Naturaleza insólita: el tiburón duende.

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Tiburón goblin

Terrorífico y real, el tiburón duende puede llegar a medir 3 metros y a pesar 150 kilos.

Esta extraňa especie de tiburón no fué descubierta hasta fines del S XIX debido a que su hábitat se reduce a aguas profundas, concretamente partir de los 200 metros de profundidad. Su peculiar cabeza cuenta con un prolongado hocico y con unas mandíbulas que, por si no fuesen atemorizadoras ya de por sí, son  capaces de desplazarse fuera de su boca. Esta capacidad es de enorme utilidad en aguas profundas ya que este tiburón se orienta, como muchos peces abisales, por electro-receptores situados en su cabeza, que le sirven para capturar presas como calamares o pulpos antes de que las otras criaturas puedan detectarlo.

Fascinante y temible, ¿verdad?

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La sirena (leyenda de Cornualles)

Hace tiempo, los habitantes de Cornualles solían peinar las arenas de las playas por si enredadas en ellas había objetos valiosos arrastrados por el mar. Cornualles, la tierra de Ygraine, esposa de Uther Pandragon y madre de Arturo, es hemosamente cruel, rodeada de una sanguinaria costa rocosa, testigo de muchos naufragios. Un día, Lutey, un pescador que buscaba alguna moneda, descubrió una hermosa sirena varada en un charco. A ella le fue fácil convencer al pescador para que la devolviese al mar. Lutey era buena persona, así que además la sirena le otorgó tres deseos. Él pidió tener la facultad de romper los embrujos, conocer como sanar a los demás y tercero, que estas dos bondades las heredasen sus descendientes.

La sirena le concedió complaciente esos tres deseos y en vista de que había elegido con desinterés y sabiamente, le regaló estos dones: primero, que nadie de su familia pasaría necesidad jamás y segundo, un peine con el que si alguna vez él acariciaba la espuma de las olas ella aparecería. Lutey le besó la mano y la llevó gentilmente al mar.

Ahora bien, el hombre era muy guapo y fuerte. La bella sirena no sentía ganas de que la bajase de sus brazos. Cuando llegaron a la orilla del mar ella le suplicó que se metiese un poco más en el agua, aferrándose a su cuello. Su voz era tan suave y líquida y su cuerpo tan leve y suave que Lutey avanzó en el mar y se hubiese perdido para siempre si su perro, que se puso a ladrar desesperado, no hubiese roto el encantamiento recordándole a su esposa e hijos. Entonces la sirena se aferró a él queriendo arrastrarle al mar pero él, aunque jamás la heriría, la amenazó con un cuchillo.
El hierro es un repulsivo para las hadas y sirénidos, así que ella se lanzó al mar gritando:
“¡Adiós, adiós!
¡Que sigas bien, mi amor!
Nueve aňos esperaré por ti
y te llevaré en mi corazón, amor.
¡Entonces, volveré!”

En esos nueve aňos se cumplieron todos los deseos de Lutey. Hay que decir también que su familia y descendientes se hicieron famosos sanadores.
Pero el eco de la promesa de la sirena sobrevolaba las orillas del mar. Una maňana en la que Lutey se encontraba pescando con uno de sus hijos, la feérica criatura emergió de las aguas para sumergirse de nuevo. Lutey besó a su hijo y le dijo: “ya es la hora. He de pagar mi deuda”.
Así que el hombre acarició las olas con el peine de plata y se lanzó al mar en pos de la argéntea sirena. Nunca más se le volvió a ver.

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Mundos perdidos: La Atlántida

Seguro que todos hemos oído hablar alguna vez de la Atlántida, posiblemente el no continente, sino mundo perdido. La leyenda más popular, que después se ha ido deformando con el paso de los años, de una forma muy resumida, cuenta que Poseidón, en vista de la gran familia que poseía, decidió crear una isla suficientemente grande como para albergar a toda su familia, que se instaló y prosperó allí felizmente, hasta que varios parientes de Poseidón, ya nacidos en la isla, comenzaron a ser vanidosos. Esta epidemia se propagó como la pólvora por toda la enorme isla. Pero cuando llegó a oídos de Poseidón, el rey de la isla, ya era demasiado tarde: la isla entera era una maraña de vandalismo y violencia, y crecía de tal forma que Zeus castigó a todos sus habitantes a perecer bajo las aguas, hundiendo el que en su día había sido un continente, un mundo entero. Luego, la leyenda se fue extendiendo hasta llegar a contar que los atlantes tenían tal nivel intelectual, tecnológico y cultural que llegaron a marcar culturas de todo el mundo. Esta es una foto de cómo sería la Atlántida según la describió Plutón, en sus diálogos de Timeo y Critias:

