No digas nada

-¡No mientas! ¡No me mientas!
Un río de lágrimas que eran pensamientos corrían por las mejillas polvorientas de la mujer.
-¿Quieres decirme la verdad? ¡Por qué no quieres decírmela! ¡Dime la verdad!
No habla nadie, y sin embargo no hay silencio. Los ruidos en el cuarto pequeño aun seguían.
-¿Que es lo que hay ahí? ¡Que es lo que hay allí!
Era un murmullo, como de gritos ahogados que mueren por lo bajo en el cuarto del fondo, el mas alejado con respecto a su habitación y a la estancia en la que ahora se encontraban.
-No diga nada, señora. Permanezca en silencio, se lo ruego.
El silencio deshacía lentamente la tortura de la mujer, pero el hombre cuyo interior era gris y vacío ya se había entregado a la desdicha del murmullo que le mataba lentamente por dentro.
El rumor había callado, y solo se escuchaba el latido de un corazón que delataba la ausencia de un segundo latente en la sala.
-¡Cobarde!
Arrojó el cuerpo sin vida al suelo y se decidió a averiguar por si misma el origen de su reclusión y desarraigo en los últimos meses.
Le seducía de alguna forma el pavor profundo que sentía, asi que con el cuchillo en la mano se decidió a recorrer el pasillo que la separaba de su objetivo, del que era presa y cazadora al mismo tiempo.
Se encontraba ya en la mitad de su breve pero intenso trayecto cuando cayó al suelo, física y moralmente agotada. Y desde el suelo siguió avanzando, pues la fuerza de atracción de aquella puerta entreabierta era mayor que lo que quedaba de alma y espíritu en ella.
Tras haber cruzado el infierno que en otras condiciones hubieran sido no más de quince pasos, su mano se aferró al pomo de la puerta, levantando su cuerpo malherido y tambaleante.
Un golpe fue suficiente para que se abriera, y para que sus sentidos se vieran ofuscados por un mar de recuerdos sempiternos, que sin saberlo habían permanecido allí, ocultos, para volver y vencer al olvido tras la madera de una puerta que cruje bajo la humedad del llanto apagado. La mujer murió, ahogada por sus propias memorias.

Susurros de cordura

“Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, como llorando de pena y alegría al mismo tiempo. Como una fugaz mirada al pasado que resbala por el asfalto y se escurre por una sucia alcantarilla, arrastrada por el llanto constante del frío invierno. Una lluvia de melancolía; una soledad de pensamientos y recuerdos que discurren por las cañerías de la casa. Un llanto que hace llover por dentro, llorar en silencio al compás del aguacero. Morir de pena con una sonrisa en la cara, de tan acompañado estar en la más absoluta soledad, y caer en un profundo abismo sin moverse del sitio.

Son estos mis últimos susurros de cordura, que dejo plasmados en el papel antes de lanzarme al pozo de la locura de forma definitiva en un viaje sin retorno. Muy buenas noches.”

 

Se lanza así el hombre al pozo del deseo, y su borrasca de sollozos se pierde en la espiral de una ociosa tarde invernal que poco a poco le consume.

Les relataré si me lo permiten la historia de su autor. No importa de ningún modo su nombre o su aspecto, y mucho menos si no fue más que un producto de mi imaginación o de la suya.

 

Vivía él rodeado de lujo y extravagancias, como solo un hombre que ha pasado por la más absoluta miseria hubiese deseado; y así vivió hasta que un día la demencia llamó a su puerta, y lo dejó todo. Se lanzó a las calles, y allí murió un par de veces, hasta que por fin decidió que su hora ya le llegaba, aunque de ningún modo moriría con el más pequeño atisbo de coherencia o cordura; dejó escrita una breve despedida y se marchó para no volver. Qué equivocados están ustedes en este momento si piensan en mí como una persona sensata y corriente; ni siquiera sospechan que les escribo desde el fondo de los abismos más profundos de la mente y que soy yo el único autor de esta improvisada biografía.

