La saga del Fénix, V

La muchacha torció la boca con desagrado.

– ¿Se puede saber adónde me estás llevando…? No veo ningún manzano… Realmente, no veo nada. -Entrecerró los ojos, colocando la mano sobre éstos para hacer el amago de intentar ver entre la espesa neblina que nos envolvía; ello consiguió que blasfemase entre dientes, maldiciendo las estupidez humana.

No respondí a su pregunta, estaba demasiado atenta a su estado que esperaba que poco a poco desmejorase; pero no parecía ser así y ello me preocupaba.

– Estamos cerca. -Sentencié. A confesar la verdad, la mantenía caminando en círculos a la espera de que cayese de un momento a otro al suelo, sin vida; llevábamos un buen rato de la misma manera, pero no había síntomas de que la neblina le afectase. ¿Se habría deshecho la maldición?

No. No podía ser así, era imposible. Imposible.

Entonces…

– ¿Malon? -Dijo la muchacha, desorientada.- Malon, no dejes de hablar, no sé dónde estamos…

– Estoy aquí, estoy aquí. -Respondí al momento con cierto tono de resignación. Aún mantenía la falsa sensación de sorpresa, con lo que opté (tras unos instantes en silencio, de nuevo) por preguntar finalmente.- ¿Se puede saber quién eres tú, “humana”?

– Ohm, cierto; disculpa mi mala educación. -Posó la mano derecha sobre el pecho y desvió la mirada cara el último lugar en el que mi voz había retumbado antes de llegar a ella.- Mi nombre es Savior.

 

La bruma que absorbe vida

 ¿Sabes qué sonido se escucha cuando los árboles lloran?

 Si hubiese tenido cuerpo, el escalofrío me hubiese recorrido el espinazo de arriba abajo cuando el grito de dolor del bosque llegó hasta mis inexistentes oídos, obligando a pararme en seco, horrorizada por lo que acababa de oír.

– ¿Pasa algo, Malon? – Preguntó la muchacha al ver que mi voz había cesado de hablar.

– ¿No… No lo oyes? 

– ¿Oír? ¿El qué?

– ¿N-no has oído el grito? – La muchacha negó con la cabeza, confusa. ¿Cómo no podía haber oído algo como aquello? Aterrador y penetrante como la mirada del mismísimo diablo, un grito sacado del infierno; de las llamas. ¿Cómo podía ser ajena a ello? ¿Quién era aquella humana que siquiera recordaba cómo había acabado en mis dominios…? 

 Antes de poder gesticular palabra de nuevo, volví a fijar mi etérea mirada en el punto que señaló la chica; el cual estaba siendo invadido por una espesa bruma amoratada que surgía de entre los árboles.

– ¿Qué es eso? – Dijo sin bajar la mano. 

– Niebla. -Respondí, aún un poco atacada.

– Eso ya lo veo, pero, ¿es normal que esté ahí?

– Si y no. – Comenté a la par que arqueaba una ceja, en expresión de duda. – No hace falta que pongas esa cara. Estoy yo más extrañada que tú. 

– ¿Puedes explicarte?

– Esa bruma rodea las ruinas del castillo al que te guiaba. Deja señal de la maldición que lo rodea. Más, saliendo del punto en el que estábamos, deberían de quedar dos días de camino aproximadamente. – Había fallado en mis cálculos… No era algo natural, pues, conocía el bosque de lado a lado; cada árbol, cada palmo, cada hoja… era capaz de reconocer cada piedra del camino. No era posible.

 Todo ocurría demasiado deprisa, y, todo desde que aquella estúpida humana había irrumpido en mi hogar sin previo aviso. No me fiaba de ella. Para nada. ¿Y si era el enemigo? ¿Y si ella había traído de vuelta al Fénix?… Nada cuadraba, ¿qué persona es capaz de llegar a un sitio sin recordar haber recorrido el camino hasta él? ¿Qué ser en Malvadia no es capaz de recordar la leyenda del Fénix? Necesitaba su ayuda, no lo niego. Pero no me arriesgaría.

– ¿Te has equivocado, entonces? – Espetó interrumpiendo mis pensamientos, con un tono casi tan burlón como la sonrisa que se había dibujado en sus labios. – No eres tan sabia, después de todo. – Volvió a escudriñar la mirada cara la neblina. – ¿Puedo pasar entre la neblina sin que me pase nada? – Preguntó preocupada.

 Aquella neblina absorbía la vida de aquel que se adentraba en ella. Poco a poco, morías lentamente… pero únicamente si eras un verdadero humano.

 Si mis sospechas eran ciertas, llegaría hasta el castillo sin daño alguno; más, si es humana, caería muerta antes de poder ver siquiera un pedrusco del que fue, en su día, hogar de un Rey.

– Tú simplemente pasa – Dije. – Cuando lleguemos, verás un manzano. Ahí, podrás reponerte de víveres.

La profecía del fénix~The prophecy of the phoenix

 El lago de los dragones ya se hiela,

 los demonios del bosque salen.