El principio del fin

Pero en distintos lugares del mundo se han descubierto extraños objetos, con tipografías nunca antes vistas. Entre ellos, una enorme cúpula, de un material que no se ha llegado a identificar, y que se asocia a La Atlántida. Años antes de este descubrimiento, se habñia planteado la hipótesis de que los atlantes controlaban los cambios climáticos, para que nunca afectasen a su tierra.Podría ser esta una de las razones que conllevó a esa “revolución”, durante el mandato de Atlas, hijo de Poseidón, el cual fue culpado de todo y castigado a sujetar la tierra con sus propios brazos, aunque esa es otra historia… 😉

Objetos atlantes

Pero eso no es todo: En 1984 fue descubierto en La Maná, Ecuador, un escondite que albergaba unos extraños artefactos fluorescentes, con una avanzada tecnología. Además, entre otros objetos, también había varios mapas de constelaciones, piedras talladas con curiosas formas y una representación de la Gran Pirámide de Gizeh, que se encuentra a cientos de miles de kilómetros de allí, la cual incluía, además, un tercer ojo fluorescente, además de extrañísimas simbologías, que solo pudieron pertenecer a una civilización considerablemente antigua y, muy probablemente, arrasada por el mar. Os dejo fotos:

Increíble, ¿no?

Su localización

Por supuesto, a todos se nos ha pasado por la cabeza: sí, es cierto, parece genial, pero… ¿Dónde está?

Esa es una pregunta que el ser humano se lleva haciendo durante varios miles de años. Se han propuesto infinitas localizaciones, pero las más aceptadas son:

-Doñana. La prestigiosa revista National Geographic ha situado este mundo sumergido bajo las marismas de Doñana, al noroeste de Cádiz. El equipo de geólogos y arqueólogos dirigido por el profesor Richard Freund ha invertido dos años de trabajo con satélites, radares capaces de penetrar la tierra, cartografía digital y tecnología submarina ha determinado finalmente que la Atlántida estuvo bajo las marismas del Parque Nacional de Doñana. En esa zona han encontrado numerosos pasadizos, estatuillas de bronce, y varios metros de agua y barro bajo la desembocadura del Guadalquivir. Casi todos los medios han aceptado esta gran noticia, sin embargo, otros no tanto…

Las Azores. Numerosos sabios y estudiosos del tema la sitúan en las Islas Azores, ya desde mediados del S. XIV. De hecho, hay quien asegura que a la Atlántida la rodeaban 9 islas, de características similares a las Azores.

-El Triángulo de las Bermudas. De estas islas tan enormemente populares sobre las que se han presentado tantísimas hipótesis, (desde extraterrestres hasta maldiciones) se ha dicho que justo en el medio de las islas fue dónde estuvo La Atlántida, y de ahí que allí pasen tantas cosas extrañas, son los supervivientes de los atlantes, que, para poder sobrevivir se ven obligados a atraer a aviones, barcos, etc.

Estas son las más aceptadas, pero, sin embargo, se han propuesto muchísisimas más: Oriente Próximo, Irlanda, Indonesia, Marruecos, Cuba, Bolivia, Ecuador, México, las Bahamas, Escandinavia, Creta, y hasta La Antártida. En este link podéis ver un mapa con las más aceptadas científicamente.

Naturaleza, de Chris Priestley. Adaptación.

George era un joven apasionado de la naturaleza que fue embarcado forzosamente en un barco.

Tras una terrible tempestad que se cobró la vida de cinco hombres, de los cuales dos murieron tras partírseles la nuca en las jarcias y caer su cabeza, deformada y ensangrentada, en la cubierta; el barco quedó atrapado en una gigantesca maraña de algas. Los marineros lucharon y lucharon, pero el barco seguía encallado. George veía en esas algas un aire paranormal, insólito. El joven, que era muy aficionado a los invertebrados, se fijó un día en un caracol marino que se arrastraba por la proa. Era extremadamente raro, así que se lo enseñó a un marinero.

