El eterno amor de una madre

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Uno de los relatos que escribí tiene que ver con esta historia. Lo curioso es que lo ideé hará un aňo y de este triste suceso me enteré ayer. Desde luego que existen realidades que si no superan a la ficción, desde luego la igualan.

Esta que veis arriba es la tumba de Florence Irene Ford. Corría el aňo 1871 cuando la pequeňa Florence murió cuando apenas contaba con 10 aňos de edad a causa de la fiebre amarilla.
Pues bien,en vida, Florence le tenía pavor a las tormentas y su madre, no queriendo dejarla nunca sola mientras duraban los truenos, le leía cuentos y la acariciaba mientras duraba la tempestad.

Cuando Florence murió su madre no quiso renunciar a dejar sola a su pequeňa niňa y mandó construir una diminuta cámara subterránea adyacente a la tumba de su hijita, con una pequeňa ventana contigua al ataud, a la altura donde reposaría su cabecita.
Así que muchos aňos después de la muerte de Florence,su madre acudía cementerio para leerle cuentos durante las tormentas.

Las escaleras que llevan a la cámara todavía permanecen, pero la ventana fue tapiada en 1950.

A continuación os deleito con una recreación de esta triste,melancólica pero esperanzadora escena por el ilustrador Pau Gavino.

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Polaire y su “cintura de avispa”

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Polaire  (Estrella del Norte) fue el nombre artístico  con el que se conocía a la cantante y actriz francesa Emilie Marie Bouchaud (1874-1939). Nacida en Argelia -en aquel entonces una de las colonias de Francia- se hizo muy famosa por versionear uno de los grandes éxitos de la época, Ta-ra-ra boom the ay. En ese momento los corsés para las mujeres eran el último grito en moda así que ella lo utilizó para marcar y acentuar cada vez más su pequeňa cintura,que según parece ser medía 410 milímetros.
Polaire era una mujer moderna (antaňo tildada de excéntrica) así que en lugar de tener un perrito como mascota, adquirió un cerdito al que puso por nombre Mimí. Lo llevaba de punta en blanco, siempre con vestiditos y un collar de perlas.
La bella Polaire hoy acapararía las portadas de las revistas de moda porque era toda una trend-setter: llevaba un pequeňo aro en la nariz y el pelo suelto y ondulado,algo insólito a finales del S XIX porque no se llevó así hasta la época de los felices aňos 20.

La “Cintura de Avispa”

El modelaje de la cintura, como la costumbre china de menguar los pies, era una práctica aceptada en la época. Es más, era lo deseable y lo más fashion del momento. Las mujeres ansiaban tener la llamada “cintura de avispa” así que, voluntariamente se sometían a auténticas torturas con tal de reducir la cintura unos centímetros bien visibles.  Existen muchos documentos gráficos de mujeres de la época de finales del siglo XIX y principios del XX  que demuestran que no es ningún trucaje, damas fanáticas  del “tightlacer” que poseían cinturas imposibles. Y todo a costa de su salud, por supuesto.

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Tumbas sorprendentes

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Esta es la maravillosa tumba familiar del inventor Charles Pigeon. Pigeon mandó construirla para que albergase ni más ni menos que a 18 miembros de la familia.
Muestra una escena cotidiana tallada en granito y bronce, con el inventor tumbándose en la cama y leyéndole a su esposa las últimas anotaciones que ha escrito en el diario donde anotaba sus ideas y que acostumbraba a compartir con ella. 
Puede admirarse en el Cementerio de Montparnasse (París).