Leyendas urbanas japonesas: Kushisake Onna “La mujer de la boca cortada”.

 

Kushisake-Onna (la mujer con la boca cortada) es una leyenda de la mitología japonesa. Trata sobre una mujer que fue asesinada y desfigurada por su esposo, convirtiéndose en un Yokai, o lo que es lo mismo, un espíritu demoníaco que regresó para vengarse.

La leyenda dice que hace mucho tiempo había una preciosa pero vanidosa mujer que se casó con un samurai. La bellísima mujer era pretendida por muchos hombres y acostumbraba a engañar a su marido. El samurai sabía de las infidelidades de su esposa por lo que un día en un ataque de celos y furia le cortó la boca de un lado a otro mientras gritaba:
¿Piensas que eres hermosa?

¿Quién va a pensar que eres hermosa ahora?
Se dice que desde entonces una mujer con la cara tapada, por una máscara como la que usan los cirujanos, vaga por las calles de Japón. Cuando encuentra a un hombre joven (mujeres según otras versiones) se acerca y les pregunta con el rostro cubierto:
¿Soy hermosa? 
Recordemos que en Japón el uso de máscaras para evitar enfermedades y no respirar el aire contaminado es bastante habitual, por lo que los chicos normalmente al ver sus bonitos ojos y sus suaves rasgos responden que SÍ. En ese momento la mujer retira la máscara dejando al descubierto la horrible hendidura que se extiende de oreja a oreja con una escalofriante sonrisa. Y les pregunta de nuevo:

¿Y ahora? 

Todo aquel que dice que NO, se asusta, grita o muestra el miedo en su cara es atacado por el espíritu que con unas tijeras gigantes les corta la cabeza.

Sí la víctima responde de nuevo que  ”solamente” le cortará la boca de lado a lado para que sufra su misma suerte. En otras versiones si respondes afirmativamente las dos veces la mujer te seguirá hasta la puerta de casa donde te  asesinará igualmente, ya que “kirei” en japonés para hermosa o linda es muy parecido a decir “kire” que significa cortar.

Existen otras versiones en las que si respondes que “Sí” cuando ella se quita la máscara, te dará un brillante y valioso rubí cubierto de sangre y se irá.

Es imposible escapar de Kuchisake-Onna, puedes salir corriendo pero aparecerá frente a ti de nuevo. Hay varias formas de escapar que varían según la versión de la leyenda:

– Puedes contestar con otra pregunta: ¿Y yo? ¿Soy hermoso? Eso confundirá al espíritu que se quedará pensativo dándote tiempo a escapar.

– También puedes llevar dulces contigo y se los tiras o simplemente se los ofreces quedará contenta con el regalo y te permitirá marcharte.

 

10 leyendas urbanas japonesas

 

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La Muelona

Se cuenta que en la época de la colonia llegó una mujer con malos antecedentes buscando riqueza. Era una mujer de clase baja dedicada a vender y traficar jóvenes, ladrona y mentirosa. La mujer llevaba el mismo estilo de vida que en España, engañaba a muchachas y se lucraba con su inocencia, leía las manos , las cartas, tenía embaucado a muchos hombres con las chicas cuando ellos ya no querían ir, los extorsionaba con dinero advirtiéndoles que su familia se enterarían de sus amoríos con las jovencitas. La mujer era tan malvada como bella y lujuriosa; destruía matrimonios, carecía de remordimientos y utilizaba sus encantos para tener lo que quería. Así transcurrieron los años pero empezó a envejecer; desapareció su belleza y en su lugar aparecieron las arrugas, pero su maldad no menguaba.Mas la mujer no se rindió a la vejez: hizo un pacto con el demonio y recuperó la juventud, pero el diablo le otorgó unos dientes y colmillos muy grandes con los que destrozar a los hombres.