Extranjeros en el hogar

¡Qué decir! Si el Universo se nos viene encima, ¿por qué no íbamos nosotros a venirnos encima suyo? ¿Por miedo a qué? Una de las pocas ventajas (por llamarlo de alguna forma) que nos ha traído este gobierno es que hemos perdido el miedo; a la corrupción, a los monstruos que parecían existir solo en los sueños, a perder nuestros derechos más básicos, al caos absoluto, en definitiva, al miedo, ese miedo que tan bien describía Lovecraft. Así que aquí estamos, sin miedo, escapando de la censura y con ganas renovadas de olvidar el pasado -que no perdonarlo. Bienvenidos a todos a este refugio de humanos que huyen de los que no lo son, de soñadores que sueñan una realidad distinta. Bienvenidos a Cartas desde Malvadia. Somos extranjeros, pero extranjeros en nuestro propio hogar.

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Claveles y lirios,

Claveles y lirios en el ambiente. Ojos negros como el carbón y brillantes como la luna que se clavan en el blanco vacío de una pared. Por encima de toda la algarabía, su sonrisa contenida que llenaba de nostalgia toda la estancia.

Suenan palmas, se entonan canciones y el sumiso susurro de su silencio parece callar el lugar y gritar a mi oído.  Se oyen disparos fuera, y lejos de abandonar el lugar, se sofocan los gritos con otros más altos, y entran los hombres que van armados.

Una bala enrojecida vierte mi copa, y unas gotas de champán me refrescan las coloradas mejillas inesperadamente. Siguen lanzándose claveles y lirios; las balas tampoco cesan y alguno yace ya sobre un charco ensangrentado, en el suelo; pero por encima de todo se ve su sonrisa roja, que consigue que las batallas parezcan de flores, y que la nostalgia y el champán huelan a carmín y a claveles.

Bloody carnations

Dos niños jugando en su nueva casa descubren una habitación secreta… y habitada.

El título lo dice todo. ¿Os imagináis que, al apoyaros en una estantería descubrís unas escaleras de caracol que llevan a un cubículo con sábanas y todo tipo de muñecos y objetos macabros? Estas cosas solo pueden pasar en Estados Unidos… ¿no?

Aquí os dejo la noticia, con fotografías que muestran todo lo ocurrido en esta casa:

http://www.cribeo.com/estilo_de_vida/1052/dos-ninos-jugando-en-su-nueva-casa-descubren-una-habitacion-secretay-habitada

Nota: La policía sigue investigando, y después de una prueba de ADN, aún no tiene la más mínima idea de quién pudo haber vivido (o vive) en el cubículo.

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Invierno

El coche se detiene. En medio del camino hay una pila de lo que algún día habían sido mesas. Se encuentra rodeado de campos de calabazas, y el sentimiento de soledad se hace cada vez más presente. Ciertamente, la compañía de la madera rota y las enredaderas no era muy agradable. El hombre ya está fuera del vehículo, y mira al cielo, que amenaza tempestad. Ensimismado, piensa en su pequeño apartamento. La casa de Ella y los campos de maíz que la rodean, bastante más pintorescos que los que tenía ante sus ojos. O  no.  Porque los ojos están cerrados. Y en un instante todo puede cambiar. O  no hacerlo. Sigue nuestro personaje en el particular mundo de su mente, y detiene su bombardeo de pensamientos para escuchar algo. Es la música que el viento  hace al pasar por las rendrijas de la madera, llena de misterio, que cada vez suena con más fuerza que la anterior. Abre los ojos, y está tumbado boca arriba, sobre el asfalto.

