Los hombres del armario

 

Nos mudamos a esta casa cuando nació mi segunda hija. Los niños, pequeños, aún duermen juntos pues se encuentran muy a gusto en compañía, sobre todo el mayor, que tiene la cualidad de velar por la pequeña, mimándola y…  cerrando todas las noches el armario que linda con su cama.

Me resultaría divertida su costumbre si no llega a ser por lo que sucedió ayer por la noche, incidente que me ha llevado a escribir este relato.

Desde que nos trasladamos, mi niño jugaba en la habitación, pero pronto no quiso estar allí solo porque decía que había un hombre malo en el armario. Yo lo achaqué a chiquilladas, a miedos infantiles que se disiparían con el tiempo, pero no fue así. Mi hijo tenía pavor al hombre malo, un señor que le decía que se metiese con él en el armario, que si no lo hacía se llevaría a su hermanita. Nos lo contaba llorando como un alma en pena. Mi marido y yo no sabíamos qué hacer para calmarlo, hasta que decidimos trasladar el armario y así se lo comunicamos. Pero no hizo falta.  Mi pequeño, muy excitado, nos contó al día siguiente que un señor bueno había echado al hombre malo, y que el señor bueno sabía juegos muy divertidos, que quería seguir teniendo el armario en la habitación.

Menos mal, fue un alivio para nosotros. A partir de ese instante, todo fue como la seda. Hasta ayer. Y no es que sea nada malo, al contrario, pero estas cosas siempre intimidan, entendedme.

Recuperé uno de mis muchos álbumes de hace años y puse a mi hijo en el regazo. Pasamos unas cuantas láminas y entonces gritó: ¡¡el señor bueno, el señor bueno!! ¡¡este es el señor bueno de mi armario!!

–          Cariño -acerté a decir camuflando las lágrimas-  este es tu abuelo. Es mi papá. Mi padre, que se fue a una estrella sin llegar a conocerte.

Por la Dama de la Luna.

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46 Respuestas a “Los hombres del armario

      • Eeeh,que la primera parte es muy siniestra… XD Vale,la próxima que escriba será terrible!

      • Últimamente Faty estás como para ponerte muchos corazoncitos!! pero en el fondo te gustan que yo lo sé. Muchos besos y muchos corazones desde la biblio!!! Esperamos ansiosas tu regreso. Muakka

      • Pesadillas, tú no sólo quieres verme,tú lo que esperas es que lleve tarta de chocolate,que sé que te pirraaa… tengo muchas ganas de veros, meiguitas 🙂

      • Siii CHOCOLATE!!!! Soy una vampiresa que sólo se alimenta de chocolate!!! ya falta menos 🙂 Muakka

    • Gracias,mis vampis ^_^ Sí,la he escrito yo (lo que os conté del tipo con sombrero me inspiró).Uf,tengo bastante tiempo libre para inventar trasnadas…

      • ¡Qué suerte! Yo estoy de tiempo con el agua al cuello…. ¡Pero el poco que tengo os lo dedico a vosotros! 🙂

      • Y no sabes cuánto te lo agradecemos,Iagus 🙂 Animo,que se acerca el veranito.

  1. “…Cuando, de pronto, unos labios tan pálidos que eran casi imperceptibles, me despertaron de mi letargo. Pero de ellos, oh, de ellos sobresalían unos dientes sobrenaturales, un capricho en contra del Universo, mil veces más blancos que los rayos de la Luna, que parecían quemarme la faz. Entonces, ese agudo dolor en el cuello, y… Y todo tal y como lo conocía, así, en un segundo, se desvaneció”.
    Iago

A los Corazones Nocturnos:

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