Así nació la leyenda de “la muelona”, una bella muchacha que se aparece en las noches, buscando hombres infieles, borrachos, los que buscan aventuras amorosas. Con su sonrisa los atrae, caen en su trampa y después, con su inmensa dentadura los tritura y los devora. Los campesinos dicen que siempre está junto a un árbol viejo , que en la noche se oye el macabro triturar de huesos. Que para protegerse de la muelona tiene que tener una medalla de San Isidro. Que la han visto bailar con esqueletos, y que nadie ha podido resistirse a su terrorífica boca con la que besaba a sus víctimas

La muñeca de mi hermana

Hay veces que recibimos extraños regalos. Este fue el caso de mi hermana pequeña, a la cual, una señora del barrio le regaló una extraña muñeca de ojos saltos y del tamaño de un bebe de un año. Desde que entró la muñeca en nuestra casa percibí algo raro, una extraña sensación que recorría mi cuerpo y me advertía de que el peligro estaba en cualquier sitio.

Esa misma noche, mi hermana, desde su cama, me pidió si le podía acercar la muñeca puesto que se la había olvidado en la mesa de la cocina. Algo asustado, bajé las escaleras de nuestra antigua casa, pero sorprendente mente al entrar en la cocina no había ni rastro de la muñeca, algo que me hizo tener escalofríos puesto que yo mismo hubiera jurado que la muñeca se encontraba sobre la mesa de la cocina.

Me acosté y me quedé pensando sobre lo que había pasado con la muñeca, intentando darme cuenta de que eran miedos infundados y que un objeto inanimado no puede ser peligroso para las personas. Tras un rato de pensamientos absurdos conseguí encontrar un poco de sueño y me dormí.

Abrí los ojos tras un rato pues sentí un ruido en mi habitación, en ese momento vi a la muñeca sobre mi armario, tenía los ojos iluminados y se empezó a mover hasta mi cama, precipitándose sobre mi en donde comenzó a ahogarme con sus pequeñas y frías manos. Luché con todas mis fuerzas, y pese a que me hizo alguna herida, conseguí liberarme de ella y tirarla por la ventana. En ese mismo momento, y por la falta de oxigeno tras el forcejeo me me desmayé cayendo de forma abrupta al suelo.

Me levanté en el hospital junto a mis padres, lo que me reconfortó. Pregunté a mi madre por mi hermana, me dijo que estaba bien, en la escuela, y que se había llevado la muñeca al colegio…

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La OUIJA: el juego de los espíritus

Muchas personas en el mundo han jugado a los juegos de los espíritus: La Ouija (mal llamada Güija o Wija). Aunque siempre recomiendan no hacerlo ya que pasan cosas extrañas y no hace bien a la mente de los jugadores. Pero uno por curiosidad lo hace. Esto pasó a un grupo cuatro muchachos, que en un día de campo, decidieron jugar como corresponde a la Ouija, en un lugar apartado totalmente de la sociedad, con velas rojas y negras y las ventanas y puertas trabadas. Este grupo de amigos, comenzaron. Aunque al principio les costaba contactar a algún ser del mas allá a las 2:00 am en punto la copa comenzó a moverse. Las preguntas eran simples, sólo preguntaban la historia del espíritu: cómo había muerto, quién era y cosas por el estilo.

Pero uno de los chicos, sospechaba que el amigo de al lado estuviera moviendo la copa, entonces comenzó a hacer preguntas bromistas, las cuales no le gustaba al espíritu, uno de los amigos le preguntó si quería que el amigo abandone el juego y el espíritu dijo que SI. Pero el amigo no quería y se burló. El espíritu enojado movió la escoba que estaba trabando la puerta de la casa, dando la señal de que se vaya. En ese momento los chicos comenzaron a sentir que el piso se movía y los objetos comenzaron a caerse. El tablero se lanzó sólo hacia una esquina de la habitación y comenzó a prenderse fuego. Los muchachos estaban rodeados de llamas de fuego que se meneaban diabólicamente mientras se acercaban poco a poco a los muchachos para tragárselos vivos.

Entonces los chicos comprendieron de que si no hacían que el muchacho se vaya de ahí, el espíritu se pondría furioso y acabaría matando a todos. Entonces los mismos amigos, empezaron a empujar al muchacho para que salga por la puerta. Lo tuvieron que empujar violentamente porque el chico estaba tan asustado que se había quedado paralizado del susto. Apenas sacaron al muchacho, las llamas desaparecieron. Pero a los cinco segundos se escuchó un grito desgarrador que provenía de afuera de la habitación. El muchacho estaba tirado en el suelo, completamente destripado y con sangre en la boca…¿cómo pudo morir tan rápido? Entonces una fuerza invisible hizo que los tres chicos que quedaban, entraran por la fuerza a la habitación. Se cerró la puerta. Entonces el tablero que había sido tirado a una esquina de la habitación por el espíritu, se colocó al centro de donde estaban reunidos los chicos. El espíritu ahora quería seguir jugando. Los muchachos se levantaron e intentaron con todas sus fuerzas abrir la habitación pero era inútil. El espíritu ya había tomado su decisión: No saldrían de allí vivos.