A sus pies hay un banco astillado, y sobre él restos de una ventana que brillaban a la tenue luz del sol. Decide levantarse, sin siquiera preguntarse qué hacía tumbado en la carretera, y se acerca a los escombros. Trata de coger un pedazo de vidrio, pero se corta. A los pocos minutos, ya hay un charco color carmesí en el suelo, mas nuestro amigo ya no teme por su vida. La verdad, ya no quiere que nadie le encuentre; ni quiere moverse de allí.

Conforme va cayendo sangre, las nubes van dejando pasar más claridad. Da dos pasos el hombre, oye un lápiz crujir bajo su mocasín y se da cuenta de que ha sido despojado de cuanta visión tenía. Pero no está ciego; ve la luz. Ve la escalera, sube sus peldaños, y llega a casa. Y en casa duerme profundamente, no sea que uno de los de abajo le encuentre. No, imposible; a los que cierran los ojos nadie les busca, ni les encuentra. Y comienza a llover, llueve mucho, como gritando: « ¡Ya  llegó el invierno!»

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Curiosa la forma en que me mira

Es curiosa la forma en que me mira. Curiosa su apariencia, curiosa su mirada, su sombra, curiosos los verdes ojos con los que me sigue mirando; curiosa la forma en que camina, en que se mueve, en que se dirige hacia mí y en que se me queda mirando como esperando que le diga algo.

-Curiosos los afilados dientes que le salen de la sonrisa color carmesí.

-¿Qué?

-No importa…

Curiosa la forma en que se marcha, y lo más curioso de todo es que, como el espectro que es, se desliza sigilosamente y entra en el metro, y de nuevo la curiosa forma en que me mira, y sonríe, y siento un ligero picor en el cuello.

Ciertamente curiosa la marca de dos afilados colmillos, que se fueron y nunca más volvieron, pero que curiosamente siguen conservados en las escaleras del metro.

Curiosa esta vida.

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¡Se abren las puertas! La muerte monta sobre un caballo andaluz,

El hielo cae, y cruje bajo unas babuchas decoradas y llenas de rabia. Y si el hielo cruje, con el caerán las vidas de muchos inocentes, y no serán pocos los culpables que sobrevivan. Se escucha el llanto de un niño, que llora por instinto, porque aunque no sabe lo que ocurre, sabe que es malo, que cuando acabe no quedará nada, quizá tampoco él, y Alá tornará la mirada, y Mahoma no podrá hacer nada, salvo saludar  a los nuevos inquilinos de la casa… ¡Callen! ¡Escuchen…

-¡Llévenselo! ¡Llévense a este insolente viejo demente! Las pedradas le harán reflexionar sobre sus predicaciones profanas, y la muerte le dará su merecido.

¡¡Cállense!! ¡¡YA!! ¡Escuchen! ¡Escuchen… los caballos! ¡Ya están aquí! Escucho las espadas, veo la sangre y el dolor, y las miradas inocentes horrorizadas, y…

-¡¿Aún sigue aquí?! ¡Adelantad el lapidamiento! ¡Quiero ver sangre brotar de ese rostro sucio y profano!

¡Agghhh! ¿No lo escuchan? ¡¡Van a caer las murallas!! Ya puedo ver a los pobres campesinos, la cerámica de los artesanos se rompe sobre su nuca, ¡¡no lo quiero ver!! ¡Yo les he avisado! ¡Humíllenme después tanto como les venga en gana, pero yo decidiré mi muerte!

¡Agghhh! Yo… yo les advertí.

Se abren las puertas del palacio, cae desplomado el hombre y antes de que nadie comprenda quién realmente era, los cristianos entran, y la sangre baña las impolutas yeserías y ornamentaciones de las paredes.

Y el obeso y tirano emir cae derrumbado sobre sus rodillas, con una cimitarra atravesándole como si de una brocheta se tratase.

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Aisha Kandisha

Aisha Kandisha, hija del traidor don Julián, lleva en su sangre el veneno de generaciones de odio y miseria. Si alguna vez se os ocurre, niños, salir de casa después de que se ponga el sol, nunca os acerquéis a ninguna mujer, por hermosa y amable que sea. Y os lo digo yo, como mujer, como anciana, y como viuda.