Las sirenas caminan sobre la tierra

y aquellas almas que estaban muertas,

despiertan de las profundidades.

 The dragon’s loch is getting cold,

 the demons leave the forest.

The sirens will start to walk on earth

and the ones who once were dead,

wake up from the deepest dephts.

phoenix

Inspirado en La Saga del Fénix, por Malon.

La saga del Fénix IV: Llamas de color coral y carmesí

Alanna posó la mano sobre el morro de su compañero mientras le ofrecía una de las manzanas que había recogido de las ramas más bajas de uno de los árboles cercanos hacía poco más de unos instantes.

El prado que los rodeaba a ambos compuesto de verde hierba parecía resplandecer cuando se dejaba mecer por la suave brisa, creando un agradable sonido bastante relajante que, junto al masticar del unicornio, era lo único audible en los alrededores desde hacía rato.

La muchacha sonrió, sin darle mucha importancia mientras su amigo se acababa la fruta con tranquilidad. Por lo menos hasta que la sombra surcó violentamente el cielo, convirtiendo la agradable brisa en una fuerte corriente que consiguió encabritar al animal.

Abrió de par en par los ojos cuando las -hasta entonces- tranquilos entes luminosos salieron de entre del verde mar de hierba, volando confundidas de un lado a otro mientras que el nervioso animal coceaba al aire en un intento desesperado por combatir el agarre de las riendas de su ama.

– ¿¡Dragones!? – Chilló espantada – ¿¡Qué hacen los dragones tan al norte…!? – Se giró con brusquedad cuando la enorme sombra sobrevoló la zona una segunda vez y, entrecerrando los ojos, hizo el esfuerzo de intentar identificar al animal con dificultad, ya que su compañero seguía relinchando con violencia y, tras unos instantes lo vio.

No a la figura, ni mucho menos. Si no como, fuera lo que fuese aquello, abría las fauces de par en par, dejando caer tras de sí un rastro de fuego de color coral que crepitaba a medida que se impregnaba a los manzanos de alrededor tornándose carmesí.

Alanna observó cómo miles de los entes que habían hecho acto de presencia con la brusca ráfaga de viento, sobrevolaban batiendo las diminutas alas en dirección contraria al fuego que comenzaba a invadir parte del Prado de las Mil Lunas en un baile frenético de luces de suaves colores.               Sacudió la cabeza, tirando de las riendas de la criatura ala par que comenzaba a correr siguiendo a las decenas de hadas que huían del fuego creado por la criatura alada que los acababa de sobrevolar, pero el animal estaba incluso más asustado y nervioso que ella, con lo que consiguió zafarse de su agarre con un simple tirón provocado al acelerar su galope; dejando a la pobre muchacha atrás.

La chica chilló cuando la horrible criatura pasó sobre ella, soltando de nuevo otro río de llamas tras su paso y, dejando así, a Alanna -junto a muchos de los entes que no habían conseguido escapar a tiempo-, rodeados por el fuego.

Fuego del que surgió una sombra. Humana… O casi.

La Saga del Fénix, III: Rumbo a las ruinas del Bosque de los Oscuros

La muchacha caminaba a tientas entre la bruma del bosque, palpando los troncos de los árboles con una mueca de cansancio.

Su respiración entrecortada se mezclaba con el mecer de las hojas y el cantar del viento que solía pegar fuerte en aquellas tierras desoladas.

– ¿Cuán…Cuánto queda para salir de este bosque…? – Preguntó de repente. ¿Cómo que cuánto quedaba para salir?

– ¿Cómo no puedes saberlo? ¿Es que no atravesaste el bosque antes de llegar a mí? – Negó con la cabeza. – ¿Y cómo has llegado hasta aquí sin atravesar las ruinas? – Dije en un tono que delataba mi curiosidad; para llegar hasta mí deberían atravesar el Bosque de los Oscuros y, en caso de querer atajar -como suelen hacer los estúpidos humanos-, deberías atravesar las ruinas de un castillo -las cuales se rumoreaba que estaban malditas-.                                               La única manera paralela a esta, era escalar los acantilados situados a la derecha de mi bosque.

Se encogió de hombros a la par que maldecía por lo bajo.

– Tres días si no nos desviamos del rumbo. – Respondí.

– ¿¡Tanto!? ¡P-Pero no tenemos comida ni agua!

– ¿Y para qué quiero yo eso? – Frunció el ceño.

– ¡Quizá tú no necesites nada, pero yo tengo que comer y beber para vivir! ¡Si no tuviese cuerpo como tú, tampoco lo necesitaría!

– ¿Y de dónde quieres que saque yo víveres? ¡Aquí no hay animales, y el río más cercano está a una semana a caballo de aquí! – Comenté molesta sin dejar de avanzar, pero me vi obligada a pararme cuando oí el desplome de la chica, desesperada a aquellas alturas.

