El piano de piedra

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En el Cementerio de Manor Park (Londres) encontramos esta delicada obra de imaginería funeraria. Se trata de la representación de una mujer dormitando sobre un piano. La dama en cuestión existió. Se llamaba Gladys Spencer y su gran pasión era la música. Pero esta malograda concertista falleció con apenas 34 años y su familia quiso recordarla siempre así, soñando con la música de su eterno piano.

Que la tierra te sea leve, Gladys Spencer.

El pequeño y su juguete

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Lund, una bonita localidad al sur de Suecia, tiene un cementerio hermoso y melancólico, como tantos otros , pero a la vez con sus particularidades, como cada camposanto.
Una de las esculturas funerarias más sorprendentes y delicadas de este lugar  es la imagen de un niño flanqueado por dos angelicales alas. Eso significa que los familiares del pequeño lo ubican en los cielos, pero además de otorgarle alas sus padres quisieron hacerle otro homenaje. Y es que si bien la escultura es aparentemente clásica, sin necesidad de fijarnos demasiado ya vemos que el niño está ensimismado toqueteando una suerte de juguete moderno.

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Al acercarnos un poco más distinguimos con claridad en qué se entretiene la angelical criatura: está jugando con una  Game Boy Advance SP que Nintendo sacó en el año 2003.  Y ahora sí, a pocos centímetros de sus pétreas manos averiguamos incluso el juego favorito de este niño que dejó una ausencia inborrable cuando sólo contaba con 5 años.

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Descanse en paz este pequeño, velado eternamente por su fiel pokemon. 

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Los funerales victorianos: costumbres, supersticiones y curiosidades. Parte II.

Continuamos con las características que imperaban en los funerales y enterramientos victorianos.
Os recordamos que este post es la segunda parte de la entrada anterior.
Que lo dusfrutéis,amantes de las delicias tenebrosas.

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– En el siglo diecinueve los doctores apodados como los “resurreccionistas” tenían problemas para conseguir cadáveres que diseccionar en sus clases de anatomía, así que la existencia de salteadores de tumbas en busca de cuerpos recién enterrados era más que un mito. Muchas de las tumbas de esa época se blindaban con verjas, no para evitar que saliesen los no-muertos, como algunos creen ahora,  sino para ofrecer a los seres queridos seguridad más allá de la muerte.

– Otra curiosidad típica de la época tenía que ver con el terror que le inspiraba a los parientes vivos el que un ser querido fuese enterrado vivo con el mal de la catalepsia. Esto inspiró a los fabricantes de ataúdes para diseňar sistemas de seguridad tales como poner una campanilla en la superficie de la tumba que estuviese conectada, mediante una cadena, al interior del ataud. Así, en caso de un enterramiento prematuro, la víctima de la enfermedad podía salvarse. Y por cierto, de ahí procede la expresión “Salvado por la campana.” 

– Si el fallecido era un niňo, el color que primaba en el entierro era el blanco. Los asistentes al entierro llevaban guantes blancos,los niňos que acompañaban la luctuosa procesión portaban plumas blancas de avestruz e incluso el ataúd era blanco.

– Era costumbre entregar a los asistentes al funeral pequeňos pasteles envueltos en papel blanco y sellados con una cinta negra, conocidos como “galletas de funeral”. Después del entierro era típico ofrecer colaciones a los invitados (carnes, dulces, frutas confitadas).

– En muchos cementerios, la gran mayoría de las tumbas estaban orientadas de forma que los cuerpos yacieran con sus cabezas hacia el Oeste y los pies hacia el Este. Esta es una costumbre que proviene de épocas paganas, cuando nuestros ancestros adoraban al sol, pero en el Siglo XIX, con sus férreas ideas cristianas, se atribuía a una tradición de los primeros cristianos, que creían que la gloria del Juício Final se desplegaría desde el Este.

El eterno amor de una madre

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Uno de los relatos que escribí tiene que ver con esta historia. Lo curioso es que lo ideé hará un aňo y de este triste suceso me enteré ayer. Desde luego que existen realidades que si no superan a la ficción, desde luego la igualan.

Esta que veis arriba es la tumba de Florence Irene Ford. Corría el aňo 1871 cuando la pequeňa Florence murió cuando apenas contaba con 10 aňos de edad a causa de la fiebre amarilla.
Pues bien,en vida, Florence le tenía pavor a las tormentas y su madre, no queriendo dejarla nunca sola mientras duraban los truenos, le leía cuentos y la acariciaba mientras duraba la tempestad.

Cuando Florence murió su madre no quiso renunciar a dejar sola a su pequeňa niňa y mandó construir una diminuta cámara subterránea adyacente a la tumba de su hijita, con una pequeňa ventana contigua al ataud, a la altura donde reposaría su cabecita.
Así que muchos aňos después de la muerte de Florence,su madre acudía cementerio para leerle cuentos durante las tormentas.

Las escaleras que llevan a la cámara todavía permanecen, pero la ventana fue tapiada en 1950.

A continuación os deleito con una recreación de esta triste,melancólica pero esperanzadora escena por el ilustrador Pau Gavino.

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Tumbas sorprendentes

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Esta es la maravillosa tumba familiar del inventor Charles Pigeon. Pigeon mandó construirla para que albergase ni más ni menos que a 18 miembros de la familia.
Muestra una escena cotidiana tallada en granito y bronce, con el inventor tumbándose en la cama y leyéndole a su esposa las últimas anotaciones que ha escrito en el diario donde anotaba sus ideas y que acostumbraba a compartir con ella. 
Puede admirarse en el Cementerio de Montparnasse (París).