Los muchachos se resignaron a seguir jugando y la pregunta que le hicieron al demonio fue:

—¿Saldremos vivos de aquí?

—No —Respondió el demonio.

Los muchachos, más asustados aún, se miraban unos a otros como pensando en algún plan para poder escapar del macabro juego. Entonces le hicieron otra pregunta al demonio:

—¿Quieres ganar algo a cambio de dejarnos con vida?

—Luego de cinco segundos, el espíritu respondió— Sí.

—Si nos dejas salir, prometemos traerte el día de mañana seis vírgenes para que hagas con ellas lo que tú quieras y por toda la eternidad. Tú sabes que podrías divertirte con ellas mucho más que con nosotros. ¿Aceptas?

—Entonces el espíritu sin pensarlo dos veces, dijo— Sí.

Entonces el espíritu les abrió la puerta y los muchachos salieron. Pero cometieron un grave error. Habían dejado sus mochilas adentro de la casa. Los muchachos no pensaban cumplir su promesa ni mucho menos volver a ver al demonio. A los dos días, luego de haber roto su promesa. Las mochilas aparecieron en sus dormitorios… ensangrentadas y con un mensaje que decía:

—Esta es la primera y última vez que engañan a un demonio

Cuando abrieron sus mochilas, encontraron las cabezas cortadas de sus madres. Cuenta la historia que los chicos enloquecieron y que desaparecieron. Se dice que persiguen al demonio para que les enseñe en donde quedaron los cuerpos para poder enterrar a sus madres con dignidad.

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La imagen maldita

Han oído  acerca de una imagen  que debe ver por más de cinco minutos y que circula por Internet, si lo sabes ya te habrá pasado y si no te contare mi historia.  Vi un reportaje por la televisión  y  le conté a mi mejor amiga,  Marta, ha ella le encantan esos programas paranormales. Buscamos en Internet y encontramos la imagen y la historia, una estudiante japonesa había hecho un dibujo, la subió a Internet y luego  se suicido

A  ella le pareció muy interesante y a mí un poco extraño. Descargamos la imagen en mi computadora. El fondo de la foto era un verde oscuro, su cabello era largo de color café, tenía una palidez  y una mirada triste, sus ojos eran café claro y parecían un poco empañados.

Martha me reto a mirar la foto por cinco minutos y  solo logre verla por siete segundos y tuve ganas de  llorar, jamás olvidare esa mirada, MARTHA  se rió de  mi, la observo por 5 minutos que ella había cronometro con su celular.

-tontuela dijo marta no pasa nada y luego nos echamos a reír.

Ya en la noche sentí como  si alguien me vigilara más tarde mientras dormía creí que alguien me moviera la cama. Eran las tres de la mañana cuando Martha me llamo por un fuerte dolor de cabeza que no soportaba, le comente que tampoco yo podía dormir que tomara alguna aspirina colgué el teléfono  y volví a mi cama, luego  recordé  la imagen y decidí entonces   borrarla  de mi computadora la  curiosidad me llevo haberla  fijamente y  en un instante sus ojos se volvieron oscuros ,me sonrió, sentí como si algo me arrastraba no no., al contrario parecía que saliera  me quede paralizada por un momento…Apague el monitor lo  más rápido posible salí de mi habitación llame a  casa de Marta  pero nadie contesto…no pude volver a dormir.

Cuando llego la mañana  salí de prisa a casa de mi  amiga a contarte todo lo que me había pasado  y si ella había sentido algo  parte de aquel dolor de cabeza,  mi sorpresa fue encontrar a sus padres abatidos llorando y un auto de la policía  MARTHA  había desaparecido su padre me pregunta si sabía algo del asunto y negué con la cabeza no podía hablar estaba en shock.