-¿Por qué, vieja Aaminah? ¿Por qué no se puede?

-¡Abdul! ¿No te he contado esta historia ya unas mil veces? Muy bien, te refrescaré la memoria, pero que sea la última vez.

Por muy hermosa que se presenta la Aisha Kandisha no es otra cosa que una djina; son cientos los hombres que, al verla bañarse en un oasis, un río e incluso cerca de un pozo, no pueden evitar acercarse a ella, y antes de que puedan reaccionar ella vuelve a su forma real, una repulsiva vieja, con la piel corrompida por los siglos, y sus largos cabellos que son en realidad grises y mugrientos mechones que le caen a cada movimiento que hace. Rápidamente, sacaba un largo machete y segaba las cabezas de sus víctimas como si de trigo se tratara. En un suspiro, Aisha ya no estaba, y se veía una rojiza forma esférica flotar en el agua.

Pero claro, ese es el precio que un hombre pagaba por mirar a Aisha Kandisha, torturada por los invasores, traicionada por su propio padre, y una peligrosa djina que venga su propia muerte todas las noches, cerca de un río del Magreb.

Aisha Kandisha

Siluetas ante el atardecer

Se ve su sombra caminar por entre las cristaleras de uno de los edificios mas antiguos de la ciudad, el Royal Can. Se ve el reflejo de su mirada penetrante, sus ojos verdes y brillantes como ningunos. Su silueta que parece deslizarse de sala en sala y su vestimenta extravagantemente anticuada no podían hacer mejor combinación con los lugares que frecuentaba. Ambientes obscenamente bohemios, solo frecuentados por un público extremadamente elitista y no demasiado corriente. Alguna lágrima caía sobre una copa vacía de líquido, pero llena de recuerdos. Historias que nunca fueron contadas de héroes anónimos, y de unos cuantos que vieron su gran sueño soñado por otros. Oraciones inverosímiles, y sonrisas que se intercambian, con malicia, a altas horas de la noche en un pub casi vacío. Un par de sombreros huérfanos esperan en vano que alguien se compadezca de ellos, recordando viejas historias que, como otras muchas, tampoco serán contadas. Y mientras tanto ella contempla de nuevo otro melancólico amanecer de una tierra que no es la suya, y corre las cortinas, y una lágrima triste cae una vez mas sobre una copa vacía.

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Amuletos I

Antes que nada, tengo que decir que espero que os guste mucho este post, porque aunque solo sea simbólicamente, es muy importante para todos nosotros. Este es nuestro post #150. Y no, no he puesto ningún cero de más: por increíble que parezca, llevamos ya 150 historias, relatos, noticias, recuerdos… y parece que aún fue hace unas cuantas semanas cuando empezamos a escribir aquí.

Los amuletos son algo tan antiguo como la humanidad; siempre hemos tenido algún talismán, piedra o pata de conejo en el que hemos confiado, que de alguna forma nos protege o, simplemente, nos trae buena suerte.

Los amuletos en Galicia. 

Es muy habitual que provengan de animales u otros seres vivos, incluso de una persona querida (desde un mechón de pelo hasta un colgante con dientes de leche) o que estén asociados a lugares en concreto.

  • Cuernos de Vacaloura (Ciervo volante)

Las pinzas de este insecto fueron muy utilizadas (y lo siguen siendo) como amuleto para defenderse contra brujas y otras presencias malignas, además de otorgar fuerza y salud a personas de constitución más bien frágil o enfermiza.

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  • Los cinco “Sanandreses” o Roscas do Santo

“A San Andrés de Teixido vai de morto que non vai de vivo”. ¿Cuántas veces habremos escuchado ese refrán? Pero, cuando se va, no se vuelve con las manos vacías: no existe producto más típico que los cinco Sanandreses: figurillas elaboradas por los artesanos locales. Se dice que el que los tenga consigo, nunca estará desamparado. Pero siendo aún más concretos, estos son los cinco:

La Mano: por el trabajo y el sustento.