Fidelidad más allá de la muerte

Hoy quiero presentaros otro monumento a la memoria, pero no solamente de un ser humano sino que también inmortaliza a un fiel animal de compañía.
Esta lápida victoriana pertenece a un hombre llamado Thomas Sayers (1826-1765). Está perennemente guardada por la escultura de su perro Lion,animal que además fue el maestro de ceremonias del entierro, y según recogen las crónicas caminó delante del féretro hasta el lugar del último reposo de su amo.

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Fuente de la imagen:Thanatos.net

Lápidas inusuales para jóvenes amadas

En Birmingham, UK, existe esta curiosa lápida. Es el homenaje póstumo para una chiquilla adolescente,única hija, que falleció en un accidente de motocicleta. A priori puede parecer siniestro pero las alas evocan la inmortalidad, la ascensión al cielo. Así que la familia simplemente quiso expresar el deseo de que ella siga pedaleando allá entre las nubes. Es curiosa, ¿verdad?  Nunca había visto este tipo de imaginería funeraria anteriormente.

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Foto:Helen Higwater

Este es el Obelisco funerario que la familia erigió en memoria de su hija, que falleció a la edad de 15 aňos un 1 de Agosto allá por el 1860. Muestra a la joven leyendo en las escaleras de la casa familiar. La primera foto, la de color sepia, fue tomada en la década de 1860 y podemos apreciar perfectamente los delicados detalles de la talla. Las de color son de Agosto de 2014, 154 aňos después del fallecimiento de la chica. La erosión provocada por los elementos ha provocado que la joven se haya vuelto fantasmagórica, pero la imagen sigue destilando ternura y melancolía.

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Thanatos.net

Un cementerio bajo la nieve.

En el Concello de Batalla se encuentra el cementerio de Ferreiros. Un camposanto moderno cuyas frías lápidas de mármol entonan a diario, como en tantos otros cementerios, el respetuoso canto de piedra por el recuerdo de los muertos. Sin embargo carecen de la melancolía que destilan los cementerios cuyas lápidas esculpidas por delicadas manos que ya son huesos, verdean con el musgo del tiempo. La firma silenciosa, pero irrefutable, del Memento mori.

Sin embargo estas fotografías, enviadas por Fernando Rosales, el profesor que nos regala sus historias tan ingeniosas como luctuosas, demuestran que un cementerio de nichos y lápidas genéricas puede transformarse en un paraje sacado de un cuadro de Caspar David Friedrich.

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Fernando Rosales Naya, profesor de historia en el CPI de Baralla y autor del ensayo ” Huyendo de Occidente”, publicado por la Ed. Zaera Silvar (y lo más importante,un querido amigo), ha tomado estas fotografías para el siniestro deleite de los miembros del Club de las dos lunas. Que lo gocéis, corazones nocturnos.

Retrato postmortem de Camille Mount

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Esta luctuosa pintura pertenece a la colección del Museo de Arte Americano de Long Island.  Representa a la difunta Camille Mount, la pequeña nieta del artista Shepard Mount. La niña falleció  en 1868 a una edad muy temprana.

Observamos que Camille aparece rodeada de nubes: el artista quiso indicar que la pequeña ya está en el cielo. También podemos contemplar un reloj de bolsillo: significa que el tiempo se ha agotado para esta pequeña criatura.

El reloj es un símbolo que podemos encontrar en muchas lápidas de los SXIX y principios del XX.  Expresa la fugacidad del tiempo, que para esa persona que yace más allá  de la tumba ya se ha terminado.  Habitualmente está grabado como un reloj de arena que en ocasiones aparece jalonado con sendas alas: literalmente expresa que “el tiempo vuela” e incita a la persona que está contemplando la tumba que viva porque la muerte siempre nos está siguiendo. Lo mismo significan los buhos en las tumbas: advierte que estemos vigilantes pues la muerte siempre está al acecho.

Volviendo al retrato,  Shepard Mount, lo acompañó con una carta que envió a uno de sus hijos, de la cual os trasladamos este retazo: 

“…Quiero contaros que Joshua y Edna… ellos han perdido a su pequeña Camille- ella ha muerto, la dulce y hermosa niña ha muerto. Falleció por los efectos de la dentición. Sucedió cuando yo estaba en Glen Cove y durante dos o tres días antes de que ella falleciese yo estuve dibujando varios retratos de la pequeña, y cuando la enterramos comencé su retrato. En 7 días finalicé uno de los mejores retratos de un niño que haya pintado jamás…”


Fuente del retrato y de la carta: The Thanatos Archive 

Annie o la anònima niňa del Sena

A finales de la dècada de 1880 se recuperò el cuerpo de una chiquilla que flotaba en la superficie del Sena. Como su cuerpo no mostraba ninguna seňal de violencia se diagnosticó que se habìa suicidado.  La muchacha era tan hermosa que un patòlogo parisino, prendado ademàs de su bella y misteriosa sonrisa, solicitò que se le hiciera una màscara mortuoria de su rostro.  En esa atmòsfera decimonònica de romanticismo, el rostro de la chica anònima se convirtiò en el canon de la belleza femenina.
En 1958 se utilizò esta màscara como modelo del maniquì de primeros auxilios “Annie” , sobre el que miles de estudiantes han practicado RCP.
Nunca sabremos quièn fuè esta dulce niňa ni què la llevò a tomar esa decisiòn tan dràstica, pero sus labios son los màs besados de la historia.

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