Han pasado tres días de la desaparición de Martha y he tomado la decisión de confesarme ante un cura pues no puedo dormir tengo pesadillas y dolores de cabeza repentinos a veces escucho voces me estoy volviendo loca, creo que es Martha tengo el televisor encendido veo las noticias una chica se ha arrojado a las vías del tren…

Ayúdame

Una familia acababa de mudarse a una nueva casa cerca del bosque. Es una casa más grande, en un pueblecito tranquilo, los niños tienen sitio para jugar y los padres están tranquilos,… Todos estaban muy a gusto en su nuevo hogar. El padre trabajaba y debía ausentarse de casa una semana de cada dos por motivos laborales.

Una noche, mientras la madre leía en el salón, el hijo mayor no estaba en casa, pero la hija más pequeña ya dormía. Cuando Carlos, el hijo mayor, volvió a casa le comentó a su madre algo que le tenía preocupado de hace días. Y es que llevaba días observando a Caterina, su hermana pequeña, mientras dormía y ésta actuaba de forma extraña por la noche desde que se habían mudado a la nueva casa.

La pequeña hablaba durante su sueño y estaba muy agitada y nerviosa. Su madre no había observado nada, pero dijo que empezaría a hacerlo a partir de ese momento. Cuando Carlos se marchaba a la cama, pasó delante de la habitación de su hermana para echar una ojeada, y la vio sentada en la ventana mirando fuera. Enseguida bajó a advertir a su madre. Subieron los dos y al verla su madre pensó que probablemente la niña era sonámbula. La volvió a poner en la cama.

Pero la historia se repitió noche tras noche y la pequeña niña llegaba incluso a salir fuera de la casa para jugar en la parte trasera de la casa, en el patio.

La madre cada vez estaba más inquieta a causa de su comportamiento y decidió hablarlo con su marido a su vuelta. Ambos propusieron llevarla al psiquiatra y que la tratase. Pero la niña continuaba yendo al patio trasero, a intentar hacer en el suelo agujeros con su pala. Cavaba, cavaba… siempre cavaba sin cesar. Y siempre en el mismo sitio. Los padres llegaron a preguntarle a la niña dormida porqué hacía eso. La niña respondía que alguien le pedía ayuda.

Tras varias semanas viendo a su hija cavar diciendo que oía que la llamaban voces pidiendo ayuda, la familia no pudo más y decidieron cavar ellos en el punto dónde cavaba la niña. Cavaban más y más profundo, intentando encontrar una solución. Y la encontraron. En el punto donde la niña cavaba encontraron la solución al porqué Caterina actuaba así. ¡Encontraron un esqueleto de una niña!
Escandalizados, llamaron a profesionales para hacer una búsqueda y supieron que hacía dos años atrás desapareció una niña en el pueblo. La buscaron durante mucho tiempo pero nunca la encontraron. De una sola vez se habían resuelto ambos interrogantes                     .Relatos de terros

Debajo de la cama

Me encontraba con mis dos hermanos en mi habitación jugando mientras mis padres habían salido a cenar y volverían muy tarde, es por ello que aprovechamos ese tiempo en el que nunca nos dejaban quedarnos despiertos hasta tan tarde para poder divertirnos lo máximo posible.
Yo y mi hermano del medio nos encontrábamos jugando al ordenador, mientras que el más pequeño estaba jugando con una pelota dentro de la habitación, lo cual era bastante molesto debido al ruido que hacía y que frecuentemente tiraba ciertas cosas, es por ello que muchas veces le dije que utilice otra cosa para jugar, pero no me hizo caso, incluso le advertí que le iba a contar un cuento de miedo corto para que de esa manera se atemorice, pero no me hizo caso.
En un momento se le cayó la pelota debajo de la cama, y nos pidió que la saquemos porque tenía miedo, pero nosotros no le hicimos caso e incluso le dijimos que la busque él mismo si quería.
Luego de pasar mucho tiempo jugando a unos juegos que tenía en mi computadora, le pregunté a mi hermano dónde se encontraba el más pequeño de todos, debido que hace tiempo que no lo escuchaba, y no supo responderme ya que tampoco sabía. Le dije a mi hermano que lo vaya a buscar en la cocina y yo lo iba a buscar afuera de la casa, pero al bajar de la silla en donde me encontraba subido pensé que quizás estaba escondido en algún lugar, por lo que me acerque a la cama en donde se le había caído la pelota y sentí un ruido, por lo que supe que era él.
Incluso al pararme al lado de la cama él me espesó a tocar el tobillo del pie con su mano, pensando que me iba a asustar, ya que siempre lo hacía asustar con mis cuentos de terror. Algo que no le presté atención, hasta el momento en que escuché a mi otro hermano que me gritó: “Aquí está viendo televisión en la cocina”. Cuando rápidamente me di cuenta que no había nadie más en la casa, y no supe quién me estaba tocando el pie.