-Veamos- dijo el fornido hombre – Sí, es muy…

Pero no pudo acabar la frase. En cuanto el cuerpo del caracol tocó el dedo del marinero, este soltó un alarido que se escuchó en todo el barco.

-¡Aaaaaaahh! ¡Ese maldito bicharraco me ha mordido!- Y cuando se lo soltó y lo tiró al suelo, todos se quedaron enormemente asombrados:

-J… Jim, ese… ese bicho, ¡Te ha arrancado de un solo mordisco la carne de medio dedo!

Le hicieron todo lo posible, pero era demasiado tarde: Jim, que así se llamaba, se había quedado sin pulgar.

Pero entonces, sucedió algo increíble: una docena de caracoles, como atraídos por la sangre del marinero y los restos de su congénere, treparon desde las mugrientas algas hasta el barco. Todos los caracoles fueron eliminados, pero sus restos atraían a más y más caracoles. Un marinero se dejó llevar por el pánico y trepó por el mástil, pero se resbaló, cayó, y a la media hora las alimañas solo habían dejado un montón de huesos. A la noche, parecía que ya los habían liquidado a todos. Pero estaban muy equivocados: a la mañana siguiente, los moluscos se habían adueñado de la nave, y habían devorado vivos a cinco hombres. Tres hombres intentaron escapar en un bote salvavidas, pero los caracoles devoraron la madera de la barca y de sus tripulantes no dejaron ni rastro…

George, sin poder evitarlo, se metió en su camarote hasta la mañana siguiente. Cuando despertó a la mañana siguiente, solo vio los esqueletos de todos y cada uno de los miembros de la tripulación.

Observó que los caracoles se habían esfumado, pero, cuando subió a cubierta y se dio la vuelta vio, sin exagerar, unos cuantos millones de caracoles que, furibundos y hambrientos, se abalanzaban sobre él.