La Barca: para los viajes y los negocios.

El Santo: por la salud y la buena convivencia.

                     –El Pensamiento: por los estudios, las pruebas y el buen sentido.

Este último se considera el más útil de los cinco, ya que también es de gran eficacia contra envidias y maleficios.

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  • Amuletos del mar

No existe nada más vinculado a los gallegos que el mar.  Desde siempre, ha sido el origen de cientos de leyendas, maldiciones y, por supuesto, amuletos. Aquí algunos de los más populares:

Caballito de mar: allá por el siglo XVII ya era un elemento inseparable de todo jinete; se decía que protegía de las caídas y que daba fuerza y agilidad al caballo y al jinete, además de prevenir contra entidades malvadas, enfermedades, sortilegios y todo tipo de accidentes.

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La concha de vieira: símbolo del Camino de Santiago, se dice que trae a su portador la pureza y la sabiduría, además de reforzar el espíritu. Cuentan las leyendas que si empiezas y acabas el Camino con la misma vieira y luego la lanzas a una fuente, tendrás tantos años de suerte como días hayas caminado.

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Algas: si la marea te trae un alga verde, significa que resolverás tus problemas con éxito. Si te trae un alga roja, siempre que la lleves contigo serás afortunado. Si lo que te trae es un alga marrón (parda) os traerá salud a ti y a tu familia.

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  • Pirita

En Galicia también ha habido siempre tradición de minería, y a pesar de que hay decenas de rocas y minerales que se dice que traen suerte, la más popular es la pirita. El “oro de los tontos” es también conocido como “la piedra de la casa”, pues se dice que aporta paz y bienestar en el hogar. Muchos menciñeiros la empleaban también contra infinidad de males: gastritis, gases y, de hecho, cualquier problema que tuviese algo que ver con el aparato digestivo en general, además del aparato circulatorio.

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De plantas y amuletos.

Desde el mito global del trébol de cuatro hojas hasta plantas medicinales, nunca ha estado de más llevar algunas hojitas de laurel en el bolsillo…

  • El Trébol de Cuatro Hojas

Posiblemente el amuleto más globalizado, símbolo de los irlandeses, e incluso de la buena suerte en general. Pero no surte ningún efecto si es comprado, regalado o no es encontrado accidentalmente, ya que son extremadamente difíciles de encontrar: por cada árbol de cuatro hojas, hay 10.000 tréboles de tres hojas. Según la leyenda irlandesa, cada hoja o foliolo tiene un significado:

  1. La primera es para la esperanza.
  2. La segunda, para la fe.
  3. La tercera es para el amor.
  4. Y por último, la más especial de las cuatro, (obviamente, la cuarta), para la suerte.

Cuenta también la leyenda que si encuentras un trébol con un número de hojas mayor que tres (el récord es uno de 21 foliolos) e impar, te traerá mala suerte si no lo arrojas al río o arroyo más cercano.

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  • La Menta y la Hierbabuena

Estas dos plantas, bastante similares entre ellas, se han utilizado durante siglos en Europa y zonas de América como protector ante los malos espíritus, además de ser muy populares en la Edad Media por sus propiedades curativas. Son muchas las leyendas de jóvenes que se adentran en el bosques repletos de brujas y demonios, y que cuando todo indica que van a perecer bajo alguna fuerza maligna, sacan un puñado de menta o hierbabuena y lo lanzan contra la criatura, que huye abrasada o, simplemente, cae bruscamente al suelo. También los de niños convalecientes que al masticar unas hojas de hierbabuena mejoraban inexplicablemente. Entre otras cosas, se decía que si regalabas un ramillete de hierbabuena en flor a una dama, esta se enamoraría perdidamente de ti. De hecho, aún se cultiva en numerosos pueblos o aldeas, como regalo de bodas o de cumpleaños… o como sabroso medicamento.