 

 

 

 

La saga del Fénix, V

La muchacha torció la boca con desagrado.

– ¿Se puede saber adónde me estás llevando…? No veo ningún manzano… Realmente, no veo nada. -Entrecerró los ojos, colocando la mano sobre éstos para hacer el amago de intentar ver entre la espesa neblina que nos envolvía; ello consiguió que blasfemase entre dientes, maldiciendo las estupidez humana.

No respondí a su pregunta, estaba demasiado atenta a su estado que esperaba que poco a poco desmejorase; pero no parecía ser así y ello me preocupaba.

– Estamos cerca. -Sentencié. A confesar la verdad, la mantenía caminando en círculos a la espera de que cayese de un momento a otro al suelo, sin vida; llevábamos un buen rato de la misma manera, pero no había síntomas de que la neblina le afectase. ¿Se habría deshecho la maldición?

No. No podía ser así, era imposible. Imposible.

Entonces…

– ¿Malon? -Dijo la muchacha, desorientada.- Malon, no dejes de hablar, no sé dónde estamos…

– Estoy aquí, estoy aquí. -Respondí al momento con cierto tono de resignación. Aún mantenía la falsa sensación de sorpresa, con lo que opté (tras unos instantes en silencio, de nuevo) por preguntar finalmente.- ¿Se puede saber quién eres tú, “humana”?

– Ohm, cierto; disculpa mi mala educación. -Posó la mano derecha sobre el pecho y desvió la mirada cara el último lugar en el que mi voz había retumbado antes de llegar a ella.- Mi nombre es Savior.

 