El diablillo de la talla- Cuentos de Terror del Barco Negro

Edward Salter volvía de regreso a su barco, El Buck que se encontraba a la espera en el puerto de Alejandría. Un tanto inquietado por las sombras,  caminaba por el muelle, largo y pobremente iluminado, Edward divisó delante de él una figura postrada en el suelo. De acuerdo a su educación, se aproximó al hombre, y con sorpresa, descubrió que parecía haber sido atacado por un león o un oso: Tenía las ropas echas jirones y unos arañazos que le cubrían todo el cuerpo. -¿Está usted bien?-le preguntó. El herido sostenía algo en la magullada mano y, por lo que se veía, pretendía arrojar el objeto al agua. Pero, definitivamente, había perdido todas las fuerzas que le quedaban y ‘la cosa’ rodó por los adoquines del muelle. Edward ya no podía hacer nada por aquel hombre, así que lo mejor sería que volviera al barco. Pero cuando echó a andar, la curiosidad pudo con el. De modo que se volvió, y se dirigió a donde se había ido rodando el objeto. Justo cuando lo encontró, escuchó unas voces a lo lejos. Así que, sin siquiera mirar el objeto, lo dejó caer en su bolsillo y se alejó de allí. Una vez en El Buck, se concedió unos minutos para observarlo. Era un diente de ballena, y tenía grabada en la superficie algún tipo de imagen, pero en la penumbra no logró saber de que se trataba. Salió a cubierta, donde se encontraba un viejo marinero, Morton. Se encontraba leyendo sentado en un barril a la luz de un farol. Como no andaba muy bien de la vista, usaba para ello una lupa. Edward sacó el diente y le pidió que se la prestara. Morton asintió y le tendió la lupa.. Edward observó a traves de la lente, gracias a la cual tuvo oportunidad de maravillarse ante la extraordinaria complejidad e intrincamiento de la talla. Uno de los costados del diente estaba ocupado por la ilustración de un muelle por el que caminaba un marinero. Detrás de el se alzaba un edificio alto, de color ocre e inclinadas teja de terracota. Al darle la vuelta al diente, descubrió una nueva escena tallada, esta vez consistente en un navío de tres mástiles, como el Buck, en un puerto que bien podría haber sido el de Alejandría. Y allí, debajo de la imagen, había algunas palabras escritas con caligrafía inclinada que decía: Cuídate del diablillo de la talla, cuídate de ti mismo. Para su pasmo, cuando enfocó la lupa en el barco, primorosamente trabajado, observó que no solo se parecía a el Buck, sino que el nombre que llevaba en el costado era el del Buck. ¿Acaso el dueño del diente había navegado en el en otra época? Dándole vueltas al diente, reparó en algo que hasta el momento había pasado desapercibido: en el lado derecho de la representación, en el muelle, se adivinaba el perfil de una segunda pintura. Esta había sido dibujada toscamente, y el artista, no satisfecho, había intentado taparlo con unas rayas. De repente recordó al marinero herido, y se estremeció. El dueño anterior había salido mal parado, por qué no iba a correr el la misma suerte? Edward sacó el diente por la borda y lo soltó. Sin embargo, no bien hubo dado un par pasos, cuando le invadió una sensación muy extraña. Bruscamente, se agarró al cuello. Era como si el aire que intentaba inhalar se volviera sólido. Dando traspiés, se acercó a la borda y miró hacia donde había tirado el diente. Por la zona, había un niño egipcio en una barca, y al ver la expresión de la cara de Edward, se lanzó a por el diente. En cuanto el diente estuvo encima de la superficie, el aire volvió a entrar en los pulmones de Edward. Este, tosiendo, le dio profusas gracias al niño, y le hizo señas para que subiera a bordo. Edward le dio un puñado de monedas al niño y se despidió para que volviera a la barca. Después, tembloroso, se atrevió a mirar el diente. Mientras contemplaba las imágenes, vio que aquel Buck en miniatura se disponía zarpar. También aparecía ahí la barca del joven egipcio. Su destino parecía estar ligado al del diente. ¿El diente reflejaba los acontecimientos de su vida, o era que los determinaba , que los controlaba? De ser así, ¿estaría condenado a ser un mero espectador mientras su destino se volvía una marioneta manejada por aquella creación infernal?¿Qué podía hacer? ¿Destruirla? No, la tentativa de destruirla quedaba descartada. ¿Qué mostraban las escenas del diente?¿Eventos concretos o, por el contrario, tendrían una carga simbólica algún tipo? Al día siguiente, justo el día en el que zarpaban, se acercó al muelle y sacó el diente. Y allí estaba él, el Buck, y una misteriosa sombra que se acercaba. Lo mas recóndito de su ser le decía que el diablillo de la talla estaba presente, que si se giraba, seguramente, estaría allí, a lo lejos, aproximándose. Desesperado y asustado como no lo había estado nunca, Edward tomó su navaja y la utilizó para arañar y raspar la imagen del diablillo en el diente. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Experimentó una vertiginosa sensación de triunfo. En unos instantes, lo único que quedaba era una sombría colección de surcos hondos. Y en ese momento empezó el dolor. Cada palmo de su cuerpo sucumbió un incendio de sufrimiento. La sangre le escurría el pecho y los brazos y goteaba sobre el diente y los adoquines del suelo. Las piernas le fallaron y se desmoronó. Se quedó allí tendido mientras la vida se le escapaba. Así comprendió que él no era el marinero de la escena. Era el diablillo de la talla. Lo último que oyó fueron las palabras de un marinero que le preguntó: -¿Está usted bien?

Autor: Chris Priestley

La Profecía del Titanic

La catástrofe de El Titanic es una de la más conocidas a nivel mundial. A primera vista, nos puede parecer una gran desgracia, pero hay algo más. Algo que cambió el mundo de las profecías para siempre.

Catorce años antes del hundimiento del titanic, Morgan Robertson, tuvo una terrible pesadilla. Un gigantesco barco, considerado indestructible, se hundía en las frías aguas del atlántico. Consideró su sueño tan real que lo plasmó en un libro llamado Futilidad, que se publicó en ese mismo año(1898).

El libro narraba la historia de un barco llamado Titan, un barco grande e insumergible, que al final se hundía en las frías aguas del atlántico tras chocar contra un enorme iceberg.

Coincidencias

Datos concretos
Titán (Futility)
Titánic
Pasajeros 2.177 2.227
Botes salvamento 24 20
Tonelaje 70.000 66.000
Longitud 240 mts 268 mts
Velocidad Impacto 24 nudos 23 nudos
Número de hélices 3 3
Lugar de partida Southampton Southampton
Lugar de naufragio 400 millas Terranova 400 millas Terranova
Supervivientes 705 605
Eslora 275 mts 300 mts
Velocidad máxima 25 nudos 25 nudos
Botes salvavidas 24 20

¿Coincidencias?