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  • La lavanda

Un simple saquito de lavanda en el bolsillo es algo tan mágico como pocas cosas hay en este mundo. Desde tiempos inmemoriales, ancianos menciñeiros o sabias viejecitas han transmitido el potencial de esta planta a nuevas generaciones, e incluso en plena ciudad no son pocas las señoras que no llevan un par de ramitas de lavanda en una bolsita de tela escondida en el fondo del bolso. Amor, salud, felicidad, paz con uno mismo… no son precisamente pocas las propiedades que se le atribuyen a esta planta. Su aroma espanta a las polillas, lo cual, además de ser muy útil, le ganó la cualidad del bien, pues en algunas culturas estos animalillos estaban asociados a las brujas, los maleficios, y el mal en general.

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-Amuletos del mundo.

No para acabar, porque al fin y al cabo este post es un comienzo de otros tantos que vendrán, de amuletos o talismanes, y porque vendrán otros 150 posts, y quién sabe cuántos más… os dejamos con una selección de algunos de los amuletos más conocidos y globales; además de algún que otro de otras culturas completamente distintas a la nuestra.

  • Herradura

Posiblemente sea, junto al trébol de cuatro hojas, el amuleto más globalizado actualmente. Colocado en la puerta de las casas desde hace siglos (costumbre que aún se practica en la actualidad en muchísimos pueblos de todo el mundo occidental) para atraer la suerte y la prosperidad al hogar. Hay quienes aseguran que es el amuleto más antiguo existente que aún continúa siendo utilizado y gozando de una gran popularidad en muchas zonas del mundo. Las opiniones están bastante divididas: hay lugares -la mayoría- donde esta se coloca hacia arriba, simbolizando la captura de energía del cielo; mientras que en otros se asegura que debe ser colocada boca abajo, pues sino no tiene ningún efecto.
En lo que sí que se coincide es en que, además de traer suerte, hace más positivo y sano a su portador, además de proteger a su familia.

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  • Pieles de Serpiente y Serpientes en Formol

Quizá aquí las serpientes no tengan una muy buena fama aquí debido a su veneno, pero en muchas zonas de Asia son animales cuanto menos, sagrados. No son pocos los países en los que, en la estancia central de las casas ricas, hay un bote (o varios) con serpientes en formol. Se dice que traen la paz al hogar, así como la armonía entre los miembros de la familia. También son muy apreciadas como amuletos y talismanes en diferentes zonas geográficas las pieles de estos reptiles. En la cultura celta, eran muy empleadas para hacer bolsitas, y llenas de semillas de peonías para espantar a los llamados “vampiros psíquicos“, criaturas con apariencia antropomórfica que, se decía, chupaban la esencia de las personas, debilitándoles incluso hasta la muerte. En numerosas tribus indígenas americanas, se utilizaban las pieles de serpiente (preferiblemente las de serpiente de cascabel, pues esta hace sonar el cascabel cuando va a atacar) para espantar a los malos espíritus y a las personas envidiosas o con malas intenciones además de, por supuesto, proteger a su dueño.

En la cultura clásica, estaban asociadas a la salud y es que, de hecho, no eran pocas las personas que llevaban pulseras o collares de piel de serpiente. Hay leyendas que incluso apuntan a que están relacionadas con la inmortalidad, la vida infinita, en ocasiones representada por un uróboro (serpiente o dragón comiéndose su propia cola), que ha sido interpretado de cientos de formas durante los últimos tres milenios. También los médicos de la Antigua Grecia confiaban plenamente en las propiedades curativas de la serpiente, hasta el punto de que el símbolo de los farmacéuticos es la llamada Copa de Higía, una serpiente enroscada alrededor de una copa; y el símbolo de los médicos es la Vara de Esculapio, una serpiente entrelazada alrededor de una vara larga.