Gigantes insensibles merecemos morir

Gigantes insensibles merecemos morir

No sé que sentido tiene que esto envíe. Es dudoso que puedas entender lo que pasa por
nuestras llamémoslas mentes, tan diferentes somos de ti. Más lo es todavía que, de hacerlo, seas
capaz de identificarte emocionalmente con nosotros. E imposible considero que, incluso en ese caso, te sientas movid@ a modificar tu criminal comportamiento. Que aquí ya todos nos conocemos.
Pero ya que sádicamente quieres visualizar nuestro fin, intentaré expresarme en términos
que puedas entender.
A decir verdad, no hago esto porque quiera. Es duro ser franco con tu propio asesino. ¿Qué decirle a quién sabes que te está matando, y que va a seguir haciéndolo pese a cualquier cosa que
expresarle puedas?
Pero es que una vez más, juegas con ventaja. Tú y los que como tú sois me estáis obligando.
El cáncer tanto ha progresado, que ni dueños ya de nuestros pensamientos somos, porque los habéis
vampirizado. De nuestros movimientos, ni te hablo. Y no lo entiendo. Pues, si tanto os interesa lo
que nos ocurre, ¿a qué viene darnos muerte?
No entiendas eso como recriminación. No sé si porque así somos, eternamente -o eso
creíamos- impávidos, o porque a través de vuestro dispositivo nos habéis repetido la idea hasta que
la hemos cristalizado, lo cierto es que asumimos que no otro puede ser nuestro destino. Si no me
crees, relee el título de mi relato.
Así que ese ¿por qué nos estás matando? es tan solo una pregunta fríamente dirigida -se
come el poco frío que nos queda-, de esas que tanto gusta a vuestros técnico-científicos, de esas que
solo buscan ampliar conocimientos, de esas que os han hecho tan supuestamente grandes. ¡Que se
hundan las emociones!
Te chocará saber que me estoy muriendo pero en mi muerte no siento frío. Mas bien al contrario. Y, cosa curiosa, tampoco tengo fiebre, porque mis células no reaccionan contra un
enemigo interno: el calor viene de fuera. Vista así la cosa, casi nos gustaría ser como los
dinosaurios, o mejor como las lagartijas, tan sabias en su pequeñez. Pero no ha dispuesto eso la
Naturaleza.
En realidad, no sé muy bien lo que somos, pues carecemos de formas definidas. Tal vez no
seamos sino la punta del iceberg, pues nos consta, porque lo vemos cada día, que la mortandad afecta a muchas otras comunidades. Y sí sabemos lo que nos espera, porque esta cruel epidemia ya se ha llevado por delante a tant@s de los nuestr@s, que hasta @l más joven se ha dado cuenta. Y no
parece tener cura.
Opera como vuestra lepra.
¿Cómo? ¿No sabes lo que es la lepra? ¡Tonto de mi!. Olvidaba que esa no es una enfermedad de ricos. Doscientos años atrás me habrías entendido. Pero hoy… Ya sé, ya se… El progreso… Se me había olvidado también. Difícil me lo pones entonces, así que a ver.. cómo te
diría… unos segundos mientras encuentro las palabras…
¡Ya sé!. Imagina que la carne de tu cuerpo se va pudriendo por zonas, hasta caerse dejando
un vacío lastimoso. Hoy el extremo de un dedo, mañana la punta de la nariz… Pues esa crueldad es
la que nos estás infligiendo.
¿Que no lo sabías? ¡Venga ya! ¡Pero como voy a creerte si presumes de vivir en la era de la
hiperinformación!. Te lo cuento de todas maneras: mi cuerpo se deshace de a poquitos en un
proceso lento pero aceleradamente inexorable. Y cada trozo que se escinde, lanza un gemido que
prefiero no describir porque me entran ganas de llorar. No sirve de consuelo que vuestro involuntario cómplice le sirva de cuna para su nueva vida, ni que lo arrulle en su caída con un
espumoso chapoteo.
Pero no me entiendas mal. No quiero darte pena. De hecho, ni yo ni los de mi especie tenemos propiamente sentimientos. Recuerda que únicamente estoy traduciendo lo que nos pasa a términos que tú puedas entender. Si así lo pillas mejor, no distinto soy de Pink, el rockero
destrozado en su confortable insensibilidad -es tan agradable el calor…-, aunque la lepra terminalque él padecía fuese de corte moral. ¡Y ahora que lo pienso!, no debo extrañarme por eso, pues al fin y al cabo no soy sino una especie de muro natural.
Quiero que sepas también que un muy viejo compañero de banquisa, que moraba cien kilómetros al sur, se hartó tiempo ha del continuo sufrimiento. ¡Pobrecillo! ¡Toda una vida
queriendo acercarse al Occidente, para acabar huyendo de él! Así que tras lanzar un sentido crac
que a todos conmovió porque supo a grito de combate, se fugó mar adentró una cálida mañana,
dispuesto a no volver. Al poco supimos que había hundido a vuestro Titánic, en una de tantas estériles rebeliones.
¿Perdón? ¿Que cómo un témpano de hielo puede expresar sus pensamientos? Pues porque
una de esas células terroristas que vosotros llamáis equipo técnico-científico me ha conectado un
dispositivo diseñado al efecto. Es otro de esos ingenios por los que sentís perversa atracción, que
renováis continuamente y que no hacen sino fabricar ese calor que ahora nos derrite. ¡Si supierais lo
que duele que con otros grabéis a camara rápida nuestra ralentizada agonía! ¡O que luego lo
visualicéis por grupos mientras con miniaturas de nosotros -también por máquinas creadas refresquéis
vuestros refrescos en cálidas terrazas soleadas durante los apogeos del invierno! ¡O que vengáis a contemplarnos en turismo de supuesto riesgo, cuando los únicos que corremos peligro somos todos cuantos no somos vosotros! ¡O que…! ¡Puajjj, mejor me callo!
Porque además ya solo tengo tiempo para dos deseos. El último, el placentero, no os lo contaré. Total, no lo entenderíais. Mas permitidme que en el penúltimo exprese mezquinos sentires.
Creo que lo merecemos, yo y toda mi moribunda especie: solo esperamos, pues, que se cumplan
vuestras propias profecías, de modo que algún día una de esas máquinas por las que tanto amor
sentís pueda daros jaque mate.

