundo de color azul, mandó a una melodía macabra.

Aquella melodía, consiguió introducirse en la cabeza del muchacho de pelo oscuro y ropas claras, y, perturbando su canto, consiguiendo que únicamente escuchase aquella melodía, la única capaz de cantar, de oír, de sentir…

La misma melodía que lo hizo enloquecer, irónico, el cantante perturbado por su propia melodía…  Y, aquel cantante, el muchacho tan delicado como una rosa, agarró el arma, acercándoselo a la cabeza y, dejando así, una rosa carmesí en la pared.

Alice Human Sacrifice I : Picas

Éste era un pequeño sueño, un sueño tan, tan pequeño que tenía miedo de desaparecer. Así que, como remedio, se puso a pensar y pensar en cómo enmendar esto.. Y se le ocurrió, reclutar a gente para encerrarlos en sí mismo para no desaparecer nunca.

La primera persona a la que visitó era una muchacha alta, de pelo corto, castaño, y ojos tan rojos como la sangre, la misma sangre que había en el campo de batalla del sueño que libraba.

Al ver al pequeño niño, le gritó y gritó para que se fuese, la guerra no era lugar de niños. Pero el pequeño sueño se limitó a sonreír.

Cuando se quiso dar cuenta, la chica ya no vestía armadura, si no un vestido de seda del mismo color que sus ojos, llevaba la espada y en su mano, tenía grabada una pica, también roja. Tampoco estaba en el campo de batalla, si no en una pequeña plaza de una ciudad medieval.

Miró a su alrededor, buscando al pequeño niño, pero éste se había desvanecido. Entonces, oyó algo.. 

-“Si del sueño quieres salir, en la Alice te debes convertir…”-

¿Alice? Se preguntó…. Pasaron horas y horas, pensando en cómo convertirse en la Alice de aquel lugar sin que se le ocurriese nada.  Miró a una pequeña niña que corría por la plaza, en persecución de un gato blanco.

-“¡Claro!”- pensó – “¡Si soy la única de este lugar, soy la única que podría ser la Alice”..- Y, sin demorarse, sacó la espada. La sangre corría rápidamente entre las piedras marrones y grises del suelo, la gente gritaba, pero nada le importó.

-“Alice, debo llegar a ser la Alice para salir de aquí”.

A mucha gente mató, sí. Pero, cuando estuvo ella sola en la plaza, el pequeño sueño se le apareció delante, entre los cadáveres. Negó con la cabeza.

– “Tú no debes de ser la Alice, no, no..” – Un gesto, un gesto le bastó para hacerles aparecer en un bosque, muy muy oscuro, por el que el camino, era sangre, tan roja como los ojos de la mujer de la pica.

Y, de nuevo, se quedó sola, pero esta vez, no para bien. Los árboles de espino, la agarraron y comenzaron a tirar de ella hacia sí, mientras ésta se arrastraba, gritaba y pedía socorro. Pero de nada le sirvió, por eso, la primera Alice, ya murió.