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Piel de Serpiente

  • Pata de conejo

Otro amuleto popular como el que más desde hace siglos es la pata de conejo. Se dice que, en en el centro de la Europa pre-cristiana comenzaron a difundirse historias de personas que eran mágicamente sanadas de gota, calambres y otros reumatismos al ser frotada sobre la zona afectada una pata de liebre, animal entonces temido al mismo tiempo respetado. La superstición siguió extendiéndose por Europa del Este, llegando incluso a Asia. Conforme pasaba el tiempo, y la magia y hechicería se hacían cada vez más populares, comenzaron a venderse en comercios especializadas patas de estos animales. Pero con la entrada del cristianismo en Europa, esta costumbre se declaró pagana. Con la entrada en masa de los conejos en el Viejo Continente, se reforzó la superstición y, al ser mucho más fácil de conseguir la pata de conejo que la de liebre, poco a poco esta última cayó completamente en el olvido , y la fama de la pata de conejo subió como la espuma, hasta el punto de que en la Edad Media, muchos reyes y nobles pedían patas de conejo para regalarse entre ellos, o simplemente como prevención ante el mal de ojo u otros entes malignos. Se puso muy de moda entre las mujeres de la nobleza maquillarse con una pata de conejo, costumbre aún practicada por actores en distintas partes del mundo. Los conejos siempre han simbolizado entre otras cosas la fertilidad debido a su capacidad de reproducirse a un ritmo vertiginoso, así que también se decía que era muy útil para aumentar la fertilidad . ¿Por qué el pie y no otra parte del cuerpo? Pues muy sencillo: el pie es símbolo de potenciapoder y fuerza en muchas culturas, tanto occidentales como asiáticas. Las leyendas aseguran de que no tiene ningún efecto sobre su poseedor si no se cumplen ciertas características:

  • Para que sea un poderoso talismán (además de dar suerte, protege) y no un simple amuleto, el conejo debe ser matado por un hombre bizco en una noche de luna llena .
  • Debía de ser la pata izquierda trasera, pues se creía que las patas traseras tocaban antes el suelo que las delanteras.
  • Así como la pata debía ser la izquierda, también debía ser llevada en el bolsillo izquierdo.
  • El conejo debe estar completamente sano, caso contrario se le transmitirán los males del conejo a su portador.

Pata de conejo de la época victoriana, con detalles de plata.

¿Y tú? ¿Tienes algún amuleto? Pronto, más posts de amuletos y muchas sorpresas. 150 por lo menos. 🙂

Llueve

Llueve. Oigo cada minúscula gota de agua caer sobre el asfalto. No escucho ruido de motores y de humo. Escucho el agua bajar por las cañerías, y siento la claridad algo melancólica que hay fuera. Silencio. El agua ha cesado. Pero yo sé que es el ojo del huracán, que no ha hecho más que empezar. Que pasaré la noche en vela, sintiendo calarse en mis huesos el frío y la humedad que muchas personas están teniendo que soportar en este mismo instante en muchas partes del mundo. Muchas personas que están tratando de calentarse lo justo para rehuirle a la muerte una noche más con unos trozos de lo que algún dia fue una caja de cartón, y que, al igual que sus usuarios, no está pasando por su mejor momento. Y la lluvia vuelve, más fuerte que antes. Y poco a poco voy cerrando los ojos, aunque sin llegar a dormirme, y pienso que a lo mejor un día seré yo el que se refugie del invierno bajo unos cartones. Y cierro del todo los ojos. Y siento que el invierno duerme bajo las mismas sábanas que yo. Y me despido, con lágrimas en los ojos, no porque haya llegado mi hora, sino porque ha llegado y esos sucios y húmedos cartones siguen esperándome, y nunca voy a tener la ocasión de dormir en ellos. Y me despido de nuevo, pero ahora con un lacónico y triste

Hasta pronto.

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