………

Fernando Rosales Naya, profesor de historia en el CPI de Baralla y autor del ensayo ” Huyendo de Occidente”, publicado por la Ed. Zaera Silvar (y lo más importante,un querido amigo), ha escrito esta historia para siniestro disfrute de los miembros del Club de las dos lunas. Que lo gocéis, corazones nocturnos.

Pesadilla antes de la Precuela, por Fernando Rosales

Ghost Soldier

Me llamo Luis de Bombarral, y soy un muerto. No, no estoy borracho. Tampoco soy un zombie. Nací en Salvaterra de Magos. Fui -bueno, y soy- portugués, y me dieron muerte en 1918.
Sí. Pronto hará un siglo, quién lo diría.
Pensarás que me he cargado la historia al revelar desde el principio mi condición de fiambre. Pero es que lo interesante de mi cuento no es que un muerto se dirija a ti -eso, si eres asidu@ de esteblog, no debe sorprenderte-, sino que esté a punto de ser asesinado por vigesimocuarta vez.
Así que pon oído:

Aun no tenía dos años la Guerra del 14, cuando a mi gobierno se le metió entre ceja y ceja que debía meterse en ella. Ya sabes: un pequeño país, pobre y atrasado pero con ricas colonias en África que las potencias mandamases de por entonces deseaban. Para evitar que los vencedores se ganasen cien años de perdón expoliándonos al acabar la carnicería, debíamos minimizar riesgos participando en ella. Y del bando británico, of course, que por algo Reino Unido dominaba nuestra economía desde Dios sabía cuándo.
Total, que yo acabé enviado para luchar en los campos de Flandes. Y allí, en la mañana de un 10 de abril del año que ya dije, mis restos quedaron esparcidos no lejos de Ypres tras encontrarse con un obús que, a día de hoy, ignoro si fue lanzado por nuestros enemigos alemanes o por nuestros aliados británicos. Triste cosa, morir en primavera…
Pero ahí empezó lo bueno.

Fue todo bien al principio. Pues en el otro mundo confraternizamos todas las víctimas de la Guerra sin mirar nuestro origen, idioma o uniforme. No solo eso. Hartos de que los avances del conocimiento se empleasen para picar carne humana a gran escala, decidimos combinar nuestros saberes para descubrir un cauce de comunicación con el mundo de los vivos. Era mucho lo que se podía ganar de conseguirlo: impedir que los dirigentes por quienes habíamos muerto tapasen sus crímenes construyéndonos monumentos y cenotafios que no harían sino acentuar los odios al recordar desde las plazas públicas y los camposantos cuán heroica había sido nuestra actitud y cuánto bien había hecho a la patria nuestro sacrificio. No. Eso no debía repetirse.
Nosotros mismos, aquellos que habíamos sido brutalmente desalmados, nos infiltraríamos continuamente en el mundo de los vivos para dirigirnos a la gente. Sí. Siempre que fuese necesario le recordaríamos cuán poco heroica y qué grandemente miserable, cruel y perjudicial es una guerra.
Solo nosotros podríamos hacerlo. Pues muchos de los supervivientes empezaban ya a ser comprados con pensiones y medallas…

Pero cuando al fin encontramos la manera, empezó todo a torcerse. Los muertos se reagruparon de nuevo por naciones, dispuestos a defender para la suya el honor de ser la primera en beneficiarse del hallazgo.
Discutir quién empezó es en mi opinión tarea vana. Quede para mentes mezquinas. Poco imaginativas, además, pues las recriminaciones que se echan unos a otros son todas parecidas, y todas ocultan la verdad. Eso sí, sin duda harán correr más tinta que buscar al culpable de la propia Guerra del 14. Para más de un francés, todo se estropeó porque un maldito boche se desmarrcó grritando: “empecemos porr mis compatrriotas, pues se les culpó injustamente de la Guerrrra y esa afrrenta a la dignidad nacional merrece ahorra rresarrcimiento”. El sector alemán culpa en cambio a cierto hijo de la Gran Bretaña, que, como buen tendero, quiso anticiparse para comercializar tan magnífica exclusiva -las malas lenguas insinúan incluso que como oferta de lanzamiento realizaba tres demostraciones por el precio de una-. Y esto no acaba aquí: según los serbios, detonó el follón cuando un húngaro se negó a que hablásemos todos a la vez y, sin consultar a Dios ni al Diablo, y apartando a codazos a su propio amigo austríaco, se autoproclamó único portavoz. Y suma y sigue.