– ¿Quién me mandaba venir aquí? – Protestó- Maldita sea… Voy a acabar muriendo antes de salir de aquí…

– Te dije que no me ocuparía de ti. No soy niñera de nadie. – Mascullé. Pero la necesitaba viva. – ¿No has traído nada? – Volvió a negar con la cabeza. – Pues tendremos que acercarnos al castillo.

– ¿Castillo? – Preguntó mientras que una chispa de esperanza se iluminaba en su mirada.

No di explicaciones, torné mi camino cara el oeste.

– Muévete o te perderás.

La saga del Fénix, II: El espejo de Miradel el Trastornado

Hilda colocó bien la capucha de la capa de colores oscuros sobre la cabeza.

– << El bosque no miente >> – Pensó antes de darse la vuelta, apoyada sobre su enorme bastón de roble para observar las aguas del lago Miradel El Trastornado.

Las pequeñas botellas atadas al báculo, tintinearon cuando removió las oscuras aguas de éste con su apoyo de madera para observar lo que depararía el cruel destino y, una vez perdidas las ondas del agua, se pudo apreciar el reflejo de sus labios fruncidos en una mueca de preocupación.

– ¿A qué has vuelto esta vez? – Preguntó en un susurro al lago – ¿Con qué fin vuelves a pasear tus llameantes alas por nuestros cielos? – Planteó sin respuesta – Y lo que es más importante… ¿Cuántas vidas nos costará esta vez?

¡×l

– ¡Maldita humana! ¿No puedes ir más despacio? – Espeté en tono sarcástico – ¡A este paso el Fénix se nos adelantará! ¡Haz el favor y date prisa!
– ¿Más aprisa…? Llevamos tres horas caminando sin descanso, para un ser incorpóreo es fácil decirlo, pero para una “estúpida humana” no es tan fácil.

Dejé escapar una maldición por lo bajo, cediendo a regañadientes ante la propuesta de pararnos a descansar.

– No nos pararemos demasiado, aún queda mucho camino hasta Malvadia.
– Está oscureciendo.- Me replicó la muchacha – No es seguro pasearse por unas ruinas malditas a ciegas.
– Pero pararse a dormir en ellas es mucho más seguro, ¿no?
– Si me matan, que sea durmiendo.
– Tsk… Humanos…

A veces la joven me daba hasta pena.
Humana… con necesidad de dormir y comer, con cansancio y sed, un blanco fácil de herir… blandengues, estúpidos, lloricas y cobardes. La peor de las maldiciones.

Volví a quejarme entre dientes cuando la vi sacando la cantimplora de cuero para beber, revoloteando a su alrededor mientras musitaba una ruta rápida hasta la capital. Era curiosa la facilidad de molestar a un humano, volviéndose loco intentando seguir mi voz… ¿No son conscientes de que por mucho que escudriñen con la mirada no van a ver rastro de cuerpo alguno?

Su idiotez no tiene límites.

– ¿Has acabado ya? -Comenté en tono borde.
– Si, si… Ya voy…
– Más te vale moverte. Si te quedas atrás y mueres, no me haré responsable de tu cadáver.

 

La Saga del Fénix I: Nuevas traídas entre las hojas

¡Shhh…! No hables.

Me temo que hoy no puedo contar una de mis historias convencionales, ya lo lo dije: ¡Los tiempos están cambiando! Y es mi deber relatar estos cambios.

Tranquilízate, deja de mirar para todos lados intentando seguir mi voz. Estoy inquieta, muy inquieta y me temo que no me mantendré en reposo ni un segundo más.

¡Shhh! ¡Te acabo de decir que guardes silencio! ¡Intento escuchar lo que me intentan decir los árboles!

También están inquietos. Esto no es buena señal, oh, claro que no lo es.

¡Por los dragones plateados de Mhyr! ¡Esto es un desastre! ¿¡Cómo puede haber ocurrido!?

¿¡Cómo que qué pasa!? ¡¡Estúpido humano!! ¿¡No oyes a los árboles!? ¡¡Acaban de aparecer!! ¡¡Él ha vuelto!!

¡¡No, no me voy a tranquilizar!! ¿¡No sabes lo que significa que haya vuelto!?

¡¡Por las calabazas de Marsipiosa!!

¡¡Se le ha visto en el paso entre el Norte y el Sur de Malvadia!!  ¿¡Que qué ocurre!?

¡¡Ocurre que los muertos volverán a levantarse, que los demonios de los bosques comenzarán a comerse a estúpidos humanos como tú, que el Lago de Fuego de la isla de Dragones se helará, las sirenas tomarán la tierra, los dragones se matarán entre sí, el mismísimo Holandés Errante temblará desde los mares…!! ¡¡Esto es un desastre!! ¡¡Él, tenía que ser Él!!

¿¡Que quién!?

¡¡No tengo tiempo para darte explicaciones!! ¡¡Humano, necesitaré tu ayuda!! ¡¡Debemos volver a Malvadia y hablar con Dama!! ¡¡Raudo!!

¡¡ El Fénix ha vuelto !!