Nada de eso me interesa. El caso es que al poco tiempo nos hallábamos de nuevo en lucha y, vete a saber por qué, reproduciendo paso por paso la guerra original. Mas como no podía ser de otra manera, esta nueva pelea -Primera Guerra de los Muertos según algunos, verdadera Segunda Guerra Mundial en mi opinión- provocó los mismos muertos que su modelo, con su propio infierno de excombatientes. Estos repitieron a su vez la maniobra, y así sucesivamente cada cuatro años.

Yo estoy desesperado. Veo otra vez caer a mis camaradas. Y espero resignado revivir eternamente mi dolorosa y cruel muerte. Los chamanes que honrando al nombre de mi pueblo desde el principio me visitaron para traerme nuevas de mis deudos vivos y calmar mi pena, tardan cada vez más en regresar. Pues no solo demoran el inicio de su viaje al tener que elegir en qué infierno visitarme, sino que una vez elegido destino deben hacer un recorrido cada vez mayor porque esto se expande casi tan rápido como el mismísimo Universo. Y es que, amig@ mí@, como en una saga holliwoodiense, vamos ya por la ¡¡¡vigesimocuarta entrega!!!

Solo falta que algún capullo se saque del bolsillo la precuela.

———

Fernando Rosales Naya, profesor de historia en el CPI de Baralla y autor del ensayo ” Huyendo de Occidente”, publicado por la Ed. Zaera Silvar (y lo más importante,un querido amigo), ha escrito esta historia para siniestro disfrute de los miembros del Club de las dos lunas. Que lo gocéis, corazones nocturnos.

La noche de Halloween

Fue durante una noche de Halloween. Enrique estaba sentado bajo el porche de su casa.
De lejos llegaba la gente del desfile de Halloween. Su casa estaba en el cinturón de una
pequeña ciudad, en una zona alta. Un sendero bajaba desde su vivienda hasta una calle solitaria
que seguía hasta la ciudad. La luna llena iluminaba el sendero y parte de la calle, más allá,
comenzaba una hilera de árboles, y esa parte estaba oscura, entre sombras.
Enrique fumaba su pipa mientras se hamacaba en su mecedora. Lanzaba al aire una bocanada
de humo, cuando desde su posición ventajosa, divisó a un grupo que avanzaba en fila por
la calle. Dicho grupo salía de la parte oscura, donde había árboles.

Siguieron por la calle y doblaron en el sendero que terminaba en su casa.

– ¿¡Pero y a estos que bicho les picó!? – a Enrique no le gustaba que la gente entrara en su
propiedad, y no iba a tolerar a un grupo de disfrazados; a la distancia parecían eso, gente
disfrazada para Halloween. Algunos sí estaban disfrazados, pero estaban muertos; era una
horda de zombies.
Los ruidos que llegaban desde la ciudad, no eran la algarabía del desfile, eran los gritos de
terror de los ciudadanos que eran atacados por los zombies.
Enrique intentaba detenerlos cuando se dio cuenta de lo que eran, fue demasiado tarde.
La horda lo rodeó, se serró sobre él. Entre sus gritos se escuchaba el castañeo de dientes
masticando.
Desde el cielo llegó una carcajada, y delante de la luna, cruzó la silueta de una Bruja,
volando en su escoba.

La profecía del fénix~The prophecy of the phoenix

 El lago de los dragones ya se hiela,

 los demonios del bosque salen.

Las sirenas caminan sobre la tierra

y aquellas almas que estaban muertas,

despiertan de las profundidades.

 The dragon’s loch is getting cold,

 the demons leave the forest.

The sirens will start to walk on earth

and the ones who once were dead,

wake up from the deepest dephts.

phoenix

Inspirado en La Saga del Fénix, por Malon.